La Argentina en el mercado del gas

Notas de Opinión 11 de diciembre de 2017 Por
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Por Gustavo Montamat (*)

Si quedaban algunas dudas respecto a que el mundo energético avanza a la conformación de un mercado mundial de gas natural, la reunión de Donald Trump con el premier chino Xi Jinping en Palm Beach, Florida, (abril de 2017), empezó a despejar uno de los grandes interrogantes. Estados Unidos, ya autoabastecido de gas natural, empieza a interactuar en el mercado mundial como exportador de gas líquido asegurando acuerdos de largo plazo con China.
En los últimos meses Estados Unidos se ha convertido en el principal exportador de GNL a la República Popular y aspira a cubrir la mitad de la demanda china en 2025. Es un dato con implicancias geopolíticas relevantes.
En los próximos 3 años EE. UU. se convertiría en el tercer exportador mundial de gas líquido (GNL), después de Australia y Qatar, para llegar ser el primero en 2025. Todo este logro es un subproducto de la explosión de shale gas experimentada en los últimos 10 años.
El shale representaba 5% del total de la producción de gas en Estados Unidos en 2000 y alcanza ahora a más de 60%, para orientarse a 80% o más en una década.La internacionalización del mercado del gas a partir de las crecientes transacciones de gas por barco ya es un hecho; la Agencia Internacional de Energía (IEA) señala que las naciones importadores de GNL aumentaron de 15 en el 2005 a 39 en la actualidad.
En el listado de los nuevos importadores aparece la Argentina, que irrumpió como comprador de los primeros cargamentos en el 2008. El mercado mundial de gas natural afianza la tendencia a la sustitución intrafósil de carbón y petróleo por gas natural.
El petróleo representaba el 50% de la matriz primaria en 1970, ahora el 30%. El gas natural representa el 25% en la matriz primaria mundial. Wood McKinsey, una de las consultoras mejor informadas del mundo petrolero, estima que en el 2030 el gas natural superará al carbón mineral como segunda fuente de energía primaria (el gas natural emite 1/5 del CO2 que emite el carbón mineral).Las proyecciones de la IEA también dan al gas en crecimiento sostenido, avanzando sobre el carbón y desplazando incluso al petróleo al promediar el siglo. El uso del gas natural que desplaza desde hace años al carbón en la generación eléctrica, empieza a sustituir a los derivados del petróleo en el transporte pesado (marítimo, fluvial, de cargas). Pero también produce una penetración indirecta a partir de la mayor electrificación del transporte en general (ferrocarril, autos eléctricos) con electrones generados por ciclos combinados que operan con gas, en principio, y que compiten con los que provienen de energías renovables.A su vez el gas natural se ha tornado mucho más manipulable.
En el pasado reciente, su gran desventaja respecto al petróleo y los productos derivados eran las dificultades logísticas que presentaba su suministro. El negocio internacional de exportación por caños o por barcos (GNL) comprometía hasta ahora significativas inversiones (gasoductos, plantas de licuefacción e instalaciones de regasificación) cuyo recupero implicaba atar las operaciones a contratos de largo plazo. En el presente el comercio de gas por barco se está tornando mucho más flexible con terminales flotantes de almacenamiento y regasificación como las que ha usado la Argentina en Bahía Blanca y Escobar.
También en esto fuimos vanguardistas, aunque no por estrategia, sino por la urgencia de acceder al suministro importado. De aquí unos años la flexibilidad alcanzará también a la logística de licuefacción. En este escenario de un mercado mundial de gas, hay una mala y una buena noticia para la Argentina. La mala es que en la gestión anterior depredamos las reservas probadas de gas natural sometiendo al sector a precios políticos e intervención discrecional. Con una matriz primaria y eléctrica muy dependiente del gas natural, eso tuvo serias consecuencias productivas además de un fuerte impacto sobre las cuentas públicas y externas.La buena es que tenemos un inmenso potencial de gas para desarrollar, contamos con una industria de gas natural madura y desarrollada, y ya conocemos la operación y la logística del mercado de GNL (con los problemas de arrastre que son de público y notorio). Empecemos entonces por asumir la importancia relativa del desarrollo del potencial gasífero argentino: de los 170 mil millones de barriles equivalentes de petróleo de recursos no convencionales, 143 mil millones son recursos de gas. El 77% del recurso técnicamente recuperable de Vaca Muerta es shale gas.
La producción doméstica de gas va a repuntar el año próximo, y, en función de un escenario de producción local de 145 millones de m3/d en los próximos años (hoy producimos 107), hay que empezar a explorar alternativas de demanda para la producción local, además de ocuparnos de los desarrollos de infraestructura que requerirán los nuevos horizontes productivos.
Con un desarrollo más intensivo de nuestro potencial podemos contar en los próximos años con un gas de producción nacional de precios competitivos (4.5 dólares el MMBTU) que sea palanca del desarrollo económico y social que nos debemos. A partir de esta plataforma, el mercado mundial de gas líquido que se viene nos interpela como potenciales exportadores.
(*) Ex secretario de Energía y ex titular de YPF.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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