Mirando a 2019

Editorial 07 de enero de 2018 Por
Recién hemos comenzado 2018 y las miradas y están orientadas hacia las elecciones del año que viene.

El resultado electoral de octubre no hizo otra cosa que afianzar el objetivo de reelección que el presidente Mauricio Macri se fijó para 2019, del cual se  venía hablando desde mucho antes, aunque más tímidamente. Ahora por el contrario, todo se ha transformado en más ostentoso, como para que la idea vaya adentrándose en la gente, al punto que ya algunos muy anticipados hablan de la posibilidad sobre quien completaría la fórmula presidencial, como para no dejar dudas, siendo al parecer una disputa que se remitirá a integrantes del PRO y de la UCR, si bien la decisión final estará sólo en manos del  propio  Macri. De todos modos, los primeros movimientos en ese sentido ya están en marcha.
Mucho de esa meta fijada por Macri estará estrechamente ligada a la marcha de la economía, que cerró bastante positivamente 2017 pero que tiene  muchos y bravos desafíos por delante, quedando planteado el  interrogante sobre si seguir avanzando con el gradualismo o tomar  mayor aceleración con algunas  medidas puntuales que reclaman ese vértigo en la búsqueda de soluciones, habida cuenta del cercano agotamiento de la metodología de continuar recurriendo al endeudamiento como forma de financiamiento, lo cual compromete  en exceso el futuro. Y si Macri aspira completar otro mandato hasta 1923, la cuestión es dejar todo en las mejores condiciones posibles.
La reducción de gasto es uno de los objetivos más cercanos, que requiere de medidas más contundentes para pretender resultados más efectivos que los conseguidos hasta ahora, que no fueron muchos  ni demasiado importantes. Pero además, también debe tener solución poco menos que inmediata  lo relacionado con exportaciones e importaciones, es decir, la balanza comercial que el año pasado cerró con uno de los déficit más abultados de los últimos 100 años, lo que no es poco decir al momento de hacer evaluaciones y trazar la raya del balance.
Frente a este problema de la balanza comercial como así también del déficit fiscal ocasionado por las cuentas públicas y el financiamiento con toma de  deuda, el atraso cambiario pasará a convertirse en uno de los temas centrales de este año, es  decir, para abordar y tratar resolver con mayor urgencia.
Las urgencias exportadoras en el corto plazo, ya que esto debe comenzar a solucionarse desde este  mismo momento si es que no se quiere repetir un año funesto como el anterior, habrá que concentrarse en áreas de rápida respuesta como la soja, el petróleo y los minerales, entre estos últimos el litio por ejemplo, que son rubros con mucha experiencia exportadora, aunque para ello debería ir dejando de lado algunos de los principios gradualistas con los cuales se ha venido manejando en los dos primeros años, ya que los tiempos corren aceleradamente y algunas de las respuestas deben ser mucho más rápidas que las que se han venido dando hasta ahora. Eso siempre y cuando, la mirada se encuentre fijada en 2019, con elecciones ejecutivas de por medio. Una obsesión, cabe hacer la  salvedad, que no sólo desvela a nivel presidencial, sino también a los gobernadores que tienen ocasión de revalidar -incluso aquellos que sin poder hacerlo por cuestiones legales buscan reformas constitucionales que se lo permitan-, como también intendentes y presidentes comunales. Todos, detrás de  similar objetivo. 
Volvamos entonces a algunas de las cosas que deben mejorarse de forma inmediata, la balanza comercial por ejemplo. Es que hemos pasado de un superávit de 2.100 millones de dólares en 2016 -un nivel escaso por cierto que ya había  encendido la luz de alarma- a los cerca de 9.000 millones de dólares de déficit de 2017. Números que exponen en toda su magnitud la preocupación que existe  sobre el tema, donde impactan negativamente la política cambiaria y la baja competitividad argentina de la actualidad, cuyos remedios son subir el dólar y reformular el mercado laboral, cuyos intentos acarrean todos los inconvenientes y resistencias que están a la vista. Es decir, si se  toca el dólar infla la inflación que se busca controlar, y si se busca reformar el mercado laboral -lo que se volverá a intentar en marzo-, se tropieza con una resistencia prácticamente infranqueable. Los dilemas que  se vienen.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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