Pianos La Primera: la historia de una gran fábrica de Pilar

Locales 27 de junio de 2012 Por
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NOTA II

Los pianos salían con la marca Burmeister y si alguna casa de comercialización lo solicitaba, en el frente le colocaban otro nombre. En su momento Casa Colombo de Rafaela también comercializaba estos pianos.
“En el país, se abastecía de instrumentos a clásicas firmas del rubro, como Canale Hnos., de Córdoba; Pianolandia, de Mendoza; Establecimiento Musical Paneli, de Bahía Blanca; Casa Soprano y Antigua Casa Núñez, de Buenos Aires; Inlawer, de Eldorado, Misiones; y Casa Alvarez, de Santa Fe, entre muchas otras”, escribía Gabriela Redero en El Litoral (2000).
No está explicitado el origen del nombre de la marca, pero se puede deslizar una hipótesis, se debería al poeta musical alemán Joaquín Burmeister que de acuerdo a Wikipedia habría nacido en 1556, quien también fue compositor y teórico de la música.

DIMENSIONES
En el libro del Centenario de Pilar (1976) observamos que: “Las principales casas de música de todo el país requieren continuamente Pianos Pilarenses… De sus plantas han salido ya 22.000 pianos, contados desde los 24 que inicialmente se fabricaban por año a los 600 que se colocan hoy (1976) en el mercado nacional como también de los que se exportan, pero cabe recordar que en épocas no muy lejanas la producción alcanzó topes de hasta 120 unidades mensuales y que el quehacer exportador iniciase en Agosto de 1969, a Suiza para después hacerlo en 1974, a Italia.”
“Su personal actual (1976) alcanza al centenar de personas y su planta fabril cubre 6290 m cuadrados. Es una de las primeras empresas pianísticas en América y entre las 15 primeras del mundo…”
El tomo 11 de Historias de la Argentina Secreta, Pilar: Un Pueblo y sus pianos (1986) hablaba de La Primera como de la primera y única fábrica de pianos del país.
En artículo del diario El Litoral (2000) se hablaba de las dimensiones de la empresa diciendo que “en sus épocas de mayor producción -entre 1961 y 1966-, la fábrica llegó a terminar casi 1.200 instrumentos por año.”
Ricardo Alcayde afirma en El Litoral (2007) que: “La fábrica de Pilar llegó a tener hasta 200 operarios para fabricar unos 1.000 pianos anuales, es decir, 5 ó 6 pianos diarios, por las ventajas que otorga la fabricación en serie.”

VAIVENES
Cirilo Bertoni cuenta que en 1969 tuvieron los primeros momentos críticos por la poca salida de pianos y pagaban menos horas. Sin embargo esto fue superado. En los 70 comenzaron a fabricar muebles también.
En la década del 80 la Fábrica comenzó a tener dificultades para vender los pianos. El testimonio de Manuel Feijoo, gerente de la empresa, en Pilar: Un Pueblo y sus pianos (1986) dejaba en claro que: “Año a año nos vamos sacrificando más en la producción, en los elementos que tenemos. En esta fábrica se hacían 110 pianos mensuales. Pero allá en el ochenta comenzamos a bajar la producción ya que no había casi ventas: la gente de la república había perdido su poder adquisitivo. Y así llegamos a esta época donde cada vez las ventas son menores. Hace ocho meses que no se vende un piano en una casa de música. Nos mantenemos con un plan de ahorro para vender el piano en cuarenta cuotas mensuales. Mientras tanto, hacemos otras cosas como taburetes, banquetas o juegos de living. Pero hemos bajado otra vez la producción de pianos, que ahora anda en los veintidós o veintitrés mensuales.”
El cambio de costumbres en la sociedad y la aparición del órgano electrónico comenzaban a tener un impacto negativo en la fabricación, venta y uso de pianos, según analizaba Norberto Proni, en el mismo tomo de Historias de la Argentina Secreta (1986).
Pero “los avatares cambiarios y el desaliento a las exportaciones practicado en los años del llamado “Proceso, causó estragos a esta y a otras industrias del país”, decía Raúl Sella, con 30 años trabajando en la Fábrica. También llegaron a fabricar guitarras y órganos eléctricos por el año 1986.

CIERRE DEFINITIVO
El cierre definitivo según nos cuenta Cirilo Bertoni fue en el año 1992, dejando en claro que “se les pagó a todos los empleados”, sólo uno le inició juicio a la fábrica.
El artículo del diario El Litoral (2000) escrito por Gabriela Redero avala el testimonio de Cirilo que dejó de funcionar en 1992 y especifica que fue en el mes de marzo. "Por mala administración -asegura Herison (Chiosso)-. Mientras estuvo la gente que la creó se cuidaron todos los detalles de la fabricación, pero después, cuando se transfirió la mayor parte de las acciones a una firma nacional -Burmeister-Lamberghini-, ellos pusieron al frente de la fábrica a gente que no conocía el tema y desmejoraron la calidad del instrumento".
“El último dueño era de Buenos Aires. Después de mantenerla un tiempo en agonía, decidió cerrar sus puertas. Hoy, aquella fábrica que representara a la Pilar espléndida yace bajo un férreo silencio pueblerino.”
Y así fue desmantelada una de las máximas glorias de la comunidad pilarense. El motivo detonante, según Cirilo Bertoni, fue la idea, a comienzo de los 90, de sustituir la producción local de pianos por otra traída de Rusia. Con una calidad sumamente inferior a la que tenían los eximios pianos de La Primera. Una “maniobra” que no tuvo el éxito esperado.
En el presente quien visite Pilar podrá observar que se conserva gran parte de la estructura donde funcionaba la fábrica y miles de testimonios dispersos de pilarenses que, todavía atónitos, recuerdan con gran nostalgia la épica de La Primera.

AGRADECIMIENTO
El inmenso agradecimiento a los desinteresados colaboradores de esta investigación, Biblioteca Popular de Pilar, Silvia, Comuna de Pilar, Mónica Garnero, Diego Valsechi, Raúl Béliz, Sociedad Italiana de Pilar, Carmen Sosa, Rubén Piertobón y otros. Especialmente a Cirilo Bertoni y su esposa Blanca Kinzel Ruatta. También al fotógrafo Juan Ferrero.

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