El ajuste tan temido

Editorial 11 de mayo de 2018 Por
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Una decisión del Banco Central de Estados Unidos, cuyo nombre es Reserva Federal aunque popularmente se la conoce como Fed, fue la llama que encendió la mecha del explosivo que hizo estallar la economía argentina en las últimas dos semanas y cuyas consecuencias aún es prematuro dimensionar, aunque lo que se puede observar no es bueno. La aparente calma que mantenía el Gobierno a pesar de los fuertes reclamos de la sociedad civil por los tarifazos de los servicios públicos y el malestar ante la persistencia de la inflación más allá de las metas que no se pueden cumplir, no pudo soportar la escalada del dólar y la devaluación del peso. 
Tan complejo como simple, la Fed subió las tasas de interés y los inversores internacionales, léase fondos especulativos que van de país en país buscando alta rentabilidad, optaron por dejar las Lebac (Letras del Banco Central) en pesos de una Argentina con problemas económicos y apostar a la tranquilidad de los bonos del Tesoro norteamericano. Estados Unidos, sin riesgo, resolvió elevar su tasa y volvió más atractiva su plaza, por eso miles de millones de dólares que estaban en la Argentina "volaron" hacia allí tentados por un mejor rendimiento y un bajo riesgo se explicó en clave pedagógica en el sitio minuto1. 
En esta Argentina lejos quedó el año 1991 cuando se implementó la Convertibilidad, que marcó una paridad artificial de 1 a 1 entre ambas monedas, pero paridad al fin, entre el dólar y el peso argentino. Unos 27 años después, el empate parcial se rompió y la relación ahora es de, centavos más centavos menos, de 23 a 1, toda una definición del estado de la economía nacional ¿y popular?.
Cuando los fondos especulativos resolvieron abandonar Argentina y partir rumbo a Wall Street, el centro financiero mundial, presionaron sobre el dólar. Posicionados en Lebac estos fondos cambiaron sus pesos a dólares y ante la mayor demanda fogonearon la demanda de dólares empujando así su cotización hacia arriba, agrega minuto1 al sintetizar las razones del descalabro cambiario con impacto en la economía real. Ante este escenario, el Banco Central resolvió elevar su tasa de referencia para seducir a los fondos a quedarse y permanecer en el país con sus inversiones en pesos, lo que descomprimiría la presión sobre el dólar. Pero en el marco del cuento de la frazada corta que no alcanza para cubrir la cabeza y los pies al mismo tiempo, al subir las tasa de interés se encarece el crédito para las empresas e incluso el financiamiento para el consumo de las personas, lo que afecta el dinamismo de la actividad económica y productiva. Así, poner plata en plazo fijo resulta más rentable que invertir en la empresa. 
Ahora bien, parado sobre arenas movedizas el Gobierno debió volver al Fondo Monetario Internacional para apagar el incendio o al menos darle pelea por extinguirlo, porque tal como están las cosas aún el fuego arde en el mercado cambiario aunque con algo menos de intensidad. 
Los inversores detestan la incertidumbre y una economía argentina que no ofrece garantías y muestra enormes tensiones sociales por los tarifazos, la pérdida del poder adquisitivo del salario y la pobreza no es precisamente un lugar que ofrezca certidumbre. 
El Gobierno insistía con un programa económico con correcciones graduales para reducir el gasto y el déficit de las cuentas públicas. Disminuir el presupuesto destinado a los subsidios de la energía que había dejado el gobierno kirchnerista es una de las tareas centrales, así como achicar el Estado, para evitar tener que pedir plata siempre al mercado para cubrir ese rojo, lo que genera críticas de la oposición por la compulsión del macrismo hacia el endeudamiento. 
Recurrir al FMI significará una mayor auditoría del programa económico y del uso de los dineros públicos. Reducir el déficit es una condición necesaria para mejorar la salud de la economía argentina. La relación entre la Argentina y el FMI arrancó con la firma del primer convenio en 1957, mientras que el último desembolso lo recibió en 2003, dando inicio a un período que terminó en el 2005, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner saldó toda la deuda con el organismo y se alejó definitivamente.
El economista Roberto Cachanosky tuiteó ayer que "si los peronistas salen a apurar con el acuerdo con el FMI, es necesario decirles que entre 1958 y 2003 se firmaron 26 acuerdos con el FMI, 8 de ellos bajo gobiernos peronistas. El 31% de los acuerdos son de ellos". 
Más allá de que pocos pueden resistir un archivo sobre la relación con el organismo crediticio, lo concreto es que el tan mentado gradualismo entrará en una segunda fase de lo más cáustica para ajustar el gasto público. Y cada organismo dependiente del Estado deberá volverse más eficiente en el manejo de las partidas que le llegan. Habrá que ver si el recorte llega al gasto social y si estas medidas no generan mayores tensiones en un país donde, de por sí, la protesta ha hecho carrera. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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