Baja competitividad

Editorial 06/12/2017 Por
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Justo en este momento en que se encuentra en debate la posibilidad de una reforma laboral, que el gobierno trató de apresurar pero que es probable recién comience a ser abordada el año que viene, debido a sus implicancias directas con los trabajadores y el estímulo que le otorgan las organizaciones opositoras, fue difundida una estadística de alcance internacional respecto a la competitividad de un grupo de países manufactureros, entre los que se encuentra la Argentina, y además, ocupando el último lugar.
El relevamiento fue hecho por la consultora Abeceb, a través de su departamento de Costos Laborales Unitarios de Manufacturas, sobre un grupo de 25 países. Allí la primera ubicación correspondió a Taiwán, quien fue el más competitivo en término de costos manufactureros, apareciendo luego México -llama la atención esta presencia, siendo el país americano mejor posicionado-, después Indonesia, Tailandia y China, cubriendo los puestos top five, en tanto que los últimos lugares, y quedando por lo tanto muy postergados en esta consideración, fueron para Francia, Suiza, Australia, Brasil y la Argentina. Cerrando posiciones entre los 25 considerados, está prácticamente todo dicho en cuanto a la bajísima competitividad que presenta nuestro país en el mundo, lo cual atenta contra las posibilidades exportadoras, que por lo tanto cada vez más se van concentrando en los productos de orden primario, es decir, los provenientes del sector agropecuario.
En el informe en cuestión se destaca que el mercado laboral mostró "un pobre comportamiento en los últimos 50 años", consecuencia de la "alta volatilidad macroeconómica, la falta de adaptación a los cambios impuestos por la tecnología sobre el costo laboral no salarial". En tales circunstancias "en los últimos años se generaron sólo 50.000 empleos privados formales por año", por lo cual sin cambios y sin la compensación del empleo público, el desempleo estaría en el orden del 15% en 2025, es decir, el doble que en la actualidad. Se trata sin dudas, de aspectos a tener muy en cuenta y tratar de corregir lo más pronto posible, ya que a más tiempo transcurrido mayor gravedad del problema.
Justamente al tocarse el tema del empleo público, debe recordarse que ese mecanismo fue utilizado por casi todos los gobiernos, y con muchísimo mayor intensidad durante el ciclo del kirchnerismo, como metodología para tratar de compensar la falta de creación de puestos de trabajo genuinos, habiéndose incorporado durante los últimos años cerca de 1,8 millón de nuevos agentes públicos en los tres niveles administrativos: nacional, provincial y municipal. Además de la enorme incorporación en organismos y entes autárquicos o semiautárquicos, en los cuales también se desbordaron todas las posibilidades. La consecuencia es sencilla y a la vista, cada vez más personas que viven a costa del Estado y menos que trabajan y aportan desde el sector privado para sostenerlo.
Es por estas razones, que todo parece estar direccionado hacia el abismo en caso de no procurarse soluciones elementales, que avancen hacia un equilibrio entre lo que ingresa y lo que egresa de las arcas fiscales, que hoy tienen un déficit de características impresionantes, incluso mucho mayores que en los dos últimos años de la presidencia de Cristina Kirchner.
Tras estas consideraciones, que hacen al tema, y volviendo a la baja competitividad, puede añadirse que los sectores industriales menos competitivos con confecciones, textiles, radio y televisión, cuero y calzado, maquinaria de oficina, autopartes, minerales no metálicos, edición y el rubro de la madera. Con excepción de radio y televisión y maquinaria de oficina, son intensivos en mano de obra, y en conjunto, emplean a unas 300.000 personas. En cambio las más competitivas con productos del petróleo, productos químicos, metales comunes y tabaco, en tanto que alimentos y bebidas se encuentran ubicadas en un nivel intermedio.
Este informe estable además que los costos laborales más elevados en la Argentina son aquellos vinculados a los denominados "sectores sensibles", que justamente son los que más protección piden y reciben.
La elevada litigiosidad laboral, el empleo informal (o en negro) y los altos costos que implica un puesto de trabajo por las contribuciones patronales y las cargas sociales constituyen obstáculos para la generación de empleo en el sector privado. 
En este marco, el gobierno impulsa una reforma laboral que incluso recibió un tibio aval del triunvirato que conduce en la actualidad la CGT, aunque no todas las organizaciones obreras están de acuerdo planteando, incluso, un escenario de fuerte resistencia cuando el proyecto se trate en el Congreso. 
El gran dilema es saber si la reforma impactará en forma positiva en el mercado mejorando las condiciones para crear puestos de trabajo genuino o si, directamente, se traducirá en una pérdida de derechos o conquistas de los trabajadores.




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