Editorial

La Palabra 11 de noviembre Por
Sigue la eterna rutina...

La buena intención prevalece cuando la legislación vigente contribuye a la preservación de construcciones y lugares que se consideran importantes en la vida de los pueblos. Antes de esa instancia, se dejaban caer edificios, cerraban sus puertas los locales que fueron referentes en una época de la que poco queda en pie. No obstante, la sensibilidad de quienes tienen los medios necesarios, hacen posible recuperar lo que por error, desidia, o fuerza mayor, inexorablemente desapareció un día. Encontrar aquellos sitios donde  transcurrieron las vidas y las muertes de tantos, así como poder apreciar costumbres, paisajes, objetos, relatos, son acontecimientos que para muchos humanos sigue siendo una forma posible de entender la historia, revivir una canción, ver con una mirada de nostalgia y emoción, lo que fue una vez y lo que albergó, contuvo y acompañó a nuestros antepasados. A lo mejor no es posible disponer de un vaso de vino carlón estos días, pero sí encontrar en cada pequeña población provinciana o en el centro porteño, una mesa rodeada de sillas para degustar algo casero. Como si fuera la humeante cocina de la abuela. 

Raúl Alberto Vigini

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