Monsieur Boudou

Notas de Opinión 21 de enero de 2018 Por
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Monsieur Boudou está libre. Tal vez le corresponda, tal vez no, las opiniones están divididas y en ambos casos con el sustento de argumentaciones que parecen tener suficiente sustento, en especial por parte de quienes provienen, especialistas en derecho. El ex vicepresidente, flamante padre de mellizos, quien se puso el disfraz de "preso político" como todo el resto de bandidos que están en la cárcel o a punto de estarlo, con procesos y pruebas que abruman, fue uno de los más nefastos representantes de la docena de años kirchneristas. 
Para Alfredo Leuco, directamente un malandra de poca monta pese haber llegado a posición tan encumbrada, para la diputada Graciela Ocaña en cambio, lisa y llanamente un delincuente. Otros lo califican de cadáver político. El prefiere ser un "perseguido". Vaya a saber cuál le calza mejor. Para los argentinos en general, y prácticamente sin mirar de que lado de la grieta están, se trata de alguien que provoca enorme rechazo. Después de pujar un rato largo palmo a palmo con Julio de Vido y Aníbal Fernández, el monsieur se quedó con la mayor imagen negativa de la Argentina. La verdad, méritos no le faltan, más bien le sobran, por lo que bien ganado tiene este tope del ranking.
Es que Boudou transitó por todos los andariveles del malandrinaje, no se privó de nada. Tanto podía estar en el extremo más alto para apropiarse de la fábrica de dinero como era la Calcográfica Ciccone -¿se imaginan la impresión de dinero en sus manos?-, como en el más rastrero de falsificar una factura en un viaje al exterior para quedarse con algunos dólares, aunque también le venían bien los euros. Nada de sumas millonarias, eran apenas unos vueltos, pero al vicepresidente de la República -nada menos- todo lo que iba al bolsillo le quedaba bien. En el medio, y antes también de llegar a ese encumbramiento que le dio el dedo índice de Cristina Kirchner, acumuló toda una serie de ilícitos que fueron engordando su prontuario, desde falsificar papeles de un auto para no darle la mitad a su esposa en un divorcio, dar como dirección de residencia un médano en la playa -ardid que repitió después en Buenos Aires- o siendo ministro de Economía hacerle un préstamo a la provincia de Formosa cobrando una suculenta comisión de 7 millones de pesos. Claro que con la complicidad de los que gobernaban la provincia, una de las más pobres de la Argentina. Es cierto, el repaso sirve para comprobar que nada le venía mal, agarraba a dos manos. Y sin embargo lo tuvimos como la segunda autoridad de la República. Por él renunció el procurador general de la Nación Esteban Righi y fue borrado el fiscal Carlos Rívolo, no es poco decir como descripción de lo que se vivía en esos tiempos del "vamos por todo". Vivíamos en en estado de absoluto impunidad.
Aimé -el francés de Amado- como a él le gustaba que le dijeran, pues da esa cierta categoría del pavoneo, hoy está libre y en un va y viene con la justicia que nadie se atreve a pronosticar como va a terminar, y al igual que todo el resto de avenidos millonarios, conservando los bienes malhabidos. Al único que le sacaron algo, un avión y maquinarias, fue a Lázaro Báez. El resto, bien gracias. Ojalá este no sea el comienzo de lo que ya muchos (demasiados) presumen: que trazada la raya final, nadie va a quedar entre rejas. Salvo algún perejil de poca monta.
Mientras tanto, la ley de extinción de dominio, un mecanismo mediante el cual el Estado puede perseguir los bienes de origen o destinación ilícita, a través de una vía judicial que tiene como finalidad declarar la pérdida del derecho de propiedad de dichos recursos, sigue trabada en el Senado de la Nación. Y sin eso, será difícil recuperar todos esos miles de millones que fueron a engrosar fortunas ajenas, desde los más encumbrados como la familia presidencial, el vice, ministros, secretarios, hasta jardineros, choferes, mandaderos y alcahuetes, que también sacaron su enorme tajada.
El tema merecía preferencias, aún quedando algo postergado en la escala de calificaciones, ya que por estos días el que está al tope es el de los gremialistas enriquecidos como jeques árabes. Simples ladrones que actuaron con absoluta impunidad, escudándose en la historia que están en defensa de los trabajadores, los pobres y los jubilados. ¿Que no son todos? Por supuesto que no, seguramente los habrá honestos, decentes y de valores bien calificados. Pero que hayan salido en defensa corporativa no es bueno ni habla bien de algunos de esos popes del sindicalismo. En lugar de advertir, que más que eso es amenazar -pisarle la cola al león, o ver como les fue a De la Rúa y Alfonsín-, deberían reclamar que los ladrones vayan presos. Y sobre todo, que se recupere lo robado.
¿Sobre Zaffaroni? Casi ni vale la pena emitir opinión. Antes debería rendir cuentas personales muy serias que le quedaron pendientes...

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