Consumo sin reacción

Editorial 30 de julio Por
Luego de un comienzo de año entusiasta, el consumo comenzó a bajar.

A pesar de todos los intentos, consistentes en inyectar mayor cantidad de dinero circulante, el consumo no reacciona, siendo los últimos datos conocidos muy complicados, pues en casi todos los casos tienden a la baja. En el mes de mayo por ejemplo las ventas en los supermercados cayeron 2,5%, mientras que en los centros de compra -los shopping- le merma constatada fue de 4,3%, de acuerdo con datos oficiales del INDEC, los últimos difundidos sobre el tema. Que es uno e los que mayor preocupación provoca en el gobierno, dada la cercanía de las elecciones, sin que un aspecto tan esencial como la situación socioeconómica logre reactivarse. Es que aún cuando algunos indicadores parciales dan cuenta de cierto nivel de mejoría, la misma no ha llegado aún a los bolsillos de la gente, que es donde realmente tiene un efecto reactivador y positivo.
La de mayo fue el segundo mes consecutivo que el organismo hace esta medición de precios constantes, arrojando una profundización en la baja que se había registrado en abril, siendo del 1,9% en los súper y 8,9% en los shopping. Debe hacerse la salvedad que la medición y perspectiva se hace sobre la base de relevamientos en 61 supermercados de diferentes lugares del país y 37 centros comerciales ubicados en la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense.
De todos modos, existen algunas contradicciones bastante pronunciadas, por caso en las ventas de los súper que es donde están en mayoría alimentos y bebidas, productos centrales en las compras familiares, pues si bien hubo bajas en abril y mayo, en cambio si se toma el balance de los primeros 5 meses del año, de enero a mayo, las ventas totales comparadas con igual período de 2016 experimentaron una suba de 20,2%, con un total dinerario de 106.376 millones de pesos, algo que también sucedió en los grandes centros de compras, en los que se recaudaron 18.171 millones significando 13,2% más que el año pasado.
Queda claro entonces, por estas mediciones oficiales, que si bien la baja de ventas se ha ido deslizando hacia abajo en estos dos últimos meses relevados -abril y mayo-, en cambio se mantiene un balance positivo tomando el período completo desde enero en adelante. Una visión que compromete todavía más la posibilidad electoral del macrismo gobernante, que en un giro bastante cerrado debió dejar de lado la economía como estandarte para estos comicios, reduciendo en consecuencia sus posibilidades.
Es que aún habiendo incrementado los niveles distributivos -en acción social se distribuye a valores constantes más que en el anterior gobierno kirchnerista-, el consumo no reacciona pues tampoco la actividad económica lo hace de la manera integral que corresponde.
Existe es cierto, una baja importante de la inflación -aunque no en la meta esperada del 17%-, pero sí considerablemente menor que en 2016, y además ciertos brotes amarillentos comienzan a tonarse verdes, pero sin tener todavía el suficiente impacto como para lograr el efecto derrame, es decir, que lo adviertan positivamente los hogares.
Es por estas razones apuntadas que la canasta básica total, que es la que determina el índice de pobreza, en el pasado mes de junio en la ciudad de Buenos Aires tuvo un crecimiento de 0,8%, fijando el mínimo de ingresos para no ser pobre de 15.388 pesos mensuales, mientras que en cambio la canasta básica alimentaria que establece la situación de indigencia experimentó una ligera baja de 0,2%, estableciendo la suma de 7.478 pesos por mes para no caer en la misma. En ambos casos, el relevamiento está formalizado para grupos familiares integrados por dos adultos y dos menores.
En lo que va del año la canasta básica total  tuvo una suba de 12,7%, en tanto que la comparación interanual, es decir medida en igual lapso del año anterior, una suba de 21%, en tanto la alimentaria creció 10,8% en lo que va del año con 18,5% por sobre la medición de 2016.
El nivel de ventas de alimentos y bebidas, expresado en el consumo, tiene muchísimo que ver con la pobreza y la indigencia, ya que para salir de estas últimas deben indefectiblemente crecer las compras. La cierta estabilización inflacionaria impulsa esa posibilidad, pero lo que debe aparecer es que los sectores más carenciados y también las clases media y media baja comiencen a recibir mayores ingresos, pues no existe otra manera de reactivar el consumo.

Te puede interesar