Los efectos de la altura

Deportes 12 de octubre Por
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FOTO LA OPINIÓN CHARLA EN QUITO. / Néstor Clivati junto a Luis Juez, el embajador argentino en Ecuador.
FOTO LA OPINIÓN CHARLA EN QUITO. / Néstor Clivati junto a Luis Juez, el embajador argentino en Ecuador.
Vuelvo al hotel Finlandia después de una noche donde abundaron las estridencias y los excesos de adrenalina, como pocas veces antes en un estadio; son pocas cuadras que deben ser transitadas a paso lento para evitar los ahogos propios de la falta de oxígeno y de adaptación a esas condiciones atmosféricas. Sin embargo la carga energética era tan poderosa que sin advertirlo, caminé este trayecto al ritmo de los quiteños sin ninguna resaca posterior.
Volvía de ver a Messi como quien vuelve de escuchar a Pavarotti o de contemplar la Bóveda de la Capilla Sixtina; algo sobrenatural había ocurrido en un campo de juego, perfectamente comparable a la inspiración y talento de aquellos otros artistas, que siguen emocionando hasta las lágrimas, atravesando toda condición humana.
Una ventaja respecto del resto de esos colosos se quedó en la obra de este diminuto rosarino, el contexto y las limitaciones físicas en las que gravitó, dándole vida así a una actuación memorable y seguramente (nunca se sabe con los genios), irrepetible.
La Selección Argentina acababa de conseguir clasificar para el próximo mundial, algo que a priori, no se debería haber aparentado con una hazaña, ya que su deber por mandato histórico y disponibilidad de mano de obra, era tal objetivo. No obstante las complicaciones deportivas que se fueron acumulando peligrosamente, lo trajeron a este país, aturdido y envuelto en una atmósfera de incertidumbre, que se encuentra contraindicada en cualquier vademécum.
No era solo el hecho estricto de capitalizar una noche favorable en todos los aspectos y alcanzar la meta; había otras aristas para explotar como observador que la tornaban apasionante. Messi, no hay forma de no seguir hablando de ese tipo que tiene las contraseñas para destrabar todo atolladero, tomó la bandera y se hizo cargo primero, de evitar una debacle del fútbol argentino de dimensiones inimaginables y segundo, de producir un fenómeno emocional y deportivo sin antecedentes en las historia de los albicelestes.
Los efectos de la altura lo potenciaron, lo convirtieron en un gladiador poderoso y a su vez, templado para una ocasión tan traumática que incluyó, una desventaja prematura, de un rival que lo dañó en el arranque del partido para después, entregar todas sus miserias y por qué no reconocerlo, facilitarle los caminos hacia ese olimpo que lo estaba aguardando dos horas después.
Burruchaga y Ruggeri, depositarios de las conquistas más significativas de nuestro fútbol, se sumaron a esa celebración como síntesis de un momento donde, la liberación de tensiones y los abrazos intensos, compusieron un momento que será recordado por siempre. Aquellos héroes deportivos de nuestro país, afortunadamente tan vigentes como dignos, le dejaron en mano otro mandato como desafío para ese futuro cercano de junio del próximo año; Messi sabe que será su última oportunidad para subirse también al podio, pero intuyo, que ya no le pesará, porque anoche en esta tierra tan colonizada, como por mestizos emancipada, se quitó esa rémora que lo había convertido en un jugador infeliz a pesar de tanta admiración mundial, para convertirse en un pibe más del potrero rosarino o de la masías, en definitiva, ambas escuelas, han influido de forma determinante para modelarlo como el mejor de todos los tiempos.
Ya no me pesan las piernas, yo también aliviané la carga de frustraciones de crónicas de finales perdidas y de argumentos que las justificaran. También en los comunicadores habita un hincha de carne y hueso que se puede permitir el desliz de explotar como un hincha más en la tribuna de prensa y quebrarse hasta las lágrimas, cuando ese grupo de jugadores, ensaya una especie de vuelta olímpica, celebrando más que una clasificación para Rusia 2018, no haberse retirado por la puerta de atrás y humillar la historia del fútbol argentino.
Que viva el fútbol!!! y por favor, sin más reproches, gocemos de ese fenómeno llamado Lionel Messi, al que le llevó 10 años, aún sin haber ganado nada, comenzar a disfrutar con la nuestra también.

EL HOMBRE DE LOS TRES MILAGROS

Las últimas horas en Quito, fueron para el descanso y una reunión inesperada en la embajada Argentina; allí nos esperó un particular anfitrión con asado y vino argentino, para celebrar esta victoria inolvidable. Luis Juez es la máxima autoridad de nuestro país en Ecuador, desde la asunción del Presidente Mauricio Macri; su perfil futbolero, que matiza con sus ocurrencias indisimulables de cordobés con mucha calle, lo convierten en un personaje querible y muy respetado en esta ciudad.
No deja pasar oportunidad alguna sin repasar, lo que a su juicio han sido, 3 milagros deportivos a los que ayudó con su optimismo, producidos en el estadio Atahualpa, los enumera: “la clasificación casi insólita del seleccionado Sub-20 al mundial, ayudado por un resultado impensado de Venezuela; ese periplo dramático de Atlético Tucumán que arribó dos horas más tarde de lo pactado para jugar con Nacional por demora en el vuelo y que terminaría con victoria del Decano, quien esa noche debió usar la camiseta de ese seleccionado juvenil y donde la logística estuvo a cargo nuestro y lo de anoche, que quedará en la historia por el dramatismo previo y el final feliz”
Un brindis entonces por todo lo vivido y a emprender el regreso a Rafaela, con la sensación del deber cumplido.

Néstor Clivati
Rumbo a Rusia 2018

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