CONSUMO LUEGO EXISTO

5to Comunicación 15 de septiembre de 2017 Por
Vivimos en un mundo con más gente que la que hubo nunca, en un contexto poblacional que no hace más que crecer. Tener más, siempre es mejor.

Por Cavalo Candela - Cedero Brisa - Jara Paula

Compramos productos con límite de caducidad, ya sabiendo que siempre al día siguiente va a haber una innovación mejor que vamos a "necesitar".

Compramos vestimenta, calzados, accesorios porque se viene el "cambio de temporada", "no tengo nada que ponerme", "necesito un nuevo look" o "para ir al gym".

Consumimos salud comprando productos "light" o para adelgazar y nos sometemos a operaciones estéticas.

Trabajamos horas de más para conseguir más dinero y satisfacer (inútilmente) el impulso de tener.

Como dijo Christian Ferrer, sociólogo argentino ”La época moderna decreta que es digno y dignifica, pero eso no es verdad. La máquina general industrial moderna es una máquina de destrucción de cuerpos y de anhelos.”

 Como ejemplo concreto, podemos poner en comparación a dos personas de la misma edad, género y clase social para analizar los distintos tipos de consumo.

Una de ellas recurrentemente gasta dinero en masajistas, cremas, depilación, peluquería, maquillaje, vestimenta y calzados de marca, internet, alcohol, drogas, cigarrrillos, casinos, etc.

La otra, compra libros, tiene gastos en artículos escolares, paga universidades, internet, el alquiler de un departamento, electrodomésticos, viajes, entre otras.

 Como vemos, distintas personas consumen de igual forma pero distintas cosas. Dependiendo de en qué gastamos, creamos un perfil de nosotros mismos para que así los demás tengan una imagen de nuestra personalidad incluso antes de conocernos. Para cada uno de nosotros el consumo tiene un fin claro, buscamos ser algo a lo que nunca vamos a llegar, pero la idea de que los demás nos perciban ya sea por redes sociales como al vernos, como personas realizadas, felices y exitosas nos genera tranquilidad.

 Para conseguir todas las cosas que aspiramos a tener necesitamos dinero, que conseguimos mediante el trabajo. La lógica es fácil; mientras más trabajemos, más consumimos. Se produce un círculo vicioso basado en el “más tengo, más quiero” y ahí es cuando comenzamos a vivir en una rueda de hámster dónde no nos cuestionamos nada y solo pensamos en satisfacer nuestras necesidades para ser “felices”.

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