Las cuatro escuelas de Belgrano

Sociales 15 de febrero de 2017 Por
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Por sus victorias de las Batallas de Salta y Tucumán, la asamblea del Año XIII, decide otorgarle a Belgrano un premio de $ 40.000 oro; una cifra que entonces correspondía al valor de 80 Kg. de oro.
Pero no era Belgrano muy afecto al dinero, por lo que resolvió, como buen patriota, destinar los expresados $ 40.000, para la donación de cuatro Escuelas públicas, de primeras letras en que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad, y a saber: las cuatro ciudades designadas fueron Tarija (Bolivia), Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero.
Belgrano aportó además un reglamento para las futuras escuelas, que proveía todo lo necesario para que se impartiese una educación adecuada, gratuita para los alumnos; un sueldo digno para sus docentes, la proporción de papel, tinta y libros para sus alumnos, entro otras cosas sostenía: el maestro es un padre de la Patria y merece en las celebraciones el sitial más destacado en el Cabildo local.
En 1818, las provincias beneficiarias hicieron un reclamo en conjunto al Director Supremo. Recién en 1823, Rivadavia les respondió insólitamente que no había podido dar con los fondos. Diez años después el gobernador de Buenos Aires, Juan Ramón Balcarce, admitió oficialmente que ese dinero formaba parte de la enorme deuda de la provincia de Buenos Aires.
En 1858, Amadeo Jacques, reflotó el tema y que en 1870, el Estado bonaerense reconoció públicamente que los fondos existían.
En 1882, los fondos belgranianos pasaron a una ingeniosa cuenta llamada "Fondos Públicos Primitivos".
La investigadora tucumana, Marta Dichiara, encontró el registro de los dineros públicos, y también las evidencias de la estafa; durante cuarenta y cinco trimestres, el Banco de los ganaderos bonaerenses había dispuesto de los recursos donados por el prócer, sin pagar un centavo de interés.
En 1949, Evita y Juan Domingo Perón, pusieron la piedra fundamental de la Escuela de Tarija, en Bolivia, pero ahí quedó por los siguientes veinte años.
La Escuela de Santiago del Estero, fue inaugurada por el gobernador Felipe Ibarra, con fondos propios, en mayo de 1882, y funcionó hasta 1926.
La provincia de Jujuy fue la que mejor cumplió con el legado belgraniano, las obras comenzaron en 1813, pero a los pocos meses debieron suspenderse ante el avance de los ejércitos españoles, que bajaban del alto Perú.
El 3 de enero de 1825, el Cabildo jujeño agradeció el gesto de Belgrano y declaró en un documento oficial: "será eterna la gratitud de las generaciones venideras, con el tiempo dará buenos padres de familia, ciudadanos a la República e ilustres defensores de la Patria". Pudo funcionar apenas tres años, debió cerrarse en 1828.
En 1998, el gobierno jujeño le adjudicó a una empresa constructora 700.000 dólares, para completar la obra, que demoró 6 años en construirse, y fue inaugurada el 7 de julio de 2004, tras apenas 191 años de la donación. Es la Escuela Nº 452 de Jujuy, en el barrio Campo Verde.
Caso curioso de la provincia de Tucumán, la más amada por Belgrano.
En 1976, el Gobernador de Tucumán quiso crear la Escuela de la Patria, se formó una comisión para cumplir con la memoria del prócer. Todavía en 1981, el predio ubicado en la calle La Rioja al 600 e inaugurado con pompa por el Gobernador, con una piedra fundamental y así quedó. La piedra ya no estuvo, y el presidente Menem, récord Guiness de promesas incumplidas, retomó el tema, encargándole al Ministerio de Educación que se construyera alguna de las escuelas soñadas por el prócer.
Con los años la Escuela se construyó, pero claro, más chica y más cara que lo previsto en el presupuesto. No se sabe qué pasó con los $ 299.033, que quedaron de diferencia entre el monto remitido y el que pagó la Provincia.
Desde luego hay un montón más de circunstancias, respecto de las cuatro Escuelas; con lo relacionado, considero suficiente que se faltó al propósito del General Belgrano. Qué distinto hubiera sido que se construyeran las cuatro escuelas, para lo cual estaban los fondos, que era lo más preciso.
Extractado de Manuel Belgrano "El hombre del Bicentenario". Incomparable obra de nuestro gran historiado don Felipe Piña.

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