Sensaciones y sentimientos

Información General 03 de febrero de 2018 Por
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Sensaciones y sentimientos

PRIVACIDAD TELEFONICA
Buenas tardes, soy …, del banco … ¿estoy hablando con el señor …?
Es común que lleguen en lo mejor de nuestras siestas, generalmente a partir de las 14, voces femeninas que, sin tener la gracia sensual de las sirenas que trataban de encantar a Ulises y su marineros, nos tientan aunque ofreciendo un beneficio más acorde a estos tiempos.
No son máquinas -se advierte en seguida- pero se comportan como voces grabadas. Enuncian las enormes ventajas y el cambio fundamental de vida que tendremos si adherimos a una tarjeta de crédito, a un nuevo seguro o ampliación del que tenemos, a una cuenta corriente, o a un crédito que nos abrirá las puertas de un contemporáneo paraíso, donde en lugar de los necesarios frutos, crecerán de los árboles billetes de todos colores y valores. Decíamos que parecen grabaciones porque emiten su mensaje casi sin permitirnos interrupción, porque solamente ellas parecen tener el secreto de la felicidad por la vía financiera y nosotros no conociéramos ni hubiéramos entrado a un banco.
Puede ocurrir entonces que contestemos que no tenemos interés. Gran error. La promotora en cuestión (alejada definitivamente de la idea de ser Circe, la encantadora de La Odisea), nos reprenderá severamente: no hemos entendido su mensaje y, recargada, empezará nuevamente y con más energía, a enunciar los mismos beneficios que ya había descripto.
Si llegáramos a decirle que está bien, que nos gusta la propuesta y concurriremos a la sucursal local de ese banco para concretarlo, incurriremos en otro error táctico: ella nos dirá que el beneficio y las mejores condiciones serán sólo para lo que “contratemos” por teléfono y en ese mismo acto.
Queda entonces el recurso de decirle claramente “No, gracias” y con suerte algunas veces terminará la conversación. Pero no se ilusione, lector atento de nuestros mensajes semanales: el día siguiente, la misma u otra (u otro promotor), nos despertará nuevamente de la siesta a las 14.
También existen variantes locales. Hay vendedores (as) de bingos o sistemas similares de premios por medio del azar que entran a nuestra casa  por el teléfono y sin permiso. Hay entidades muy respetables, que ayudan a un tipo determinado de carecientes de recursos económicos, que pese a las muy loables intenciones que los motivan, hacen campañas de socios por teléfono, llamando a todos indiscriminadamente y partiendo, en todos los casos, desde el primer abonado con apellido que empieza con “A”.
Igualmente, ocurre que recibimos con frecuencia llamados a nuestro celular de empresas distintas a la que hemos contratado. Y nos preguntamos, si los números de móviles no figuran en ninguna guía, cómo hacen para llamarnos, demostrando que nos conocen, al invocar nuestro nombre.
Debe entenderse que el uso del teléfono, sea fijo o celular, implica entrar a una casa y a una intimidad familiar sin autorización. Debe entenderse que es invasión a la privacidad tanto ingresar a una casa sin permiso, como hacerlo por la vía telefónica. No debe confundir a nadie la facilidad técnica que implica conectarse con sólo marcar un número, y sin que el habitante o titular de la línea lo haya permitido concretamente (o le haya hecho conocer previamente la existencia de su línea, lo que implica el permiso para llamar). Del mismo modo, ¿no se incurre en deslealtad comercial con esos “métodos” de promoción?
Necesitamos volver rápidamente a la respetuosa convivencia que, sin duda, estamos perdiendo.
Hugo Borgna - Sandra Cervellini
Especial para “LA OPINIÓN” de Rafaela





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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