La autocrítica del Papa

Editorial 06 de mayo de 2018 Por
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El papa del fin del mundo, el argentino Francisco, decidió en la última semana revisar su conducta respecto a las denuncias por abusos sexuales que involucran a destacados sacerdotes de la Iglesia de Chile, país al que visitó en enero último sin dar demasiado credibilidad a las víctimas, lo que despertó una ola de indignación y protestas que opacaron la presencia del Sumo Pontífice que en marzo pasado cumplió cinco años al frente del Vaticano. 
Los escándalos en torno a los curas pederastas adquirieron mayor fuerza en la última década de la mano de un "cambio de época" donde las víctimas perdieron el temor a hacer las denuncias en el terreno judicial y a la exposición pública que eso implica. Simplemente, hace muchos años las situaciones de abuso no trascendían fuera de los muros de las iglesias, conventos o seminarios. En cambio, ahora aquella imagen un tanto inmaculada que los pastores de la fe tenían ante la feligresía y la sociedad en general al punto de que cuestionarse su integridad, arrastrando además una caída en la percepción positiva hacia la Iglesia, una institución que no puede evitar la pérdida de confianza. 
De todos modos, el Papa Francisco que con sus 81 años a cuestas está dispuesto a avanzar y revisar tradiciones establecidas en el mismísimo Vaticano no sin encontrar resistencia de los conservadores, ha tenido un gesto que es necesario reconocer respecto a su posición ante los episodios que salpican a la Iglesia chilena. Decidido a reparar sus "graves" errores de apreciación en los casos de abusos sexuales que implican al cura Fernando Karadima y una supuesta red de encubrimiento por parte de la propia institución, se reunió por separado en el Vaticano con las tres víctimas. La imagen de las tres víctimas mientras asistían desde un lugar privilegiado al Ángelus dominical en la plaza de San Pedro, instalados con sus familias en un balcón del palacio apostólico, reflejaba la voluntad del Papa de luchar contra ese fenómeno, que ha causado la mayor crisis de la iglesia chilena.
El Papa había puesto en duda, durante su visita al vecino país, las denuncias contra el cura Fernando Karadima, acusado de abusos sexuales, y en particular contra uno de sus asistentes, lo que generó un enorme malestar. Para Francisco, la 
pedofilia es una espina clavada en su pontificado y uno de los problemas más graves que tiene aún que encarar, sobre todo ahora que será juzgado por primera vez un cardenal, el australiano George Pell, por agresión sexual.
En este marco, en 2011 el Vaticano había condenado al padre Karadima a "una vida de silencio y penitencia", reconociendo su culpabilidad. Pero no lo redujo al estado laical, que es la pena más dura que se aplica en estos casos. 
Además de las víctimas de Karadima, Francisco convocó al Vaticano para mediados de mayo a los obispos y cardenales chilenos, un gesto drástico tras el cual va a tomar "medidas", según adelantó el mismo pontífice en una carta pública. No se excluye que entre las medidas que tome figure la sustitución de varios prelados para abrir una nueva era de la iglesia chilena, consciente del daño causado a la ya deteriorada imagen de la institución en este país latinoamericano.
Por otra parte, el juicio al cardenal Pell, el clérigo de mayor rango que será juzgado por ese crimen y además miembro de la curia, es decir de la administración central de la Iglesia, constituye un duro golpe a la imagen del papado de Francisco. Pell, hasta ahora responsable de la finanzas vaticanas, se proclama en todo momento inocente pero será juzgado en su país por abusos a menores cuando era sacerdote y arzobispo en Melbourne. El purpurado, que dejó Roma a finales de junio de 2017 para defenderse en Australia, pese a tener denuncias desde 2002 por abuso sexual, fue encargado por Francisco para manejar las finanzas de la Santa Sede. Pero ahora debió pagar fianza para salir en libertad en tanto tiene prohibido salir de su país por lo que entregó su pasaporte a las autoridades. 
En la Argentina, en estos días se desarrolla en Paraná el juicio al cura Justo José Ilarraz por casos de abuso y corrupción de menores cometidos cuando se desempeñaba como prefecto de disciplina y guía espiritual en el seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo de la capital entrerriana, entre 1985 y 1993.
Se suma a otro escándalo cercano: en los años noventa monseñor Edgardo Storni, arzobispo de Santa Fe -sucesor de Vicente Zazpe-, fue acusado de abuso sexual. Si bien renunció en 2002, dijo que esa decisión no significaba haber aceptado la culpa. La Iglesia no avanzó mucho más, la Justicia lo condenó recién en 2009 pero dos años después la sentencia fue anulada en segunda instancia aunque no avanzó mucho más considerando que Storni murió en 2012. 





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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