Sensaciones y sentimientos

Sociales 05 de mayo de 2018 Por
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NO MIRAR PARA VER BIEN

La propuesta se llama “Ojos que no ven” y, curiosamente, constituye una especie de contradicción mediática porque es un programa de televisión y por lo tanto hace que la mirada sea imprescindible. Cosas de los humanos, a quienes nos gustan -nos atrapan- todas las cuestiones que implican resolver nuevos planteos.
Se trata de un programa donde un hombre o una mujer convocan a alguien del sexo opuesto para declararle su amor. Al “invitado” le vendan los ojos y, con esta carencia, tiene que decidir si desea concretar la relación amorosa que se le pide. Colaboran en la tarea de que logre la relación la conductora cómplice del programa, junto a un psicólogo y demás especialistas de áreas al caso.
Existen dos variantes; una, cuando una mujer se presenta sola y elige entre cuatro hombres al posible amor, y también la situación inversa (un hombre elige entre cuatro mujeres). En los dos casos se van eliminando proponentes hasta que quedan solo pretendido(a) y pretendiente.
El programa está conducido en modo románticamente entretenido, sin caer en las frivolidades propias de nuestra televisión (¿por qué decir “nuestra” si nosotros la preferimos mejor?) y organizado al modo de una serie unitaria o de una telenovela con principio y final el mismo día. Lleva gentilmente al telespectador hasta el momento final en que, quitada la venda en los ojos que ha tenido durante el transcurso de todo el programa, deberá resolver si acepta la propuesta amorosa, expresando con un beso en la boca al proponente el sí, y en una mejilla si lo rechaza.
Ese beso es el último minuto del programa, y termina el suspenso para quienes lo miraron (que no son solo mujeres, como puede prejuiciosamente suponerse). La mayoría de las veces la pareja concreta el final feliz mediante un beso de amor en un encuentro corporal físicamente estrecho y profundamente emotivo, conmoviendo igualmente a quienes se ve en la pantalla o están instalados cómodamente -aunque sufriendo- en su domicilio.
Y llega la pregunta obligada: ¿es necesario llegar al extremo de hacer una declaración de amor en un acto visto por millones de personas? Si por lo general los dos ya se conocen y se han tratado varias veces en un mismo ámbito, ¿por qué les quedaron dudas del ansiado sí?, ¿no tuvieron suficientes señales o, si las hubo, no las supieron decodificar? Es que se da por descontado entonces que con tanto “público” en vivo y en el mismo instante, quien recibirá la propuesta se verá presionado a aceptar. Y allí está la preocupante cuestión principal.
¿Es falta de seguridad? ¿es la imagen ficticia y la distancia que con tanto empeño imponemos a los demás lo que provoca que hayamos perdido la espontaneidad?, y lo peor ¿estamos tan solos al punto de no saber si somos sinceros ni siquiera con nosotros mismos?
“Ojos que no ven” crea en los espectadores una especie de realidad-ficción: ellos no pueden evitar imaginarse en situaciones similares, y por eso anímicamente (o en forma explícita y en voz alta a veces) apoyan la aceptación o lo contrario, según su modo de ver y sus profundos rasgos de personalidad.
Pero además plantea implícitamente otra difícil cuestión.
Como muchas veces quienes rechazan son hombres, y esa falta de aceptación “no queda bien vista” por amplios sectores de audiencia, surge la pregunta: el derecho de elegir ¿es sólo para las mujeres?
Hugo Borgna - Sandra Cervellini
Especial para “LA OPINIÓN” de Rafaela





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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