Sensaciones y sentimientos

Información General 12 de mayo de 2018 Por
Campanópolis: qué es y qué no es
¿Qué les sugiere, atentos lectores, la palabra “Campanópolis”?
¿Una fábrica de campanas? ¿Un emprendimiento en la ciudad bonaerense llamada así? ¿El instrumento de que se vale la conocida “Orquesta de Campanas”? ¿El nombre de una quinta del famoso basquetbolista? De verdad, todas estas posibilidades y sus derivadas pueden ser válidas y lógicas, aunque no den con precisión la idea de lo que aquí hablaremos.
En un predio ubicado en González Catán (Buenos Aires) un empresario construyó una personalísima aldea de ficción, con un realismo tal que hasta podría ser habitada, y que produce un notable impacto visual. Quienes la visitan no solo no la olvidan, sino que desean volver para apreciar con más tiempo disponible sus sorprendentes detalles y la rara y acertada idea estética de su concepción y realización.
Iglesias, pasillos oscuros con salidas muy luminosas -dando la sensación de breves túneles- torres circulares o cuadradas, casitas como las de los bosques de cuentos tradicionales, un recorrido de vías de diez metros sin trenes, puertas solas sin marco sobre espacios libres (¿para acceder a la máxima apertura espiritual?), y vitrales altísimos con colores impactantes en galerías oscuras; todo sorprende sin dar descanso a quienes recorren la supuesta aldea, donde triunfan y lucen espacios y estructuras asimétricas, determinados por un criterio ecléctico en la elección y colocación de los materiales que, a modo de ladrillos, constituyen trozos de hierro y madera tomados aisladamente, dando una idea básica determinada y al mismo tiempo abierta a ilimitadas posibilidades.
Antonio Campana, nacido en 1933, fue un empresario de mucho éxito que partió prácticamente “de la nada” que significa vivir sólo de oficios básicos. Cuando lo alcanzaron los 50 años de edad, le fue diagnosticado cáncer con el limitante pronóstico de que solo viviría cinco años más.
Volvamos a lo que Campanópolis es -y no es- al mismo tiempo. Se trata de un ámbito que puede entenderse en principio como de inspiración medieval, pero que está concebido con un criterio absolutamente libre. Su creador desechó toda idea básica de arquitectura convencional, y lo hizo todo a su propio modelo de inspiración para crear, más que otra cosa, climas. No define épocas, solo crea sensaciones profundas sin la limitación caprichosa de conceptos ortodoxos o temporales.
Habiéndose enterado Campana del contundente diagnóstico, se desprendió de sus empresas y dedicó los siguientes años a partir de sus cincuenta a construir ese lugar distinto. Derribó inexorables fronteras de salud: de los cinco años rotundamente pronosticados, vivió veinticinco; sus deseos de vivir y crear fueron el motor de semejante sobrevida.
Antonio Campana falleció en 2008. Desde hace tres años sus hijos concretaron la feliz iniciativa de abrir a las visitas públicas ese impredecible predio que espera, invita, y merece ser recorrido en su amplio espacio, habitado por una estética que desafía la imaginación y por una espiritualidad sin fronteras.
Campanópolis es un canto a la luz y a la apertura en todas sus formas. Emociona, impacta visualmente, supera los moldes de la creatividad humana y las ideas preconcebidas de hasta dónde se debe llegar. Abriendo un camino de nuevas sugerencias, está poblado de múltiples cúpulas finas y punzantes en forma de cruz que se introducen en el profundamente libre cielo.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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