Seguridad, la obsesión de los rusos

Deportes 29 de enero de 2018 Por
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FOTO ARCHIVO VLADIMIR PUTIN. Firmó un decreto sobre "medidas de seguridad reforzada".
FOTO ARCHIVO VLADIMIR PUTIN. Firmó un decreto sobre "medidas de seguridad reforzada".
¿En qué momento pasamos de hablar más de seguridad que de fútbol en la previa de los grandes eventos internacionales?
Poco importa cuándo, en todo caso es la localización de un dato meramente anecdótico a esta altura de los acontecimientos y del cual, tampoco hay certezas; sin embargo, puede ser de utilidad para comprender, a través de detectar esa raíz, el por qué de esta obsesión que mantiene en vilo a los gobiernos y a las distintas organizaciones que se abocan a presentar torneos deportivos de la magnitud de un mundial de fútbol o de juegos olímpicos.
En este sentido, constatamos estas estrategias de prevención en los últimos dos grandes eventos que se desarrollaron en Brasil; es decir, la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Rio 2016. En tan solo dos años, la sofisticación tecnológica y los alertas por posibles atentados terroristas, se incrementaron de tal manera, que por momentos, los campos de deportes, estadios y centros de alojamientos de las diferentes comunidades deportivas que representan a todo el planeta, se tornaron campos de concentración, por el celo y la obstinación de esa tutela, con lo cual, se puede inferir, proyectándonos en el tiempo, que dos años más tarde de la última referencia, Rusia estará militarizada a partir de junio.
El análisis de los motivos de esta escalada violenta, que como fantasmas penden de un hilo sobre la responsabilidad de los países anfitriones, es complejo y largamente excede el terreno lúdico, donde se manifiestan todas las competencias; es decir, las controversias étnicas y religiosas, no comenzaron a tensarse a partir del fútbol o de otros deportes, pero fueron encontrando en ellos un buen escenario de proliferación publicitaria, a extremos de obligar a montar sistemas de seguridad impropios de esa fiesta, que sugiere una síntesis de la evolución deportiva y un encuentro de pueblos y costumbres, que redime al planeta de todos sus pecados.

ANTECEDENTES
QUE PREOCUPAN

Víctima de atentados en los últimos meses y objetivos de los yihadistas por su presencia en Siria, desde hace un tiempo Rusia se prepara para un dispositivo de seguridad muy reforzado, casi un estado de excepción ante las amenazas que pesan sobre el Mundial en ese país.
Dieciséis muertos en un atentado con bomba en el metro de San Petersburgo en abril, siete personas apuñaladas en un ataque reivindicado por la organización Estado Islámico (EI) en Siberia en agosto de 2017, sin contar con las numerosas "células" del EI que los servicios de inteligencia anuncian regularmente haber desmantelado: los precedentes recientes no invitan a la tranquilidad.
Esa amenaza, a la cual Rusia se enfrenta desde hace más de 20 años y las dos guerras de Chechenia, aumentó todavía más desde el compromiso militar del país en apoyo del régimen sirio, en septiembre de 2015, convirtiendo a los rusos en uno de los objetivos prioritarios del Estado Islámico.
"Las autoridades dicen que han conseguido destruir el EI. Pero varios miles de rusos han participado en los combates y ahora comienzan a volver a Rusia", recuerda Alexandre Goltz.
Según los servicios secretos (FSB), unos 2.900 yihadistas rusos, mayoritariamente originarios de las inestables repúblicas musulmanas del Cáucaso, han combatido en Siria. Hay que añadir a ellos varios miles de combatientes procedentes de países de Asia Central, que cuentan con importantes colonias en Rusia.
Desde 2016, Rusia ha puesto en funcionamiento un "grupo de trabajo" internacional encargado de las cuestiones de seguridad durante el Mundial, al que se han unido, según Alexandre Bortnikov, los servicios de seguridad de 32 países, a pesar de las tensiones diplomáticas entre Rusia y otros países occidentales.
Bajo la responsabilidad del FSB, un "estado mayor general de control de la seguridad del Mundial" se ha diseñado, según la prensa rusa, para evitar que los diferentes servicios "no se pisen" y se ha publicado una lista de lugares sensibles especialmente vigilados.
Las autoridades rusas prefieren ser discretas sobre el dispositivo de seguridad del Mundial, pero el viceprimer ministro responsable de Deportes, Vitali Mutko, anunció ya que al menos 30.000 millones de rublos (445 millones de euros) serán invertidos en esta cuestión.
En mayo pasado, el presidente Vladimir Putin firmó un decreto sobre las "medidas de seguridad reforzada durante la Copa de las Confederaciones y el Mundial", que estuvo en vigor en junio de 2017 y que volverá a estarlo del 25 de mayo al 25 de julio de 2018.
De manera paralela, organizaciones pro Derechos Humanos se preocupan por ese decreto y su limitación de libertadores de manifestación o circulación.
Está claro que se trata del mayor desafío de los locales, poco pesa la suerte deportiva del seleccionado ruso en el Mundial, la verdadera presea dorada será, sin dudas, un resultado sin incidentes ni desbordes que comprometan las garantías ofrecidas en su momento y que a su vez, hagan peligrar futuros eventos ante la complejidad de estos temas.
No solo de fútbol se debate como ejercicio periodístico, en la recta final, del éxito de la seguridad, dependerá la calificación y la salud de estas actividades que ya dejaron de ser una buena excusa para viajar por el mundo, en el caso de los aficionados, y de ganar millones, desde el marketing y los derechos de televisión.

Periodista acreditado para LA OPINION - Rusia 2018

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