Las diferencias

Notas de Opinión 12 de diciembre de 2010 Por
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La ausencia de Néstor Kirchner en el Gobierno cada vez se nota más, pues aun cuando todos los adláteres hablen de profundizar el modelo y de proponer a Cristina para los próximos cuatro años -algo que ella misma comenzó a admitir y que además cae de maduro-, muchas cosas que parecían inmodificables, han comenzado a cambiar.
Es verdad que todavía es prematuro establecer si se trata de modificaciones de fondo o sólo de maquillaje, en un escenario donde esta mezcla se hará cada vez más frecuente habida cuenta de la cercanía de una instancia comicial con elección de cargos ejecutivos, pero algunas situaciones que se vienen produciendo, permiten advertir que la rigidez que existió en todo el ciclo del Gobierno kirchnerista, ya no es la misma.
La presencia en el país de una misión del FMI para recomponer el INDEC y su dilapidada credibilidad es uno de esos pasos que hubiese sido impensado poco tiempo atrás. Recordemos que el Fondo era poco menos que el demonio en persona, hoy parece que no lo es tanto y que la recomposición de relaciones es indispensable para el afianzamiento argentino en el mundo, especialmente el que maneja las finanzas, del que no se puede estar aislado, por más que haya tenido sus serios revolcones.
Se trata sin dudas de un hecho trascendente, que va mucho más allá de su significado, pues el volver a contar con índices reales -inflación, pobreza, indigencia, crecimiento- ya no permitirá las manipulaciones que se vienen haciendo desde enero de 2007 cuando Kirchner dispuso la intervención del organismo por parte de Guillermo Moreno. Aunque, según pudo saberse, estos cambios no serán inmediatos ni mucho menos, siendo por ahora una apertura de puertas.
Pero no sólo el cambio se observa en cuestiones de fondo, como este que referimos, sino también en las de forma. Es que durante la semana, por primera vez en siete años de administración kirchnerista, al realizarse el anuncio sobre el descubrimiento de una gran reserva gasífera por parte de YPF-Repsol, compartieron la foto junto a la presidenta Cristina, sentados ahí en primera fila  y separados por muy pocas butacas líderes opositores como Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Hermes Binner, mezclándose además con Hugo Moyano, con Julio De Vido. Un avance sin precedentes, que es también una evidencia clara que la Presidenta de la nación le está imponiendo un cambio a ciertos direccionamientos de su gestión. Tal vez, aquella institucionalidad que había prometido en la campaña electoral y que después nunca pudo llevar a cabo por el fogoneo en sentido contrario que hizo su esposo, desencadenando una debacle a partir del conflicto con el campo en marzo de 2008.
Hoy, aunque recientes, muchas de esas situaciones son historia, consecuencia propia del vértigo con el cual van sucediéndose los hechos, aun cuando aparezcan siempre los que sustituyen.
Más allá de estas cuestiones, que aunque importantes y que pueden llegar a ser consolidatorias en cuanto al futuro más cercano, hoy el tema decisorio que tiene la Argentina es la inflación. Lo hemos sostenido con reiteración desde esta sección, sin intención motorizadora, sino alentando el hallazgo de soluciones. Esas mismas que hoy parecen no ir mucho más allá de una simple expresión de deseos, cuando se les desliza a las organizaciones que concentran a trabajadores y patrones para que alcancen una especie de "pacto social", tal como lo viene reclamando la Presidenta en cuanta ocasión tiene de hacerlo, pero sin hacer la convocatoria que corresponde.
Como idea es positiva, aunque la teoría es inevitable relacionarla con la práctica, que suele ser muy diferente. Nunca, en instancias inflacionarias, existen resignaciones espontáneas, sino que deben ser debidamente establecidas, y muchas veces, ni aún así se obtienen los resultados esperados, pues siempre alguno de los actores en juego quiere quedarse con la parte que el otro resigna. Un caso concreto: ya Moyano anticipó que para la disputa salarial no hay techo que valga. Mala señal para pensar en un acuerdo, aunque habrá que aguardar las siguientes movidas.
Los ajustes salariales que se vienen son el detonador, pues la absorción de los mismos debe soportarse por partes iguales, tanto de los trabajadores en sus aspiraciones, de los empresarios  para no hacer un total corrimiento a los precios, pero también, y especialmente por parte del Estado, que debe contribuir con su propio acondicionamiento, tanto en los gastos como en los ingresos, estableciendo un sistema generalizado que se ajuste a todos los factores económicos, desechando el actual sistema de entrecruzamiento de subsidios, que además de injustos es también un umbral hacia la corrupción que se puede trasponer demasiado fácil. Y si no, veamos el caso Jaime.
De todos modos, como aquí las complicaciones nunca faltan, la semana se vio teñida por lo de Villa Soldati, donde además de las necesidades de la gente, quedó en evidencia la alta probabilidad de participación de bandas encargadas de motorizar el conflicto. Lamentable por donde se lo mire. 

























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