Reclamos del campo

Editorial 10 de agosto Por
El abandono de las zonas rurales y la inseguridad, fueron puntualizados en la Expo.

El tema central abordado por el presidente de la Sociedad Rural de Rafaela, Pedro Rostagno, en ocasión del acto de la inauguración oficial de la Expo Rural nada menos que en su 110° edición -recordemos que la formación de la ciudad de Rafaela cuenta con 136 años-, contó con dos enfoques esenciales, ampliamente desarrollados. Uno de ellos, el abandona que tienen las zonas rurales a pesar de constituir uno de los eslabones productivos esenciales para la economía nacional; el otro, la inseguridad que afecta al sector agropecuario en su conjunto, también consecuencia de aquél abandono, que se extiende a todos los aspectos.
Es necesario puntualizar los dos años consecutivos, como consecuencia de las intensas precipitaciones pluviales además del agua recibida desde el sector este de la provincia de Córdoba -en este caso en lo que hace concretamente a nuestra zona del departamento Castellanos- se volvieron a registrar inundaciones que tuvieron un efecto realmente catastrófico para las explotaciones rurales, con la destrucción de caminos y terrenos que aún hoy no se encuentran recuperados a pesar del retiro del agua hace tiempo, mientras que algunos otros todavía conservan al agua casi a nivel de superficie. Se trata de una situación que viene repitiéndose cada vez con mayor periodicidad, dejando en evidencia muy clara la falta de obras, consistentes en canalizaciones, que vienen siendo postergadas desde hace décadas, y que cuando se hicieron -en parte- no estuvieron bien diseñadas y por lo tanto no significando casi ninguna clase de beneficio.
En tal sentido el titular ruralista afirmó en su mensaje "venimos de casi dos años consecutivos de sufrir inclemencias climáticas que no sólo han socavado la capacidad productiva, especialmente de los tambos, sino que puso duramente de manifiesto el abandono de las zonas rurales y las deficiencias históricas en materia de infraestructura, legislación y resolución en momentos de crisis". Una dura pero muy real descripción del momento vivido por el campo, que se extiende a lo largo del tiempo.
Planteó algunos interrogantes enfocados sobre el campo y la producción agropecuaria, siendo uno de ellos "¿quiénes con su trabajo generaron más trabajo, prosperidad y perspectiva de futuro?", para luego añadir apuntando hacia el futuro de la actividad "queremos que los jóvenes puedan vivir, trabajar y formar sus familias, contando con las mismas condiciones de infraestructura que existen en los pueblos y ciudades", constituyendo un justo reclamo del campo que viene viviendo desde hace décadas una despoblación muy importante. Justamente, esa ausencia de infraestructura y servicios como se cuentan en la ciudad es una de las razones, de la cual se dejó clara constancia.
Una descripción más que descarnada, pero real, fue la realizada por Rostagno respecto a las inundaciones y la inseguridad combinadas, cuando en su repaso puntualizó "la situación hídrica vial mostró penosamente cómo están nuestros campos, aislados por la falta de caminos y comunicaciones, con débil tendido eléctrico, olvidados merced de la inseguridad que cada día no sólo provoca hurtos y faenamientos clandestinos sino que se han transformado en robos ejercidos con violencia contra el propio poblador rural", recordando además que en CARSFE fue constituida una comisión especial de seguridad para abordar las posibles soluciones de esta grave perspectiva que asuela al campo.
Tal lo expresado, el delito en sus más diversas variantes ha llegado al campo con mucha fuerza y hace sentir el daño que provocan todos estos delitos, que no sólo están enfocados en hurtos y faenamientos, sino también en algunos episodios sumamente violentos que han llegado a la reducción de personas.
Ya en el final formuló una exhortación a los productores para unirse en los reclamos y peticiones, para lo cual están instituciones como la Sociedad Rural, donde prevalece "absoluta convicción el compromiso y la tarea común", remarcando que la participación es sumamente necesaria para "convertirse en voz y no en el eco", siendo protagonistas de los cambios y no espectadores del devenir de la historia.

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