Marino Marcucci: de pupilo de Brunelli a la fábrica de pianos

Información General 12 de febrero de 2011 Por
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Marino Marcucci nació en Rafaela el 8 de enero de 1921, de lo cual se desprende que acaba de cumplir sus 90 años de vida.
Hombre detallista y apasionado en todo lo que emprendió -y que se ve reflejado en lo hecho a lo largo de estas nueve décadas-, Marino cuenta con un riquísimo legado cultural que forma parte no sólo del acervo musical rafaelino, sino sin exagerar de la Argentina misma, en un género ya hoy desaparecido pero extremadamente popular hacia fines de los años 30, y que Marino supo cultivar desde su infancia más tierna en la casa de don Juan Brunelli: el germen de la «música característica».
Es que Marcucci fue alumno de Feliciano Brunelli -hijo de Juan-, creador de la «orquesta característica», una música que abarcaba todos los géneros bailables, con dos o tres acordeones, saxos, trompetas, violines, ritmo completo, flauta y varios cantores. Cuando Marino contaba con dieciséis años, Brunelli lo llevó a Buenos Aires para tocar en su orquesta -ya famosa-, donde estuvo cerca de un año y luego regresó al corazón de esta pampa "gringa" por razones familiares. De la orquesta de Brunelli mucho se ha escrito, pero someramente viene al caso recordar sus bailes y giras por todo el país, especialmente los bailes de carnaval de esa época impresionante que aún hoy se recuerdan: el Luna Park lleno, con la música de Canaro y Brunelli. Su paso estelar por las radios Stentor y Belgrano, grabando toda su música en RCA Víctor, donde llegó a ser uno de sus artistas preferidos. Brunelli también integró el "Cuarteto del 900", donde tocó con su amigo Elvino Vardaro, -Feliciano al piano-, Aníbal Troilo y el flautista Enrique Bour, para Radio Mitre.
Dice acerca de Marino Marcucci la crítica especializada "Marcucci fue un gran acordeonista y excelente profesor. Casi todos los acordeonistas de la zona estudiaron con él: Antonio Marcias, Niño Ressa, Alfonso Erni, Octavio Castellano, Domenella y muchos más fueron guiados por este gran profesor e intérprete del acordeón a piano. Marino Marcucci fue uno de los grandes propulsores en la zona de Rafaela, lugar desde donde surgieron grandes acordeonistas que luego fueron famosos en todo el país" (crítica de la revista "El Acordeón", Buenos Aires).
Por tales motivos, y en ocasión de su 90º aniversario, nada mejor que acudir a lo de Marcucci para que sea él mismo quien nos cuente recuerdos y anécdotas que considerase interesantes.

NIÑEZ EN RAFAELA
Ya en plena conversación, en su casa, Marino inició el diálogo diciendo que "en nuestra niñez, tanto mi hermano Virgilio (tres años mayor que Marino) como yo, dependíamos mucho del tío Juan Brunelli porque por la tarde, después del colegio, nos hacía ir a su taller y nos enseñó el oficio de arreglar guitarras y violines. El era un «luthier», arreglaba cualquier instrumento". Y acotó: "el tío nos llenaba de mimos y nos trató de educar lo mejor posible, nos conversaba mucho y nos daba ejemplos. Yo tenía unos ocho años, y el nos sentaba en su rodilla y nos decía cosas importantes para cuando seamos mayores: cómo debíamos enfrentar los problemas, que no había que mentir, que se debía ser derecho... cosas que uno no olvida nunca más", memoró no sin cierta nostalgia.

LA CRISIS DEL 
30 Y EL TALLER
Haciendo un pequeño salto en la línea de tiempo, nos vamos a 1932, años muy difíciles en todo el mundo occidental también conocidos como la Gran Depresión de 1929 y que duró varios años.
Debido a esto, las finanzas a Brunelli no le iban muy bien, y en 1932 dejó el taller de reparaciones, afinaciones y venta de instrumentos musicales a Virgilio Marcucci y se hicieron cargo del trabajo en el mismo. Es así que en esos meses, Marcucci compra el negocio -instalado en ese entonces en bulevar Lehmann al 700 (hoy esquina Ameghino)- y Feliciano que ya era un conocido ejecutante y director de orquesta se radicó en Buenos Aires donde triunfara ampliamente. A todo esto su padre Juan ya había fallecido.

A BUENOS AIRES
CON FELICIANO

"A Feliciano -prosigue Marino- al comienzo en Buenos Aires le va bien. Se lleva a su alumno Alcides Fertonani de aquí de Rafaela y empiezan con un dúo, más tarde un cuarteto y luego la orquesta. Cuando Feliciano vuelve a Rafaela en 1937 ya estaba triunfando en la Capital", explicó.
Continuando con su relato Marino recuerda que "un día estaba trabajando en el taller y llega Feliciano quien me dice: «- Marino, quiero que te vengas conmigo a Buenos Aires». Yo tenía dieciséis años y me quedé helado; el habló con mi mamá y arregló todo con ella. A la mañana siguiente -yo con mi valijita- salíamos para la gran ciudad".
La razón de esa propuesta, Marino la adjudica a que "los Brunelli siempre trataron de ayudarnos. Virgilio queda con el negocio en marcha y a mi trataron de hacerme un músico «de primera»; el tío Juan me había enseñado piano desde chico de oído", recordó.
Una vez en la Capital, Feliciano lo ubica a Marino en un programa de estudio y lo ejercita entre dos y cuatro horas por día en el arte del acordeón. Cuando él advierte que su alumno iba progresando, lo compromete al flautista de su orquesta -un músico sacado del Teatro Colón, Enrique Bour-, "que sabía una enormidad de teoría y solfeo, y me pone a estudiar de lleno la teoría musical porque Feliciano quería que yo «salga de primera»", evocó Marcucci.
"Es así que buscando un nuevo camino -también para mí- Feliciano va a Radio Splendid y le dice al Director artístico -que era su amigo- que le va a llevar un cuarteto nuevo «igual al que toca conmigo» y que si le gustaba podrían firmar un contrato con nosotros". Es así que se forma el cuarteto con Fertonani en primer acordeón, Marino Marcucci en segundo acordeón, y el guitarrista y el baterista de la orquesta de Brunelli. Luego de tres audiciones que gustaron mucho, el director artístico de la radio le dijo a Brunelli «- Feliciano, esto es muy lindo pero nosotros lo queremos a Ud. en persona tocando acá». A lo cual Brunelli se negó, ya que lo unía un contrato con Radio Belgrano. Fracasado este intento y sumado a algunos problemas de índole familiar, luego de un año en la gran ciudad Marino se vuelve a Rafaela.
Al llegar de nuevo a nuestra ciudad, justo se estaba organizando la Orquesta de Paludi; una típica con Mastrandrea en el piano, Paludi en el violín y otros músicos como Sismondi con el bandoneón. Es así que Virgilio Marcucci presenta a su hermano menor recién llegado al grupo, y Paludi decide invitar a Marino a sumarse para ejecutar una orquesta «doble», es decir los ritmos de esos tiempos: la típica y la característica.
"Todo este conjunto de cosas me trae como consecuencia que me empezaran a hablar alumnos para que yo les enseñara a tocar el acordeón -recuerda Marino-. Se me fueron acercando de a poco y llegué a tener treinta. Esto me permitía lucirme con el acordeón con un estilo aprendido de mi maestro Brunelli y cuando tocábamos con la orquesta en la zona era un éxito", explicó. Pero no todo fue color de rosas para Marcucci ya que después de tres años este éxito se ve interrumpido por el servicio militar: "Cuando salí no tenía ni la Orquesta, ningún alumno y me había quedado sin nada. Ahí fue cuando los consejos del tío Juan me vinieron perfectamente bien", agregó.
El tiempo que siguió fue una transición hacia la actividad que marcaría otra larga etapa de su vida: la fabricación de pianos. En el interin Marino vivió un tiempo -9 meses- en Mendoza tocando como acordeonista de un conjunto, y al regresar a Rafaela llegó el noviazgo con Norma Maine y el casamiento, fruto del cual nacería un hijo: Alberto Juan.
La actividad que marcaría esos años fue la compra y reparación de pianos usados y reconstruidos a nuevos que llevó adelante con su hermano Virgilio. En este punto conviene aclarar que en los años que Marino no estuvo en Rafaela, su hermano Virgilio siguió adelante con la casa de música legado de Brunelli, que desde entonces continuó en calle Lavalle a metros de San Martín con el nombre de "Casa Marcucci".

FABRICA DE PIANOS
Sobre el inicio de esta definitoria etapa de su vida, Marino Marcucci comentó: "Descubrimos en Rosario una fábrica de pianos de muy buena calidad y que tenía muy poca producción. Por eso con Virgilio decidimos visitarla -para ver que le pasaba- y cuando llegamos, directamente nos ofrecieron si queríamos comprarla". Y continuó: "era mucho capital el que se necesitaba y no lo teníamos, por eso les pedimos que nos esperaran un tiempo. Es así que hicimos una sociedad aquí en Rafaela con cinco amigos, y compramos la fábrica. Desde ese momento me tuve que hacer cargo de la Gerencia y quedarme a vivir en Rosario". Y recuerda Marino, "había que fabricar, vender, comprar materiales, otro tipo de negocio nuevo para mí. Todo eso me costó mucho sacrificio aprenderlo hasta que pude desenvolverme". Corría el año 1958.
La fábrica continuó con el nombre de "Fábrica de Pianos Rosario SRL" y pasado un año ya estaban produciendo diez pianos por mes -antes eran cuatro-, con el agregado de que el local les empezó a quedar chico. No obstante permanecieron allí tres años más.
Finalmente, en 1961, los socios deciden mudarla a Rafaela porque su aspiración era fabricar mayor cantidad de pianos. Es así que, mancomunadamente compran un terreno de cuatro mil metros cuadrados, y construyen el edificio propio -está ubicado en Luis Fanti 774, actualmente salón Papasquiaro-, con una superficie cubierta de mil metros cuadrados.
El nuevo establecimiento estaba en condiciones de fabricar veinte pianos mensualmente, y se llegaron a hacer hasta 18 por mes con un plantel de 54 operarios altamente especializados. Marino Marcucci -socio gerente- era además el director técnico de la fabricación y encargado de las compras, que en un producto de este tipo exigía una estricta selección de materias primas; las maderas debían ser resinosas y se importaban de Suecia y Finlandia -exclusivas de países de muy bajas temperaturas- y las únicas apropiadas para asegurar la perfecta resonancia de las cajas de los pianos. También se requería el enchapado de la India y alambres de acero especial para las cuerdas que se importaban directamente de Alemania; el casimir (paño) adecuado, el nogal de Italia, el petiribi del Brasil; en síntesis, los mismos materiales de las fábricas de pianos más importantes del mundo. Y no eran caprichos, sino que las maderas nacionales no tenían el suficiente contenido resinoso que la acústica del instrumento musical requería, elevando notoriamente los costos de fabricación.
Marcucci comentó además que cada piano consta de doce mil piezas, y que en el establecimiento rafaelino se fabricaba el 75% de ellas, incluidos los muebles totalmente terminados. En el proceso, las piezas de madera elaboradas, debían someterse a un estacionamiento de secado de al menos un año antes de su uso, y se fabricaban en series de varios miles cada vez.
"Aquí empezamos a trabajar diferente. En aquel tiempo se podía, e incorporamos una gran cantidad de aprendices", señaló Marino. Es que los pianos requerían contar con operarios, verdaderos artesanos, en la producción de un instrumento que no admite imperfecciones. Por eso era también, una verdadera escuela, de las que no había muchas en Argentina.
Los pianos llevaban las marcas "Brandt" y "Rembler" y contaban como clientes las más importantes casas de música de Buenos Aires: Casa América, Breyer, Fischer, y de otros puntos del país, siendo considerados como de primerísima calidad.
A lo largo de todo el proceso productivo -de varios años- se elaboraron unos tres mil pianos, de los cuales la venta y comercialización estuvo siempre a cargo de Marino Marcucci.
Sobre el final de la firma, Marino comentó que el elevado costo de importación de las materias primas y la facilidad con que en los años 70 ingresaron órganos eléctricos de origen oriental -que en muchos casos sustituían los pianos-, determinaron como última medida el cierre del establecimiento en 1973. En tanto que los operarios -por su alta especialización- rápidamente fueron absorbidos por otras empresas.


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