Señorita Norma

Información General 05 de marzo de 2018 Por
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La vida no deja de ser un egoísmo sin límites ni paciencia. Hace un par de días partió la maestra Norma Rivero de Depetris. Con la humildad de su vida a cuestas, con la vocación puesta al servicio de lo que amaba, su existencia se apagó en una edad en que aun tenía mucho para dar.
En la mañana de este viernes, cuando me dirigía a una radio para comentar mi último trabajo literario, me encontré con la maestra Mirtha Ruben. Activa, con la fuerza de siempre y demostrando que siempre se es maestro. Feliz porque le obsequié un ejemplar.
Coincidencias de las cosas. Mirtha fue quien me enseñó a leer y escribir antes de ir a la escuela (en la querida Manuel Belgrano no había preescolar por esos tiempos). Norma quiso enseñarme a dibujar y pintar. En este rubro he sido un notorio burro confeso, pero me ayudaba a mejorar mi letra (que por esa época se calificaba al igual que la lectura). Ambas le dieron vida a mis pequeños seis años. Como a tantos otros que no tienen la posibilidad de expresarlo.
Con ambas tengo una deuda de gratitud. Suelo afirmar, sin temores, que los maestros nunca parten, solo se van a enseñar a otra parte, de blanco guardapolvo y tiza en mano, como corresponde. Como Norma, que empezó a los 17 años siendo directora organizadora de una escuela, que dedicó sus horas a lo que amaba.
A ella le dejo una lágrima. A Mirtha, mi cariño. Como dice el grandioso Luis Landriscina en su poema “Maestra de campo”: “…y fue a buscar el amor de aquel puñado de niños que hace mucho la esperaba…”.



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