Pedidos al santo

Editorial 11 de agosto Por
No sólo paz, pan y trabajo se pidió a San Cayetano. Pobreza y marginación el objetivo a erradicar.

La festividad de San Cayetano, que tuvimos a comienzos de esta semana, es una de las más esperadas del año, contando por lo tanto con una enorme cantidad de creyentes y devotos que depositan su fe, tanto para agradecer lo recibido como para pedir ser asistidos en el futuro. Otra vez aquí en Rafaela fue un incesante desfile de gente por el templo del barrio Amancay, asistiendo a los oficiosos religiosos ofrecidos, la procesión, como así también formando largas hileras para pasar frente a la imagen del santo para expresarle veneración y reconocimiento.
Es que este santo nacido en la italiana localidad de Vicenza en 1480 y fue ordenado sacerdote a los 36 años, es nada menos que patrono del pan y del trabajo, dos bienes que hacen a la esencia misma de las personas, combinando el alimento y la dignidad que brinda el esfuerzo del trabajo. El legado de uno de sus escritos dice "no estaré satisfecho sino hasta que vea a los cristianos acercarse al banquete celestial con sencillez de niños hambrientos y gozosos, y no llenos de miedo y falsa vergüenza". Palabras simples que constituyen toda una expresiva síntesis de hechos que trascienden a las épocas.
En ocasión de esta nueva celebración por San Cayetano no sólo se pidió y agradeció por paz, pan y trabajo, sino que también se incorporaron otros temas que hacen a la actualidad de este tiempo, verdaderos flagelos como el narcotráfico y la pobreza, que fueron centrales en el mensaje del sacerdote Alejandro Mugna en una de las misas ofrecidas esa jornada.
En el comienzo de su sermón el vicario de la Diócesis formuló algunas consideraciones sobre San Cayetano, quien "entregó toda su vida al servicio de Dios y de los hermanos en el corazón de la Iglesia, con sus luces y sus sombras, donde se aprende a amar y se hace cercano el amor de Dios", añadiendo luego "la Iglesia con sus imperfecciones muchas veces es la mano tendida al pobre, el pecador, el que se siente indigno se anima a tomar. Es la mano de Dios a los más pobres y pecadores".
La actualidad en cambio estuvo bien presente, cuando en la introducción al repaso de situaciones que nos afligen ahora y desde buen tiempo a esta parte, sostuvo "todo lo bueno que alcanzamos en la vida es provisorio", para luego pasar directamente al enfoque de la situación social, al afirmar que "si miramos la realidad de nuestras familias, hay muchas cosas que nos ponen contentos, muchas que nos preocupan y unas cuantas que nos desesperan, pero en la vida hay que seguir caminando y la fe nos permite caminar", enfatizando luego y directamente sobre el tema sobre la preocupación que existe "que en un país tan rico haya hermanos pobres y situaciones de tanta pobreza y marginación, no sólo económica sino cultural y de posibilidades. La marginación que trae el pecado instalado en la sociedad como estructura demoníaca del narcotráfico y de la corrupción, que muchas veces va desplazando la dignidad de las personas y los lleva a convertirse en un número".
Narcotráfico y corrupción, dos males que se han enquistado fuertemente en la Argentina de los últimos tiempos, convertidos en enormes flagelos de una sociedad que se ve conmovida en su estructura más sólida como es la familia.
Hace poco tiempo la Conferencia Episcopal Argentina había advertido que el país sufre por "la pobreza, la corrupción generalizada y la plaga del narcotráfico". "La gran familia de los argentinos está en riesgo y la casa que compartimos puede resquebrajarse", ahortándose además a "acompañar a las familias que viven en la pobreza", sentenciando además que "el principal de nuestros males es el desencuentro que no nos deja reconocernos como hermanos, a lo que le sigue la corrupción generalizada, la plaga del narcotráfico y el descuido del medio ambiente", concluyendo asimismo en que "no hay plena democracia sin inclusión. Hay que asegurar el derecho al trabajo, la propiedad de la tierra y un techo habitable, lo cual está muy lejos de un protagonismo economicista devastador, que impone sin ninguna ética su dominio absoluto".
El pensamiento de la Iglesia es claro y contundente sobre estos temas, que fueron centrales durante este festejo de San Cayetano, aunque la tradicionalidad haya sido sobre paz, pan y trabajo, de todos modos, estrechamente dependientes de aquellos males que nos afligen. 

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