AIRE LIBRE

Suplemento Aire Libre 29 de mayo de 2017 Por
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La carne de caza: justa, libre y sana según Greenpeace

La organización ecologista Greenpeace defiende la carne de caza en este texto, elaborado por Jens Lubbadeh y publicado como editorial de la edición alemana de su revista oficial. A continuación reproducimos el texto, publicado originalmente en alemán: “¿Quieres carne de animales felices? ¿Debe ser orgánica, producida regionalmente y además inocua para el clima? ¡No hay problema, come venado! Fuimos cazadores y recolectores. Si querías carne en el plato, tenías que cazar. Esto era tedioso y peligroso, pero el animal llevaba una vida en libertad. No tienes que volver a la Edad de Piedra para comer carne sin cargo de conciencia. En nuestros bosques hay todavía animales libres. Los cazadores no tienen la mejor reputación. Sin embargo, aunque los humanos casi han exterminado a los lobos, osos y linces, mantienen el crecimiento de las poblaciones de ciervos, jabalíes y demás. Sin cazadores los animales causarían demasiados daños a los árboles. Este control solo le hace bien al bosque, y sólo se realiza durante la temporada de caza. “En cada área se define un plan de caza que los cazadores tienen que cumplir”, afirma Sven Wurster, ministro del distrito de Hamburgo-Niendorf (Alemania). “A diferencia de la producción de carne convencional y orgánica, la de caza no se produce por razones económicas”, afirma Wurster. No hay carne más ecológica, más regional y más respetuosa con el clima. Todos los suidos y demás mamíferos son salvajes, así como las aves. Aquí -en Alemania- predominan los ciervos y el corzo, los jabalíes, los faisanes y los patos. La carne de caza salvaje no es sólo una ventaja ecológica, “es la carne más ética y sostenible que puedes comer”, afirma Andreas Kinser de la Fundación Alemana de Fauna Salvaje. Además, es baja en grasa, baja en calorías y rica en proteínas, y por supuesto, libre de hormonas y antibióticos. Pero el consumidor debe ser activo, normalmente no hay carne de caza en el supermercado. “La carne de caza se puede conseguir directamente del cazador o de la oficina forestal, normalmente preparada para cocinar”, asegura Torsten Reinwald de la Asociación Alemana de Cazadores. Un kilo de jabalí cuesta alrededor de diez euros, el ciervo alrededor de veinte. Esto significa que la carne de caza tiene un precio similar a la carne orgánica. Los cazadores tienen la responsabilidad de que la carne esté en condiciones. Cuando abaten una pieza deben reconocer los casos en los que la carne no sea apta para consumo; además, tienen 24 horas para llevar la carne a plantas de procesado, donde se guarda en una cadena de frío. En el caso de que haya anomalías, un veterinario controla las piezas y analiza los jabalíes ante posibles infecciones parasitarias. En 2009 se consumieron 143.000 toneladas de carne de caza doméstica, y su valor se ha mantenido relativamente constante durante años. En comparación, el consumo de cerdo es 40 veces mayor”.  


Caza menor: recordando fechas y cupos

CAZADORES Y PERROS. Aguardan la apertura de la temporada de la perdiz.

Períodos de caza: Para el pato crestón, sirirí común, sirirí pampa, desde el 1 de mayo al 31 de Julio de 2017. Para la perdiz chica común, desde el 16 de junio al 24 de julio de 2017. Sobre esta especie se podrá practicar su caza exclusivamente los días sábados, domingos y feriados. Para la cotorra, el morajú o negrucho y la liebre, se podrá practicar su caza desde el 1 de mayo al 31 de Julio de 2017. La caza de la paloma torcaza se podrá practicar desde el 3 de abril al 31 de diciembre del 2017”.
Departamentos habilitados para la caza de perdiz: “La caza de perdiz chica común solo podrá efectuarse en los departamentos San Cristóbal, 9 de Julio, General Obligado, Castellanos, San Justo, San Javier, Garay, San Jerónimo, Belgrano, Iriondo, Caseros y General López”.
Cupos permitidos: pato crestón diez (10) piezas, pato sirirí común diez (10) piezas y pato sirirí pampa cinco (5) piezas, con un máximo de doce (12) piezas en total en la sumatoria de las tres especies por cazador.
Perdiz chica común, cinco (5) piezas en total, por cazador y en transporte. Liebre podrá ser de un máximo de dos (2) piezas en total por cazador y en transporte, cualquiera sea la duración de la excursión de caza.

Relatos: pato perdido

Por Héctor Espilondo

En la jerga de los cazadores se denomina “pato perdido” al que ha sido derribado pero que no se pudo encontrar. Es algo bastante común porque el pato herido al caer lejos del cazador busca esconderse entre la maleza nadando incluso bajo la superficie donde quizás muera y al no efectuar movimientos es difícil de encontrar. Por supuesto que la utilización de un buen perro patero elimina estos inconvenientes ya que guiándose por el olfato el can los encuentra con más facilidad. En revistas especializadas y programas televisivos vemos sofisticados métodos para la caza de patos, con silbatos, señuelos artificiales y hasta refugios camuflados que se instalan en las lagunas para facilitar el tiro. Además se utilizan perros retrievers que les traen las presas a las manos sin necesidad de mojarse.
Acá, en nuestra zona, generalmente el cazador que tiene un perro perdicero no lo utiliza para el pato ya que es muy difícil que un perro cumpla muy bien con las dos funciones (aunque algunos lo hacen). Acá el cazador común tiene que meterse en la laguna con el agua y el barro hasta las rodillas y esperar en algún apostadero natural el paso de las bandadas al amanecer o cuando cae la tarde. El tiro al pato – a mi entender – es el más difícil de todos. El que dispara a una perdiz casi siempre lo hace sobre blancos que se alejan del cazador generalmente en línea recta. En cambio el tiro al pato casi siempre es de cruce lo que obliga - por la velocidad que lleva – a una corrección o adelantamiento del tiro (de hasta seis metros en algunos casos) y de difícil interpretación dado que el tiro al vuelo es un acto instintivo sobre todos sobre el pato que puede recorrer entre 18 y 27 metros en un segundo.
Con mi compañero de caza “Pichi” teníamos un amigo en común en aquellos años alrededor de los ’70 cuando hubo una gran inundación en la zona aledaña a Roca con gran cantidad de patos. Dada la proximidad íbamos muy seguido a hacer unos tiros. Nos llamaba la atención que el muchacho de referencia siempre tenía la misma historia: “¿Flaco, cuántos agarraste? – Traje 8 y perdí 12”… lo que haciendo una rápida suma nos daba que había cazado 20. Otro día: “Che… ¿y el miércoles qué tal te fue? – Bien, traje 15 y perdí 10”. Y así todas las veces. Esto nos tenía muy intrigados por eso un fin de semana decidimos investigar este raro caso de tantos patos perdidos. Fuimos juntos a cazar y nos ubicamos frente al apostadero de este cazador decididos a develar el misterio. Al poco tiempo aclaramos el asunto. Resulta que él contabilizaba como “perdido” a todo aquel pato que aparentaba ser una presa fácil y que por alguna razón le erraba. Claro, con razón tenía siempre tantos patos perdidos!.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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