El 2 de Abril a merced de las disputas narcos

Locales 15 de febrero de 2018 Por
Las balaceras se suceden durante todo el día y los vecinos deben vivir encerrados en sus casas. La mayoría de los delincuentes están identificados. También hay guerra por el precio de la droga que se distribuye.
Rosario y Santa Fe son las ciudades que cuentan con mayor cantidad de homicidios en la provincia, incluso la primera de ellas tiene este año un índice realmente alarmante, anticipando que la caída que venía registrándose año tras año (250 muertos en 2014, 221 en 2015, 180 en 2016 y 156 en 2017), puede verse abruptamente interrumpida, contradiciendo las estadísticas del ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro, como así también sus sorprendentes dichos que en los meses de diciembre, enero y febrero se incrementan esta clase de episodios violentos con el costo de vidas. La capital de la provincia también está andando por una situación similar, cada una de acuerdo a la relación de homicidios con los habitantes que cuenta.
En Rafaela debemos evitar comenzar a andar por ese camino, que ahora estamos transitando, ya que en sólo este breve lapso se registraron dos muertes violentas. La droga es la generadora de esta clase de episodios, provocando disputas que casi siempre están enmarcadas con balaceras que no sólo resultan fatales para algunos de sus protagonistas, sino especialmente para los vecinos que deben estar sometidos a esta clase de hechos que ponen en riesgo la vida de todos quienes habitan en esos sectores donde se producen los enfrentamientos a balazo limpio.
Si bien esas balaceras han venido siendo denunciadas desde distintos puntos cardinales de la zona urbana, especialmente en barrios del sector norte -donde hubo la primera víctima en enero-, ahora parecen haberse centralizado en el barrio 2 de Abril, donde la semana pasada fue muerto de un disparo en la cabeza un joven de 16 años. 
Los vecinos están aterrados, fue suficiente escuchar algunos testimonios que tomó en el lugar el periodista Adrián Bergesse para Cablevisión, para de tal manera tener una cabal dimensión de lo que se está viviendo en todo ese sector de la ciudad. Es que hasta tiempo atrás las balaceras solían escucharse bien entrada la noche o en las madrugadas, pero ahora se producen a cualquier hora del día; los mismos vecinos entrevistados mostrando los plomos que se incrustraron en alguna pared o casquillos que quedaron en el piso luego de alguna de estas refriegas.
La gente tiene temor, y está más que justificado -incluso se arriesgaron a decir muchas cosas enfrentando las cámaras de TV, lo que no es poco dadas las circunstancias-, se encierran en sus viviendas y ni siquiera así se sienten seguros. Los chicos no pueden salir a la calle y para llevarlos a la escuela se deben tomar una serie de precauciones. El mismo peligro lo afrontan quienes van y vienen de sus trabajos.
No hubo reclamos intensos contra la Policía, la GUR y la Gendarmería, pues patrullan la zona, se hacen inmediatamente presentes cuando se requiere su presencia, pero por cierto no alcanza. En cambio hubo expresiones terminantes contra la Justicia, y también se amplió sobre la necesidad de modificar las leyes si las mismas no dan la posibilidad de tomar las medidas necesarias. "Como son menores en la mayoría de los casos, rápidamente recobran la libertad", fue una de las afirmaciones.
Otro de los dichos de una mujer -madre de varios hijos, que se declaró espantada-, fue realmente sorprendente. Es que dijo que en el barrio se sabía del incendio que iban a provocar en una vivienda, donde moraba una persona del grupo presuntamente agresor del chico fallecido, lo cual realmente se produjo al día siguiente del fatal episodio.

CONOCIDOS
La mayoría de los integrantes de las dos bandas en pugna -aunque no todos los califican de esa manera, sino simplemente de grupitos que hay se enfrentan entre si y mañana pueden hacerlo con quienes fueron sus mismos compinches de andanzas-, son muy conocidos y según se dejó trascender están identificados. Los conocen en el barrio, los conocen las autoridades, pero sin embargo todo sigue igual, incluso cada vez empeorando más la violencia de los enfrentamientos a puro balazo.

LA DROGA
Tanto sucede en Rosario, en Santa Fe, como aquí en Rafaela, la droga es el elemento sobre el cual se centralizan estos violentos enfrentamientos. Cuestiones de territorios, de distribución, de celos, son algunos de los factores, aunque en esta ocasión reciente también habría sido de precios. Es decir, que uno de los grupos vende más barato que el otro, por lo cual le quita clientes, lo que se dirime a disparos.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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