La Abadía benedictina celebra 40 años de servicio diocesano

Información General 05 de marzo de 2018 Por
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El monasterio "Nuestra Señora de la Esperanza" fue fundado el 5 de marzo de 1978, IV domingo de cuaresma, por la Abadía Benedictina de Santa Escolástica (Victoria, Buenos Aires), de la diócesis de San Isidro. Forma parte de la Congregación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur, cuyo abad presidente es el padre Mamerto Menapace.
Al ser nombrado obispo Jorge Casaretto (3º obispo de Rafaela, oriundo de San Isidro), en 1977, pidió a la Abadía de Santa Escolástica una fundación, lo cual quedó expresado en el decreto de fundación: “Vista la sabia recomendación conciliar que insta a todos los miembros de la Iglesia a conservar fielmente y hacer brillar cada día más el espíritu genuino de la venerable institución de la vida monástica en la Iglesia (cf. PC 9) y considerando la disponibilidad de las monjas del Monasterio de Santa Escolástica en Victoria para realizar una fundación en la diócesis de Rafaela…erijo canónicamente el Monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza de monjas benedictinas perteneciente a la Congregación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur (...) Declaro también que es propósito de la Iglesia de Dios en Rafaela ayudarlas a vivir el espíritu benedictino reconociendo los bienes espirituales que se seguirán de esta fundación de monjas que declaran querer ser en la Diócesis 'los labios que cantan en nombre de todas las creaturas la oración de la Iglesia, el corazón que medita en silencio la Palabra de Dios y las manos que trabajan para ganarse el pan y ayudar a los más necesitados'".
El monasterio, puesto bajo la protección de la Santísima Virgen María, celebra su fiesta patronal el 31 de mayo, fiesta de la visitación de María a su prima Isabel, que está embarazada de quien será el precursor del Señor, Juan Bautista.
Casaretto dijo el día de la fundación frente a los numerosos fieles que acompañaron la celebración, además de los obispos, sacerdotes y religiosos de varios puntos del país: “Esta tarde la Iglesia diocesana adquiere una dimensión que no tenía, y por la gracia de Dios ha podido llegar a tener. Un monasterio es el lugar del contacto asiduo con el Señor. Aquí la Diócesis descansa, reza, alimenta su esperanza en la venida del Señor”.
El grupo fundacional de hermanas fue de 9 monjas, estuvo integrado por la Madre María Luisa Storni (priora) natural de Buenos Aires, Hna. Ana María Santángelo (vice priora, que regresó a la Abadía de Santa Escolástica en 1983), Hna. Lucia Calderón (Buenos Aires), Hna. Agustina Ozuna (Rosario), Hna. Juana Evangelista Ferro (Victoria, Entre Ríos, regresó a la Abadía de Santa Escolástica), Hna. María Francisca Leva (Concordia, Entre Ríos), Hna. Lydia Hernández (Mendoza), Hna. María Sofía Bledel (Buenos Aires), Hna. Bernarda Bianchi di Cárcano (Buenos Aires).
Esta casa puso sus raíces en un terreno de la Diócesis, donado por el matrimonio de Anita y Raimundo Arnoldt, está ubicado sobre la ruta 34 al norte de nuestra ciudad. Con el correr del tiempo el monasterio se fue construyendo poco a poco en base a donaciones de instituciones y personas con corazones generosos, del país y del extranjero. "En 2004 tuvimos la alegría de celebrar la dedicación de nuestra Iglesia Abacial (después de más de 10 años de laboriosa construcción), en el predio donado por la familia Mettenleiter y luego se pudo aumentar la capacidad habitacional de la casa de retiros y hacer algunas remodelaciones por iniciativa del obispo Carlos Franzini", destacan a LA OPINION.
La comunidad monástica celebra diariamente la eucaristía y la liturgia de las horas, estas son públicas y abiertas al pueblo de Dios. De acuerdo con la tradición benedictina, esta es una fuente de espiritualidad genuina tanto como un medio de ordenar su vida. Cada vez que la comunidad se congrega para rezar las horas “representa de manera especial a la Iglesia orante... que incesantemente alaba al Señor”.
También la comunidad presta su servicio a la Diócesis, atendiendo la casa de retiros y realizando diferentes trabajos como la fabricación de hostias, confección de ornamentos litúrgicos, realización de artesanías (cuadros religiosos, repujados en metal, pesebres y otras imágenes en yeso), porque como dice el padre San Benito: “serán verdaderamente monjes si viven del trabajo de sus manos”.
Actualmente la comunidad está compuesta por 11 hermanas de votos solemnes, 1 hermana de votos temporales y 1 novicia, siendo abadesa María Teresa Ferrari.
En su cementerio descansan los restos de las hermanas que las han precedido a la casa del Padre: Hna. Bernarda (+1993), Hna. Lucía (+2000), Hna. María Norma Colsani (la primera vocación rafaelina, +2004), Hna. María Sofía (+2006), madre abadesa María Luisa Storni (la priora fundadora +2017). "Ellas nos han edificado en vida, con su entrega generosa al Señor y a sus hermanas".
* Hna. Bernarda: muy estudiosa de la santa regla, dio cursos a numerosas comunidades benedictinas y cistercienses dentro y fuera del país; contagiaba su entusiasmo y amor por la vida monástica; se destacaba también por su servicio en los trabajos sencillos y necesarios para el bien de la Comunidad.
* Hna. Lucía: siempre pronta a la reconciliación: como dice el Señor y San Benito, no se iba a dormir sin pedir perdón; trabajadora infatigable, mantenía el cuidado del parque-jardín; elaboraba hostias y se desempeñaba ingeniosamente en la cocina.
* Hna. María Norma Colsani: ingresó a los 50 años de edad, esto no le impidió “gastarse” por la comunidad como mayordoma durante 20 años, haciendo las compras en Rafaela y sirviendo como chofer a las hnas. que debían trasladarse por consultas médicas u otros quehaceres. Durante los primeros años del monasterio fue el nexo entre la comunidad y la gente de Rafaela, con quien estaba relacionada, tanto ella como su familia.
* Hna. María Sofía: transmitió su devoción por la Virgen, por los santos de cada día, contándonos anécdotas con las que animaba nuestros recreos. A pesar de su dificultad para ver releía sus apuntes con los que alimentaba su espíritu y también brindó sus servicios confeccionando la ropa para las hermanas. En sus últimos años sobrellevó sus dolencias con gran paciencia ofreciéndose especialmente por la salvación de las almas.
* Madre María Luisa: desempeñó con alegría su servicio al frente de la comunidad, con su buen humor irlandés (heredado de su familia materna) desdramatizaba las situaciones difíciles; trabajó incansablemente para hacer de esta comunidad un lugar acogedor, donde todas se sintieran a gusto y corresponsables de una comunidad que “quiere ser nueva”, signo y profecía de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y de la vida eterna.
Actualmente viven tres de las fundadoras:
* Hna. Agustina: al principio era la sacristana; trabajó en el taller de ornamentos; durante mucho tiempo fue hospedera, donde manifestó una gracia especial del Señor para comunicarse con las personas con sencillez y diligencia; también tuvo su turno de cocina y en la actualidad es ayudante en el taller de arte.
* Hna. María Francisca: siempre fiel al oficio divino, aún a sus 90 años, y al rezo del santo rosario. Se desempeñó como cocinera, tenía una pequeña huerta; trabajó en el jardín; en el taller de hostias y durante mucho tiempo fue la enfermera de la comunidad. En la actualidad continúa en el taller de arte, realizando pesebres, figuras de yeso y bendiciones de la casa. Es proverbial su bonhomía y su contribución a la paz.
* Hna. Lydia: se desempeñó muchos años como maestra de ceremonias, cocinera, hospedera y taller de ropería. Ahora con limitaciones físicas continúa aportando desde la oración y su entrega silenciosa para el bien de la comunidad y nuestra Iglesia.
"Queremos agradecer a los sacerdotes de nuestra Diócesis, particularmente a los que han sido nuestros capellanes en distintos momentos, pues nunca nos faltó la eucaristía. También por la atención espiritual, la administración de los sacramentos de la reconciliación y la unción de los enfermos, siendo una gran riqueza para nosotras, porque nos ha permitido además, conocer la vida de las parroquias de la diócesis. Un sincero agradecimiento a los obispos que se han sucedido en estos años y que nos han acompañado con afecto paternal: Jorge Casaretto, Héctor Romero, Carlos Franzini y Luis Fernández", agregan.
Del mismo modo, "manifestamos nuestro agradecimiento a los consagrados, a nuestros oblatos, a los movimientos diocesanos, amigos, vecinos, bienhechores, familiares y personas que frecuentan esta casa de Dios, que de tantos modos nos manifiestan su cercanía y amistad".

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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