Drogas y educación

Notas de Opinión 27 de febrero de 2018 Por
El primer lugar para enfrentar a las drogas es la familia. Pero la escuela debe ejercer un rol importantísimo con el foco en el sistema de valores, como la solidaridad, el trabajo y la educación para luego abordar la problemática de las adicciones.
"El que tiene un por qué para vivir puede afrontar cualquier cómo". (F. Nietszche)

Campañas en contra del consumo de drogas inundan nuestra sociedad y loables y desesperados esfuerzos de instituciones públicas y privadas parecen no ser suficientes para atacar el problema. La inclusión del tema en los contenidos curriculares de la educación demuestran su gravedad.
La temprana edad que las estadísticas demuestran en que se llega a las adicciones, nos alarma. Quizás ello ocurra porque décadas atrás veíamos a esta problemática como patrimonio de los países estandarizados, lejos de nuestra cultura y aún de nuestras posibilidades económicas.
Hoy ya nadie duda que no es así, no se necesita tener mucho dinero para acceder a ellas.
Los esfuerzos para prevenir este flagelo generalmente se centran explicando los deterioros que causa en el organismo y la psiquis del consumidor y en las relaciones del consumidor con el grupo familiar que aislado y no contenido busca “refugio” en la droga.
Pero creo que nos olvidamos, de un factor a mi juicio tan importante como los otros: la necesidad de una enseñanza fundada en valores.
Una sociedad que destaca el éxito sobre el trabajo, el mayor beneficio con el mínimo esfuerzo, el desprecio de la vida desconociéndosela desde la concepción o alentando la eutanasia, el triunfo a través del dinero, el endiosamiento del aspecto físico, (a lo que se puede agregar mucho más), va creando una cultura fundada en una escala de valores totalmente tergiversada.
Ahora, dentro de este panorama tan pesimista estamos convencidos que mucho es lo que se puede hacer al respecto y el aula en todos los niveles es un campo efectivo. El tema de las drogas no debe tratarse en una institución educativa sólo cuando surja el problema.
“En efecto, la escuela no puede desentenderse del problema de las drogas, por que se encuentra inmersa en una sociedad que usa droga, y porque la edad escolar es hoy día también el comienzo en dicho uso” (Martos, Alicia Rodríguez. Manual Preventivo contra la drogadicción. Editorial Mitre, pág. 96).
No hace falta recordar que el primer lugar para enfrentar a las drogas es la familia. Pero es real que por incapacidad o limitaciones de otro tipo no es suficiente. El antropólogo social Bronislaw Malinowski ya señalaba hace casi cincuenta años la crisis. Decía que el clásico esquema de padre y madre viviendo con hijos y casa propia, con estabilidad emotiva, era la excepción.
Es entonces cuando la escuela debe ejercer un rol importantísimo. Es allí en donde se debe ir analizando la problemática en sus diversos aspectos, como así también sus connotaciones históricas hasta biológicas y sociales.
Las investigaciones realizadas demuestran la inutilidad (o el efecto contraprudente) de las “conferencias magistrales” sobre droga. (vid informe Organización Mundial de la Salud 1972).
El tema no es individual de un maestro o profesor, el claustro debe reunirse y manifestarse al respecto. Toda la comunidad educativa debe hacerlo.
Pero antes de hablar específicamente de la droga, la escuela debe hacer conocer al alumno el verdadero alcance de su libertad. Para eso, educar fomentando la solidaridad sobre la cultura del “sálvese quien pueda”, el valor del trabajo sobre el exitismo del dinero, pero por sobre todo una educación que no pregone en la praxis un ateísmo práctico o en su caso la ausencia de la solidaridad como proyecto ideológico o político.
Como en cualquier ámbito de la vida, en educación no se puede enseñar, aprender, investigar y hacer prescindiendo de la trascendencia (Dios o una filosofía de amor al prójimos) o actuar como si nada existiera por encima del proyecto individual.
Sólo así se encontrará un camino de verdadera esperanza que no se trunca por los desencantos del materialismo y el consumismo y de esa manera el joven hallará “el por qué” del epígrafe, para poder así afrontar “los cómo”.

(*) El autor es abogado. Especialista en Docencia Universitaria. Lic. en Gestión Educativa. Profesor Universitario. Becario Escuela Judicial Española y de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Publicado en el portal http://rafaelainforma.com



Te puede interesar