Tras larga sequía en Rafaela y la región

Locales 06 de mayo de 2018 Por
EL CLIMA Y EL CAMPO
FOTO ARCHIVO SEQUIA. Cuando el cielo no quiere llorar, el campo empieza a sufrir.
FOTO ARCHIVO SEQUIA. Cuando el cielo no quiere llorar, el campo empieza a sufrir.
Las últimas noticias dan cuenta de que, en relación con la cosecha de soja de este año, por la sequía el rinde provincial cayó del 35% al 29%, por hectárea en base a datos del Sistema de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Comercio de Santa Fe y del Ministerio de la Producción de la Provincia publicado por el Suplemento Rural de LA OPINION del pasado jueves. Con respecto al maíz presentó síntomas intensivos del estrés hídrico que padeció el cultivo desde su siembra hasta hace 10 días atrás. El bajo desarrollo de las plantas es el índice de la sequía que ha afectado todos los cultivos en los últimos meses. Y si bien ahora llovió con buenos registros durante la última semana, el daño está hecho. 
Desde bastante tiempo atrás los historiadores han dejado registrado en sus escritos los efectos de las sequías que por años han asolado nuestra región. Cronistas y viajeros mencionan los problemas derivados de las sequías. Dice Carrasco: "Muchos vecinos antiguos me han contado que en las épocas pasadas llovía meses, siendo muy común que pasaran dos y aún tres meses sin que una ligera lluvia viniera a refrescar una atmósfera ardiente, aplacando las nubes y el polvo" (1).
A la sequía se refiere William Mac Cann así: "Las cosechas, sin embargo, son muy problemáticas, a causa de las duras sequías que suele sufrir este suelo y también la República. Esta sequía, secas, como la llaman aquí, son, a veces, generales, pero con frecuencia son regionales" (2).
Hasta los poetas dedicaron sus versos a las sequías (3):

“Era horrible aquel año la sequía
Un soplo abrasador
De la tierra argentina calcinaba
La fecunda y magnífica región”


En nuestra zona, precisamente en Bauer y Sigel hubo una tremenda inundación que comenzó en 1914 y se prolongó hasta 1915. En 1916 una espantosa sequía que se prolongó durante 8 o 9 meses asoló la región lo que obligó a un retraimiento de todas las actividades agrícolo-ganaderas (4). Estos fenómenos se repitieron en varios pueblos de la región.
Al parecer es común que a las grandes sequías de largos y duros meses sin una gota de agua, empiecen grandes lluvias cuyos primeros chaparrones recibe la tierra agradecida, hasta que saturada, la sequía se convierte en inundación.
Lo hemos visto muchas veces en nuestra región y estos ciclos que a veces se atribuyen a la corriente de “El Niño” o de “La Niña”, trastornan el trabajo de los agricultores y el campo en el que no se podía sembrar por la sequía, no permite el ingreso de tractores o arados para roturar la tierra que se ha transformado en un lodazal.
El fantasma de la sequía hace que se viva pendiente de los signos que anticipan las posibilidad de lluvia y en el medio hay personas que pronostican con gran exactitud basándose en las actitudes de los animales: la llegada de las hormigas voladoras, el canto de la perdiz pidiendo agua, o el sol poniéndose entre nubes, o el viento continuo después de la puesta del sol, etc… Hay una conocida copla que dice: "Cuando la perdiz canta, nublado viene, no hay mayor señal de agua que cuando llueve".
Hoy aún se sienten los efectos de una larga sequía de varios meses mientras el campo espera confiado en que una lluvia más generosa que los últimos registros traigan la tan ansiada agua para regar la tierra sedienta.


(1) Carrasco, Gabriel. “Descripción geográfica y estadística de la Provincia de Santa Fe- 4ta. Edic. Buenos Aires, Imp.,Lit. y Enc. De Stiller y Laass, 1986.
(2) Mac Cann, William. Viaje a caballo por las provincias argentinas. Buenos Aires, Ferrari, 1839.
(3) Obligado, Rafael. Poesías. 4ta. Edic. Bs. Aires, Espasa-Calpe, 1948.
(4) Aburra, Elvio. Historia de Bauer y Sigel en: Primeras Jornadas de Historia Regional. Rafaela, Centro de estudios e Investigaciones Históricas, 1988. Pág. 16.

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