Acerca de salud

Información General 09 de febrero de 2011 Por
El intervalo del fresno

En el rostro de FJ se han anclado, desde hace mucho tiempo, más sinsabores que dichas, alegrías, sonrisas. Su mirada ya no tiene la lucidez, la energía, la pasión de sus años mejores; ahora se divide entre el cansancio, el hastío, la desidia y el agotamiento. No tendrá nunca más la ira, la cólera flagelante que lo caracterizó siempre. Ahora, sólo quedan vestigios de ese empuje que lo llevó a tantos éxitos…y tantos desengaños.
Es muy probable que el comienzo de la decadencia le haya pasado inadvertido. Ese día, al volver de su recorrido habitual al norte de la Provincia, al sur de Santiago, sintió algo que no supo explicar, que no se parecía a nada de lo que había vivido en sus casi ochenta años, la mayoría como camionero.
El camino no terminaba más, la pesadez en el pecho era como todas las penas de la vida en un instante. Tuvo que parar varias veces, con la sensación de que no llegaría, pero llegó.
Los estudios demostraron que su corazón estaba en peligro. Tenía que internarse, o …arriesgarse a lo peor: un infarto fulminante. No pudieron convencerlo. Sólo aceptó la compañía de su hija por esa noche. Tuvo suerte. Los días, los meses pasaron y una vez más, los pronósticos ominosos de los médicos que lo examinaron, no se consumaron; pero algo más acechaba en las sombras.
-Yo me voy a curar con hoja de fresno- afirmó irrefutablemente.
Esa fue su respuesta el día en que se enteró, en el consultorio del urólogo, que su próstata tenía un agrandamiento patológico, anormal. No hubo forma de convencerlo de regresar a la consulta siguiente, con los resultados de los análisis.
El intervalo del fresno incluyó la enfermedad de su mujer, las internaciones de su mujer y finalmente, luego de cirugía y quimioterapias varias, el entierro de su mujer.
Nada lo inmutó. Menos de un mes después del duelo, se lo vio bailando con una nueva pareja. ¿Habrá sido feliz? Nadie lo sabrá.
Luego de algunos desencuentros, en donde predominó su espíritu dominante, impulsivo, la relación se enfrió y sus visitas de novio debieron espaciarse, excesivamente.
Entonces, su próstata se hizo presente.
Su hijo lo encontró un día, solo, en un cuadro lamentable. El penetrante olor a orina dominaba la escena. Su viejo, su querido viejo, estaba dormitando de costado sobre un colchón empapado. No pudo lograr una respuesta coherente al llamarlo, estaba deshidratado, y en coma.
Pocas horas después, se definió el diagnóstico. Estaba en una insuficiencia renal obstructiva. La próstata, del tamaño de un pomelo grande, había obligado a la vejiga a una dilatación inconcebible. El abdomen era similar a un embarazo de 8 meses.
La evacuación era impostergable. Mediante una punción –porque el sondaje fue impracticable- se pudieron evacuar más de 3 litros en 24 horas.
Luego de la insalvable demora del PAMI, FJ fue operado. Médicamente, la conducta ha sido la adecuada; se solucionó la obstrucción, se eliminó el obstáculo. La próstata, responsable involuntaria de sus dos hijos reconocidos, ha sido anulada. Podrá volver a orinar como cualquier cristiano, después de la recuperación. Su vida está razonablemente preservada, pero en su existencia, nada ha cambiado.
Textual
Es algo divertido acerca de la vida; si rechazas aceptar cualquier cosa que no sea lo mejor, casi siempre vas a obtener lo que rechazas. W. Somerset Maugham.

Te puede interesar