Sensaciones y sentimientos

Información General 11 de marzo de 2018 Por
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UN BUEN CIRUJA
“Como con bronca y junando” es una expresión que durante décadas habitó el decir ciudadano de todos los días. Y con razón.
“El ciruja”, nacido en 1926, es uno de los más emblemáticos tangos de la historia, y también de los más representativos de la lírica orillera. En él nuestro lunfardo brilla esplendoroso, significativamente irónico, rico y preciso, dramático hasta el límite cuando desgrana bellamente historias de personajes cotidianos aparentemente sin vuelo. Su música fue escrita por Ernesto de la Cruz y las palabras surgieron de la inspirada síntesis de Alfredo Marino.
¿Quién es el ciruja? Es el que ejerce el tan conocido oficio de recolector de materiales desechados y el personaje protagonista de una sensible historia de vida que se percibe y se canta con todo sentimiento y asimilada a una filosofía fuerte de barrio intenso.
Comienza describiendo la acción: “Como con bronca y junando / de rabo de ojo a un costado / sus pasos han caminado / derecho p’al arrabal. /Lo lleva el presentimiento / de que en aquel potrerito / no existe ya el bulincito / que fuera su único ideal”, y a continuación viene el relato de los hechos causales propiamente dichos “Recordaba aquellas horas de garufa / cuando minga de laburo se pasaba / meta punguia al codillo escolaseaba / y en los burros se ligaba un metejón. / “Cuando no era tan junado por los tiras / la lanceaba sin tener el manyamiento /una mina le solfeaba todo el vento / y jugó con su pasión”.
Necesita describir el origen y características de la mina y lo hace así: “Era un mosaico diquero / que yugaba de quemera / hija de una curandera / mechera de profesión /pero vivía engrupida / de un cafiolo vidalita / y le pasaba la guita / que le shacaba al matón.
Hasta aquí los hechos que provocaron el final de esta historia de oscuros personajes y algún sentimiento puro cada tanto; se percibe que se viene un final con todo y el autor de la letra lo cumple -y con creces-, en una muestra admirable de síntesis literaria contando solo tangencialmente los elementos dramáticos y trágicos.
“Frente a frente dando muestras de coraje / los dos guapos se trenzaron en el bajo / y el ciruja que era listo para el tajo /al cafiolo le cobró caro su amor”.
Pero la historia no termina allí. ¿Qué fue del ciruja, vencedor en el duelo? El autor de la letra también lo dice, clara y sensiblemente: “Hoy ya libre’e la gayola y sin la mina /campaneando un cacho ‘e sol en la vedera / piensa un rato en el amor de su quemera / y solloza en su dolor”
No podremos saber si situaciones así fueron cotidianas, ni si esta historia concreta ocurrió. O tal vez sí: la vida con pasión siempre duele y la sensación triste de que las cosas pudieron haber sido de otra manera se hace más vigente a medida de que pasa el tiempo. Además, eran momentos de valor y cuchillo, como le gustaba decir a Borges y cantaba con tanto sentimiento Edmundo Rivero, y las dos crónicas (la escrita y la de la leyenda) refrendan la veracidad de esas vivencias duramente aderezadas de vida y muerte y destinos firmemente establecidos.
A todo esto, lo que queda intemporal es la imagen del hombre común sin brillo social, el ciruja que ve el transcurrir la vida desde abajo y que, por experimentar que su futuro más lejano es hoy, tal vez lleve los sentires más bajo la piel que los demás y es en sí mismo fiel materia del difícil arte de vivir.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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