¿Pobres empobrecidos?

Notas de Opinión 29 de enero de 2014 Por
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Si fuéramos capaces de restaurar la dignidad personal a cada pobre
empobrecido, el mismo recuperaría todo lo demás por añadidura.
Para ello resulta imprescindible disolver las causas más profundas de toda
inequidad, exclusión, desperdicio y descartes inhumanos resaltando que
hablamos de dignidad no sólo alimentaria sino aquella que incluye legítimas
expectativas de prosperidad sin exceptuar bien alguno.
Cuando Juan Pablo II propuso globalizar la solidaridad, fue (es) mucho más
que un eureka semántico sino que, a partir de la misma y con la misma,
devolverle al pobre empobrecido todo lo que naturalmente le corresponde en
términos de ciudadanía.
Habiendo fracasado la guerra declarada formalmente a la pobreza por la
primera potencia terrenal un día 8 de enero de 1964, Lyndon B. Johnson
(Presidencia de EE. UU.); habiendo fracasado entre otros fracasos, también
los Objetivos del milenio no obstante los maquillajes y eufemismos de la ONU
para disimularlos, la necesidad de resolver las cuestiones estructurales de
la pobreza no puede esperar más, no sólo por una exigencia pragmática de
obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una
enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá conducirla a
renovadas crisis.
Por eso, en tanto no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres
empobrecidos, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados, de la
especulación financiera y del lucro voraz, atacando simultáneamente las
causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del
mundo de esos pobres empobrecidos y, en definitiva, ningún problema en
razón de que, toda inequidad es la raíz más profunda de nuestros males
sociales, personales y comunitarios.
Ante tanta inequidad, indolencia, indiferencia e ignominia, una proposición
fraterna, debiera provocar en nuestras vidas y en nuestras acciones la más
sublime reacción en orden a contribuir para recuperar toda dignidad humana y
todo bien común, ´amalgamándonos´ al originario destino universal de los
bienes, a la función social de la propiedad y teniendo muy presente que,
¡sobre toda propiedad privada “late” una hipoteca social!
Esta maravillosa amalgama dando prioridad al tiempo más que al poseer o
usurpar espacios, será ocuparnos de iniciar procesos proactivos en pos de
resolver cuestiones nucleares que deben estructurar e integrar toda política
económica como toda economía política.
La palabra solidaridad, hoy está demasiado desgastada y bastardeada ya que
en su cabal acepción, pretende reflejar mucho más que algunos actos
esporádicos de fraternidad. En efecto, su genuina acepción supone crear una
nueva mentalidad y recrear la cultura del encuentro para actuar en términos
de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los
bienes por parte de algunos.
No debería extrañarnos pues, que los flagelos relacionados -repotenciados
por un descalabro ecológico-, torne harto dificultoso encontrar soluciones
locales para las enormes contradicciones globales, razón por la cual, toda
política local y regional afronta (en casos, se satura también) problemas
propios y ajenos a resolver satisfactoriamente.
Toda paz social que no surja como fruto del desarrollo integral de todos,
tampoco tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de
variadas formas de violencia conforme lo acreditan miserias concretas que
encontramos a nuestro paso, por caso, en cada retrato de cada habitante de
la calle, de cada adicto, de cada desahuciado. …
Escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y
mucho más, de manera que el hambre se debe concretamente a inhumanas
distribuciones de los bienes y de las rentas. Este problema se agrava
espantosamente con especuladores, intermediarios y lucros apabullantes que
vienen engendrando dolosamente toda práctica de desperdicios y descartes …
aún “humanos”.
Esto es tan claro, tan directo, tan simple, sencillo y elocuente que ninguna
hermenéutica puede relativizarlo y mucho menos, abortarlo.
¿Entonces, para qué complicar y continuar postergando lo que es tan simple,
justo e inclusivo total; para qué oscurecer lo que es tan claro?
Las metodologías conceptuales son para favorecer y facilitar el contacto con
la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella.
Habitualmente, nada bueno acompaña a los defensores de “la ortodoxia”. No se
olvide, que todo extremismo de lo relativo, fundamentalismos ahistóricos,
etnicismos y eticismos sin bondad ni solicitud, intelectualismos sin
sabidurías y, más de menos; son esencial e inherentemente viciosos. Sus
titulares merecen el reproche de pasividad, de indulgencia y de complicidad
culpables respecto a situaciones sociales humanas de injusticia
intolerables como a los regímenes políticos que las conservan y reproducen,
¿definitivamente?
Finalmente, soy de los que piensan y sostienen largamente una auténtica y
dinámica ética equitativa humana tanto como una economía solidaria civil
consecuente, desde la experiencia personal que nunca son lugares de
comodidad y menos de rentabilidad para sus propulsores más, siempre
implican el admirable don y compromiso de mejorar y cambiar el mundo, de
transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por esta
bendita tierra.

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