Los secretos de la Casa Rosada

Nacionales 04/12/2017 Por
Está a punto de aparecer un libro que revela las historias y anécdotas de Balcarce 50.
FOTO ED.SUDAMERICANA PORTADA. El libro de Liliana Franco.
FOTO ED.SUDAMERICANA PORTADA. El libro de Liliana Franco.

Centro del poder político en la Argentina, la Casa Rosada alberga a las máximas autoridades del país y, por lo tanto, guarda en sus históricas paredes miles de secretos que intentan ser revelados en el libro "Los secretos de la Casa Rosada", de la periodista Liliana Franco.
Basada en extensas horas de guardia y años de trayectoria, la obra abarca el período que se inicia con la restauración democrática, en 1983, hasta la actualidad, repasando así las anécdotas y detalles de los gobiernos que encabezaron Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner y Mauricio Macri.
Estrellas de Hollywood probando por primera vez un choripán, telefonistas hot, mandatarios que usan alcohol en gel y menosprecian a sus asistentes son algunas de las historias que dejan los pasillos de Balcarce 50 para quedar plasmados en el libro editado por Sudamericana.
La autora, Liliana Franco, es periodista y docente con una extensa trayectoria en medios gráficos, radiales y televisivos y caminó por primera vez la Casa Rosada en ese rol sobre el final del Gobierno de Alfonsín. "Empecé a trabajar como periodista acreditada por Radio Rivadavia en la Casa Rosada en 1999, pero ya la conocía", recuerda. "Mi acreditación en la Casa Rosada llegó durante la presidencia de Fernando de la Rúa. Desde entonces trabajo todos los días en la sala de periodistas", agrega.
Franco plantea su forma de entender la profesión. "Dicen las malas lenguas que los periodistas acreditados somos vagos. Eso no es verdad. Al menos no lo es en la mayoría de los casos. Si uno se queda sentado en la sala de periodistas, no se entera de nada. Termina pasando gacetillas. La información no llega sola: hay que salir a buscarla", considera.
A continuación, algunos pasajes de "Los secretos de la Casa Rosada" en la previa de su llegada a las librerías:
*Un Falcon en la Plaza de Mayo*.
Aunque los militares ya habían abandonado el poder, los argentinos solían sobresaltarse ante la vista de un Ford Falcon, el auto que más se utilizaba para realizar los operativos de represión ilegal durante la última dictadura militar.
Jorge Sánchez Parra, periodista acreditado por varios medios en la Casa Rosada desde 1969, acaba de sentir ese pinchazo y nerviosismo. Mientras está reunido con algunos funcionarios del Ministerio de Defensa en Casa de Gobierno, ve a través de las ventanas que, casi en la esquina de la Plaza de Mayo, está estacionado un Falcon. Tiene la chapa oxidada y parece abandonado, pero no es la primera vez que lo ve. Haciendo memoria, lo ha visto ayer y anteayer. Y la semana pasada. El Juicio a las Juntas todavía no ha comenzado pero ya se sabe que los resultados no van a ser benevólos con los militares. ¿Será una amenaza hacia el Presidente?.
- Discúlpeme, brigadier, tengo que advertirle acerca de una amenaza que considero seria hacia la integridad del Presidente.
- ¿Cómo dice? -pregunta el militar, nervioso e inclinándose hacia él.
- Venga que le muestro -dice el periodista, señalando la ventana.
Los militares reunidos se acercan, tensos. Sin embargo, cuando llegan, empiezan a reírse.
- Efectivamente, es una amenaza para el Presidente -dice uno de ellos, secándose las lágrimas de risa.
- Pero, ¿cómo se toma así semejante cuestión? -preguntó azorado el periodista.
- Mire, Sánchez Parra. Ese auto que ve ahí es del Presidente.
Lo utiliza para asuntos estrictamente personales. Es un poco viejo, es verdad, pero no le va a pasar nada. Siempre lo acompañan uno o dos autos de custodia que son más nuevos.
*No todos pueden despedirlo* .
- ¿En serio no vamos a poder bajar?.
- Son órdenes de Presidencia.
- Pero, oíme, ¡Nosotros lo conocimos a Néstor! ¡Nosotros también queremos despedirlo! ¿O vamos a tener que hacer la cola durante seis horas para darle el pésame a la Presidenta?.
Quienes reclaman son los periodistas acreditados en Casa Rosada. Ansiosos, dolidos, perturbados por la noticia, fueron llegando a la Sala de Periodistas a cubrir lo que, sin dudas, iba a ser uno de los eventos políticos más importantes de la región.
Sin embargo, a medida que lo hacían, se iban dando cuenta de que la orden presidencial era, otra vez y como siempre durante los últimos años, restringirles el acceso a la información.
A pesar de que la intención oficial fue muy distinta, terminamos teniendo una perspectiva privilegiada. Nos recluyeron en el primer piso de la Casa Rosada y, asomado desde el balcón, tuvimos una visión panorámica de lo que sucedía, aunque fue imposible recoger testimonios. No se nos permitió el acceso al Salón de los Patriotas Latinoamericanos habilitado como capilla ardiente.



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