Almaceneros: ese oficio que permite acercarse al vecino

Locales 16 de septiembre Por
Hoy se celebra el día del almacenero en todo el país, uno de los trabajos más nostálgicos. La historia de dos jóvenes almaceneros de la ciudad que todavía están conociendo el oficio.
Ver galería JORGE BARRERA ALMACENEROS. Maximiliano Galván y su mujer Georgina, comenzaron con el oficio este año.   UNA POSTAL. De un viejo y clásico almacén, con la balanza y los artículos al alcance de la mano.
1 / 2 - JORGE BARRERA ALMACENEROS. Maximiliano Galván y su mujer Georgina, comenzaron con el oficio este año. UNA POSTAL. De un viejo y clásico almacén, con la balanza y los artículos al alcance de la mano.
El almacenero sabe si el señor o la señora que acaba de entrar a su negocio es del barrio o de más allá. Difícilmente que a una persona de mostrador como él se le escape ese detalle. Si es conocido o si tiene algún dato del recién ingresado, le preguntará por su hijo, por su señora, por su mascota, por su auto nuevo... Y si es nuevo, seguro algo se le ocurrirá como para entablar una comunicación amena y hacerlo sentir bien al cliente. 
Hoy se celebra en todo el país el Día del Almacenero, una fecha que fue escogida de manera conjunta, pero que todavía no está bien esclarecido porqué se ha optado por un 16 de septiembre. Pero lo concreto es que hace muchos años que se destaca esta fecha. 
LA OPINION eligió esta vez a dos almaceneros jóvenes, que recién empiezan. A dos personas que dejaron todo lo que hacían en su vida para encarar un proyecto juntos y así poder, además de progresar, compartir más tiempo como pareja. 
Las vueltas de la vida la dejaron sin trabajo a Georgina, que era maestra de nuestra ciudad. Mientras que Maximiliano, que se dedicaba a la herrería, un trabajo que compartió toda su vida al lado de su papá, necesitaba cambiar un poco de aire para encarar las cosas de otra manera.
Y así fue como surgió la idea del almacén, en un lugar "virgen" como lo era en su momento la nuevas 111 Viviendas del barrio Villa del Parque de nuestra ciudad. Fue allí, en Garibaldi al 2000, que decidieron buscar su lugar para empezar. 
"Es un lugar muy bueno, donde los nuevos habitantes del barrio necesitan un almacén cerca. Nosotros somos de barrio Italia, alquilamos este local, que lo abrimos a las 9 de la mañana y lo cerramos casi a las 11 de la noche. Pasamos todo el día acá", dice Maxi. 
Detrás del mostrador se asoma el pequeño Felipe, un bebé que pasa apenas el año y que usa las instalaciones como sala de juegos prácticamente: "se cría acá, estamos todo el día. Más que nuestra segunda casa, es la primera, por las horas que pasamos", dice Geo, entre risas. 

CONOCIENDO EL OFICIO
Ser almacenero era un oficio que se ejercía con compromiso hacia los clientes que llegaban con la libretita que registraba las compras adeudadas para pedirles un plazo más. Estanterías altas, que prometen crecer aún más. Los almaceneros se dispersaron y agruparon en diferentes entidades, y hoy, en Rafaela, podemos encontrarlos instalados y seguros, en cualquiera de nuestros barrios. "Mi mamá tenía un almacén cuando yo era chico, en barrio Fátima. Mi hermano se acuerda más que yo. Pero nosotros fuimos aprendiendo de a poco y hoy estamos más cancheros, por así decirlo", dice el almacenero, que desde febrero tiene su emprendimiento. 
"Al principio fue duro, comprar todo para equiparlo. Vendimos el auto para poder instalarlo. Los primeros meses fueron muy complicados, no teníamos otro ingreso más que este. Y la reposición fue otro tema que nos costó mucho, pero con el tiempo lo fuimos solucionando", expresan. 
En tanto, destacan que "el saber atender no es nada fácil. Hay que ser rápido, ágil, y tener todo a mano", dice él, pero rápidamente recibe una crítica, cariñosa, de su mujer: "a mí no me costó tanto porque soy más simpática y sociable. El es más seco, le costó más", dice entre risas. 
Hoy, ya instalados, y más tranquilos, puede empezar a disfrutar el oficio. Un oficio que fue el lugar de encuentro del vecino del barrio, ese sitio donde íbamos a intercambiar ideas, afectos, problemas y soluciones a la vida diaria. El almacén marcó la identidad de los barrios. "acá no roban eh", se suele escuchar, como para marcar la identidad del mismo. Por eso, el almacén se caracterizó por ser un lugar a donde se disfrutaba ir, en donde se respiraba un olor especial, con sabor a especias, aromas de embutidos, una serie de olores que confluían en un único y agradable olor que solo se podía apreciar en un viejo almacén.

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