Los perseguidos

Notas de Opinión 10 de diciembre de 2017 Por
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ARGUMENTO COMUN. "Soy una perseguida política". FOTO ARCHIVO
ARGUMENTO COMUN. "Soy una perseguida política". FOTO ARCHIVO

La ex presidenta Cristina Kirchner tiene una pila de procesamientos y cuestiones por resolver en la Justicia, aunque así y todo fue elegida senadora nacional. Desde un primer momento se dijo que la más grave de todas esas causas, incluso que la del saqueo que se hizo a las arcas del Estado con la obra pública enriqueciendo de la noche a la mañana a ella misma y su familia, funcionarios y otros personajes como choferes, jardineros, mandaderos y alcahuetes, era la del encubrimiento del atentado a la AMIA -que viene aparejada con la del asesinato del fiscal Alberto Nisman-, nada menos que por traición a la patria. El mayor cargo que puede hacerse para quien fue presidente de un país, que de paso tiene a quien fue su vice Amado Boudou y varios de sus ministros y secretarios en prisión. Todo un escenario que no requiere de mayores ampliaciones. La respuesta dada es la misma de siempre y usada por todo el grupo: persecución política, victimizarse. Es que, queda claro, conviene politizar en lugar de judicializar pues las pruebas que existen en muchas de las causas son claritas como el agua.
La decisión del juez Bonadío de avanzar a fondo -una especie de ir por todo, expresión que se hizo famosa en el acto de la bandera de 2011 en Rosario-, agrega un elemento más a este diciembre que pinta bastante virulento. Las imágenes por TV de los reclamos de la izquierda y organizaciones piqueteras y sociales en plena avenida 9 de Julio, con picado de fútbol incluido, son muestra acabada de lo que se viene incubando. Si bien, debe admitirse que desde el propio gobierno se hace poco y nada para evitar estas condiciones proclives para las protestas.
¿A quién se lo ocurre hacer recorte con los jubilados?, es igual que echar leña al fuego. ¿Quién lleva autorizado un aumento del 33% en la nafta? ¿Quién sube la luz, el gas y el agua? Y de paso recurrir a todas las argucias para seguir subiendo y creando impuestos. Son las cuestiones que bajan desde arriba, cuando a la vez se cometen acciones que irritan y hacen perder credibilidad, como la designación de la hermanita del ministro Triaca como directora del Banco de la Nación. ¿Se acuerdan cuando poco antes de irse el kirchnerismo designaron a la hija de Agustín Rossi en ese mismo cargo? Toda la oposición, incluso el macrismo, puso el grito en el cielo. Ahora hacen lo mismo. ¿Será un efecto derivado de los votos de octubre? Si es así andan por el camino errado, la gente no regala votos, sólo los presta.
La cuestión merece algunas otras consideraciones: tal vez la hermana de Triaca sea la más capacitada del país para ese cargo, además si no era ella debía ser otro, son cargos políticos y no por concurso. Todo legal. Pero en cambio lejísimos de la ética, esa misma que este gobierno levantó como bandera, tal vez no deberían olvidar de donde venimos, con mirar un poco atrás basta y sobra. ¿A quién se le ocurren estas cosas? Como cuando le bajaron 20 pesos a los jubilados, o ahora que le restan 400 pesos a la mínima. O como cuando retiraron los subsidios de los discapacitados. ¿Y el sentido común?
Pasando a otro tema, el caso de la Armada es grave. El hundimiento del submarino, la pérdida de 44 vidas, el dolor de los familiares y la repercusión en el mundo, no merecían ir teniendo este desenlace. Ahora nos enteramos que hubo llamados el primer día en que luego se perdió contacto con la nave. El ocultamiento no es saludable, y aquí lo hubo. Confiemos, una vez más, en que se conozca la verdad, ¿por qué cuesta tanto en la Argentina?
Y finalmente, el toque local. El ministro Pullaro estuvo en la ciudad, otra vez dio cátedra sobre seguridad, fustigó la orientación política que tuvo Rafaela en los últimos años y descalificó a quienes pidieron su alejamiento del cargo, insistiendo con la ilegalidad de las escuchas telefónicas. Pero del contenido de las mismas, que lo dejaron en evidencia con tremenda desubicación, incluso por andariveles institucionales graves, no dijo una palabra. Aunque sean ilegales -que no lo son- lo dicho no tiene marcha atrás. Si bien no es lo que piensa el gobernador Miguel Lifschitz, que le ratificó la confianza en el cargo. 

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