La Historia de Cabaña El Cisne

Información General 12/02/2018 Por
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FOTO ARCHIVO// CARLOS BOERO./ El iniciador de la cabaña que se proyectó más allá de las fronteras sunchalenses.
FOTO ARCHIVO// CARLOS BOERO./ El iniciador de la cabaña que se proyectó más allá de las fronteras sunchalenses.
Todo comienza en un pueblo del departamento Las Colonias aquí en nuestra provincia, colonizado por suizos alemanes y en menor medida por franceses: San Carlos Centro. Allí nació el 14 de febrero de 1874, don Carlos P. Boero quien fue el creador e impulsor de Cabaña” El Cisne”, territorialmente ubicada a unos diez kilómetros al sur de la planta urbana de Sunchales.
Llega a nuestra ciudad, a raíz de haber adquirido un molino harinero en sociedad con un alemán cuyos datos identificatorios se los llevó el tiempo. Lo cierto es que con posterioridad, esta persona toma la decisión de retornar a su tierra y le vende a Boero su cuota parte.
Con las utilidades que le da la actividad molinera, nuestro personaje va adquiriendo parcelas rurales colindantes, hasta llegar en su cénit a un conjunto de unas 7.000 hectáreas. Catastralmente a esa zona, según figura en escrituras de la época, se la conocía como Colonia Terrosa y Mendieta y el límite sur de la estancia lo constituía la Colonia Egusquiza.
En forma concomitante con su expansión territorial, Don Carlos va pergeñando una cabaña dedicada al mejoramiento de dos razas: una bovina, la Shortorn y la otra ovina denominada Hampshire Down .
Hacia 1910, me narra Juan Mac Call, su nieto residente en Rafaela, la cabaña se encontraba en funcionamiento y hasta 1950 fueron los años de apogeo del establecimiento. Afianzada y en pleno desarrollo, llegó a ocupar entre 50 a 60 empleados lo que llegó a constituir por aquel entonces en el mayor contratista laboral de la zona, superando en ese aspecto, incluso a la incipiente Fábrica de Manteca SanCor (1938).
La cabaña fue adquiriendo prestigio y predicamento sostenido, fundamentalmente por la eficiencia, dedicación y conocimiento del cabañero en lo que él desarrollaba.
Sus productos exponían no solo en las principales muestras rurales de la zona, léase Sunchales, Palacios, San Cristóbal, Rafaela y Santa Fe, sino en otras a nivel nacional como Rosario y Palermo. En esta última, logró en dos oportunidades el primer premio para toros de la raza Shortorn. Mac Call exhibe con indisimulado orgullo algunos de los trofeos obtenidos por la cabaña. La cantidad de lauros logrados en esas muestras es realmente importante, demostrando su responsable, empeño y dedicación en el mejoramiento de la genética. Un ejemplo de ello, es la importación desde Inglaterra (sin datos de fecha) de un reproductor ovino de la raza Hampshire .
Boero fue reconocido a nivel nacional por sus conocimientos en la raza Shorthorn, siendo convocado permanentemente como jurado en distintas exposiciones. Un ejemplo de ello lo constituía la muestra de Tandil a la que concurría todos los años y donde competían las mejores cabañas de la zona: Santamarina, Pereyra Iraola y Duggan.
Llegó a inscribir a lo largo de su existencia, 10.000 reproductores de pedigree en el registro que a tal fin lleva la Asociación de Criadores de Shorthorn. Este dato evidencia la importancia del establecimiento.
La caballada era de raza anglo normanda, equinos nacidos en la propia cabaña. No nos olvidemos que estos animales eran de suma importancia para las tareas rurales, ya que en aquella época la tracción a sangre era casi exclusiva.
En sus mismas instalaciones se realizaban remates anuales a fin de la venta de sus productos y me muestra mi entrevistado, fotografías que causan asombro por la cantidad de automóviles estacionados pertenecientes a compradores de distintos lugares.
Perduran en lo que constituyó el casco, la amplia casa habitación, la pileta de natación, un galpón de considerables medidas donde se guardaban las herramientas, otro mucho más amplio que albergaba a los reproductores y una amplia ensenada, todo ello ornado por una exuberante fronda.
Me dice Mac Call que es de destacar la labor que desarrollaba don Carlos Villavicencio, a la sazón mayordomo de la estancia durante muchos años, quien preparaba los reproductores lanares para las muestras rurales con real maestría; un verdadero especialista en lograr una adecuada estética para las exposiciones.
A todo esto, Don Carlos ya había vendido su molino harinero a la firma Bunge y Born quien comercializaba sus productos bajo la marca Molinos Río de la Plata
S.A..
La cabaña tenía su escritorio sobre la calle Moreno 280 y sus administradores fueron sucesivamente Américo Ferrero, cuñado de Boero, luego don Alberto Dallaglio y finalmente Raúl Carrillo.
Carlos P. Boero falleció en Buenos Aires el 4 de junio de 1964 y en los últimos años de su vida la empresa fue decreciendo en forma paulatina y una vez ocurrida su muerte, sus familiares, con alguna excepción, fueron desprendiéndose de los activos.
En síntesis apretada, esta es la historia de uno de los establecimientos agropecuarios más importante de la zona de todos los tiempos.

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