El penúltimo round

Deportes 14/09/2017 Por
BOXEO
En el primer segundo del 24 de octubre de 1981 Néstor Pic anuncia desde el centro del ring: “Feliz cumpleaños, Rafaela!!!”, y el gimnasio de Quilmes estalla. La ciudad celebra el centenario. El boxeo de Rafaela es una fiesta de nombres e imágenes: Leonello relata para la radio, Beceyro comenta, Lidel Caccia apunta su “Nikkon”, José María Flores sube al ring todo de impecable blanco, Marcelito Muriel estira el asombro de su mirada novel pero ansiosa, Alfredo Charra por allí, Viano, el Quelo, Rubén Armando y sus gafas, Tito Giovannini, Hugo Villarruel, Luis Artigas, el “Nene” Barragán, Agustín Giuliani en el ring side, el “Ruso” que saluda, fuma y completa una tarjeta. Tantas cosas. Tanta gente. Tantos mundos en un sólo universo: el box, que hoy celebra por el recuerdo de Firpo.
Muchos ya no están, Otros sobreviven en los recuerdos. El arte de la defensa ha dejado en mí una huella interminable, aunque nunca tiré una piña. No conocí más que por versiones ajenas las mil y una historias del escenario de Ben Hur, aunque pisé las maderas dubitativas del gimnasio del Negro JMF, sobre calle Francia, frente al ferrocarril; he visto a Héctor Zanella en su explosión, la piña de “Martillo” que tumbó a tantas, incluido Hagler (hasta que el negro se enojó, claro). Alegrías –pocas- y tristezas –muchas-. El box es triste y valiente en el mismo tenor.
Una toalla volando es una derrota y un triunfo, pero no alegra. Nunca se sabe cuándo lo tendrá a uno como destinatario. Hemos visto el lujo, pero más la miseria: seis o siete tipos usando la misma toalla, la misma coquilla y hasta el pantalón compartido; la vuelta a casa con el bolsito y el cuerpo herido. Las luces sólo están en Las Vegas porque hasta las del Luna Park se apagaron.
No hay boxeadores cobardes. Quien se sube es un valiente, con talento o sin él, nada opaca el valor se meterse entre doce cuerdas con un tipo enfrente que va por lo mismo: el dinero o la gloria; la miseria o la derrota. Da casi lo mismo.
Feliz día, trabajadores del ring. Obreros de sueños rotos y narices chatas, como dice Príncipi. Ilusionistas del destino, como digo yo. Out!

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