Sensaciones y sentimientos

Información General 23 de diciembre de 2017 Por
Fiestas: ¿y si este año nos toca?

Todos los años es la misma historia, la misma crónica los días 26 de diciembre y 1 de enero, con el solo cambio de la cantidad de casos. Tantas personas atendidas por quemaduras en las guardias de hospitales y sanatorios, tantos con lesiones en un ojo por culpa de un corcho…corregimos: el corcho nunca pudo ser culpable, no eligió hacia dónde ir.
Es algo curiosa la argumentación que se hace el adulto. Como si fuera una especie de mandamiento de los tiempos de los manuables -a veces no tanto- productos hechos con pólvora, intenta entretener las fiestas con explosiones. Se les hace imprescindible rendir homenaje a los antiguos chinos haciendo surgir esos estallidos, tan sonoros que nunca pasan desapercibidos y que siempre nos sorprenden cuando estamos organizando otros modos de divertirnos.
Algunos, como buenos padres que son, estimulan a sus hijos de pocos años a que enciendan y/o también los hagan explotar. Porque también ellos deben divertirse. Y porque las fiestas de fin de año no son nada sin la colaboración de los sacrificados cohetes que tan poca vida tienen; nacen y explotan.
Como manipular productos hechos con pólvora no asegura inmunidad, están quienes conocen casi todos los secretos del encendido y descubren sorpresivamente que lo que parecía no estallar, cuando alguien se acerca para ver qué pasó, en ese mismo momento explotan.
Claro, una cosa son los explosivos puros y otra los que producen efectos de color que, generosamente, adornan por un instante el cielo para quien los lanzó y para sus vecinos. Que también tienen su peligrosidad, porque no se sabe adónde van a caer ni cuánto van a subir, ni si van a encontrar en su camino algo inflamable.
Ver las luces altas produce una agradable sensación. Es verdad, es algo momentáneo, siempre sorprendente, que no volverá a ocurrir, y esa es la configuración de su encanto. Pero ocurre que al mismo tiempo explosiones de mucha potencia surgen por todas partes y agreden los oídos de los humanos y de sus invocados mejores amigos; los que paran en pies o en patas y los que hablan o lamen, según los casos y los modos en que lo parió la naturaleza.
Es una saludable idea -especialmente teniendo en cuenta que la del 25 es la fiesta de la familia y del amor- que tomemos de los estallidos la parte más débil y amiga: la simple chispa, la que enciende la pirotecnia pero también puede iniciar con su pequeña luz la mirada e invita a alumbrar lo que es la vida en su conjunto.
En algún momento tal vez nos hemos preguntado, al ver la enorme cantidad de almanaques que se han acumulado ante nuestros ojos, si de verdad nos hemos vuelto sabios (solo un poco, no pretendemos tanto y, por los menos en esos días), y si hemos acumulada la suficiente experiencia para tener calculado, en el momento de disponernos a quitar el corcho rebelde, que ninguno de la familia (y mucho menos nosotros, por supuesto) esté en su dirección de salida y que lo único que surja -hacia arriba, eso sí- junto con él, sea solamente un poco de espuma.
Lo bueno de la existencia es que en cada momento, como éste, estamos orientando nuestra vida.
De no ser así, siendo ella también, con o sin apuestas un poco un juego de azar daría pie a la pregunta del spot publicitario que cierra su mensaje con “¿y si este año nos toca a nosotros?”

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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