Carmelo con sonrisa y abrazo contento

Información General 16 de enero de 2014 Por
La autora recuerda el impulso que dio Greco para iniciar la peregrinación en la década del 70 al santuario la Virgen de los Milagros en Saguier.
Por Alcira Yacob de Chianalino. - Conocimos al padre Carmelo, en el año 1975, cuando fue profesor de catequesis de uno de nuestros hijos, en el Colegio San José. Por aquella época era el hermano marista Carmelo. Desde un primer momento hubo entre él y nuestra familia, una real corriente de amistad que se mantuvo hasta hoy, en que nos cuesta creer que ya no esté entre nosotros. Apenas integrado al colegio San José, comenzó a trabajar con los jóvenes bajo el lema de las tres D, Dios-darse-distinción, en el grupo Mallín, un grupo de formación creado por el sacerdote Aldo Pérez (salesiano), que actuaba en varias provincias.
Enterado de la existencia de una iglesia que dedicaba la veneración a la Virgen de los Milagros en la vecina localidad de Saguier, pensó realizar una peregrinación a pie hasta allí.
Así fue que con un grupo de 25 alumnos (entre los cuales estaban los mallinistas), realizó aquella que sería la primera de las 37 peregrinaciones que siguieron realizándose hasta el día de hoy, todos los primeros domingos de octubre.
Su carácter inquieto y el afán de catequizar, un día hizo que proponga a un grupo de padres de alumnos y a su vez ex alumnos, a realizar un encuentro matrimonial dirigido por un sacerdote y un matrimonio de la ciudad de Rosario. Organizó el encuentro y cinco matrimonios lo realizamos, entre ellos mi esposo y yo. A partir de allí se hicieron muchos más y nos reuníamos en una misa todos los segundos domingos de cada mes.
Pasó el tiempo, y un día monseñor Jorge Casaretto, conociendo nuestra actividad, nos oficializó como grupo del Movimiento Familiar Cristiano en Rafaela, era el año 1979. Siguió creciendo y hoy, luego de muchos años, sigue vigente.
Estas son sólo algunas de las muchas obras de Carmelo sacerdote (las que tienen que ver directamente con nuestra familia).
Pero hay otra faceta de Carmelo que quiero hacer notar, la "del amigo". Se fue de nuestra ciudad, volvió a Italia y nunca olvidó a Rafaela, y a todos los amigos que dejó aquí. Lo pudimos comprobar cuando en el año 1991, con mi esposo Clivel lo visitamos en Roma. Aquel día, era el mes de mayo, en tren viajamos desde Torino y al llegar a la estación de Roma ¡diluviaba!, y de qué manera. Pero allí estaba Carmelo, con una sonrisa y un abrazo contento de reencontrarnos. A partir de ese momento, nos acompañó a nuestro hotel y luego, en los días siguientes nos llevó a conocer algunos de los lugares mas importantes de Roma, incluyendo también un miércoles, la audiencia con el papa Juan Pablo II, en la Plaza San Pedro. Sería muy largo enumerar los lugares que nos llevó a conocer y recorrer, porque fueron muchos, esto lo hacía con todos los rafaelinos que lo visitaban.
Daba gusto ver cómo mostraba Roma como quién muestra su propia casa. Mucho más podría comentar sobre él, sólo diré que, a mi criterio, fue un ser que trascendió por su obra apostólica y social, realmente algo muy importante, algo que nunca se olvidaba.
Padre Carmelo Greco, nos honra haber sido sus amigos y rogamos a Dios por su merecido descanso junto a El.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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