El separatismo catalán atenta a la democracia

Notas de Opinión 07/10/2017 Por
A pedido del diario LA OPINION, la comunicadora argentina Laura Moreno Marrocos, radicada en la capital española, opina sobre el reciente referéndum de autodeterminación, sus consecuencias y la actual coyuntura con final abierto. "Muchos conflictos en democracia pueden resolverse en las urnas, pero en el caso catalán el camino elegido por los separatistas ha banalizado los procedimientos democráticos en una estrategia de ficción y engaño", destaca.

MADRID (Por Laura Moreno Marrocos).- El gobierno de Catalunya, una de las regiones más ricas y prósperas de España, ha generado una crisis sin precedentes en la democracia española, conquistada con esfuerzo y gestos de ejemplaridad durante la llamada transición democrática (1975-1978), después de una contienda bélica fratricida (1936-1939) y una larga dictadura (1939-1975). De manera unilateral, violando el marco constitucional y el Estatuto autonómico, el “Govern” con los representantes separatistas del parlamento local, convocaron un referéndum de autodeterminación para ser un Estado independiente en forma de República.
El sentimiento catalanista es una cuestión que se remonta al siglo XIX forjado en un nacionalismo identitario en oposición a la visión de España como “nación única, antigua, castellanizada y homogénea”, que tampoco responde a su rica diversidad cultural y lingüística. Allí el germen del independentismo, alimentado en las últimas décadas por políticos y grupos catalanistas que llevaron la singularidad del pueblo catalán, su lengua, cultura y proyección internacional, a extremos de irrealidad y cierto aire de superioridad con relación al resto de los españoles; que arraigó en una amplia parte de la ciudadanía, sobre todo a través del sistema educativo y el de medios de comunicación. Poco a poco se fue abriendo una brecha entre el ser catalán y el ser español, relativizada por quienes gobernaron el país en los últimos años.
Sin embargo, la crisis actual es el resultado del desacato a las leyes y de trasladar a la calle la ejecución de facto de un referéndum ilegal el pasado domingo 1 de octubre, sin un eficaz uso de los instrumentos del estado de derecho por parte del gobierno nacional. Lo que hubiera evitado las imágenes de enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad nacionales y los ciudadanos, muchos de ellos activistas del proceso separatista, que ocuparon las portadas de la prensa internacional y sembraron las redes sociales, dando lugar a interpretaciones descontextualizadas.
Ahora bien, la más dolorosa violencia está en el seno de la sociedad catalana dividida y enfrentada. De los siete millones y medio de catalanes se estima en dos millones los partidarios del separatismo, una deriva que puede condicionar irremediablemente el futuro de todos.

EJERCICIO DE
DIALOGO SOCIAL
Al restablecimiento del orden institucional corresponderá un largo y laborioso ejercicio de diálogo social cuyo horizonte exigirá tarde o temprano cambios en la carta magna española.
La crisis catalana deja aspectos para pensar: la democracia es garante de la convivencia cuando se respeta el contrato social plasmado en las leyes. Todo cambio es posible con el uso inteligente de los instrumentos del propio sistema, en un marco de concordia, racionalidad y búsqueda del bien común del conjunto de una sociedad.
Los relatos creados a partir de la distorsión de la realidad y en beneficio de los intereses de un sector, cargados de tópicos y falsedades, transformados en creencias, fabrican fanatismos irracionales y alimentan populismos. Porque las palabras activan mecanismos emocionales que provocan actitudes e incluso actuaciones, sobre todo cuando no se estimula el ejercicio indispensable de la reflexión contrastada.
La crisis de representación política a causa de la corrupción, con el consecuente desprestigio de los políticos, ha favorecido el ascenso a los poderes institucionales de partidos antisistema -de izquierda en el caso que nos ocupa-, que se apropian de legítimas luchas sociales, pero socavan tradiciones, instituciones y valores que consolidaron las democracias avanzadas.
Muchos conflictos en democracia pueden resolverse en las urnas, pero en el caso catalán el camino elegido por los separatistas ha banalizado los procedimientos democráticos en una estrategia de ficción y engaño. También ha dejado en descubierto el enfrentamiento de posturas sobre la estructura territorial del Estado español, que los políticos deberán resolver y la ciudadanía decidir, probablemente en un referéndum, ese sí legal.

La autora es periodista especializada en sociedad de la información y el conocimiento. Miembro del consejo de redacción de la revista Crítica, España, y consultora de la revista Criterio, Buenos Aires. Directora de la residencia León XIII de posgrado y opositoras. Brindó un taller sobre "Elementos para una pastoral de la comunicación", en la parroquia Santa Rosa de Lima de Rafaela el 26 de agosto de 2001.

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