La crisis Capitanich

Notas de Opinión 18 de enero de 2014 Por
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En la primera semana de enero entró en crisis el modelo de delegación de poder en el Jefe de Gabinete. Este modelo se inauguró a fines de noviembre con la reorganización del equipo de ministros y la designación del gobernador justicialista del Chaco (Capitanich) en dicho cargo. Entonces se interpretó que funcionalmente iba a ocupar el espacio que hasta marzo la Presidente no podía ocupar por sus limitaciones de salud, y que al mismo tiempo iba a conducir un giro del gobierno hacia el pragmatismo y que todo esto le iba a permitir al oficialismo crear un “presidenciable” que no tenía. Pero antes de cumplirse un mes y medio, este sistema entró en crisis al ser desautorizado el Jefe de Gabinete por el ministro de Economía (Kicillof), convertido en el vocero de la Presidenta para anunciar que ella había decidido no avalar el aumento de impuestos que el primero había anunciado públicamente horas antes. Ahora, ambos disputan para poner hombres propios en la AFIP, dado el debilitamiento político de su titular (Echegaray). Está claro que quien encarna la línea de la Presidenta es el ministro de Economía y no el Jefe de Gabinete, quien no ha logrado crecer en las encuestas pese a realizar una conferencia de prensa diaria. Kicillof se ha afianzado, pese a su fracaso en lograr dólares de China y Rusia -como lo intentó con su viaje en diciembre- y el fuerte incremento de la tasa de inflación que tiene lugar desde que él ocupa el Ministerio. La Presidenta no habla públicamente, pero ha vuelto a involucrarse en la gestión de gobierno e interviene hasta en cuestiones como el manejo de la inseguridad bonaerense.

El fuerte incremento de la inflación es la variable de la economía que más impacta en lo social y que por ello tiene mayor incidencia política y que además evidencia la velocidad del deterioro. La inflación de noviembre se acercó al 3%, la de diciembre estuvo en el 4% y la de enero sería aún mayor. En alimentos es todavía más alta. De acuerdo a la cantidad de las últimas semanas que se tome, se puede anualizar ya una inflación para 2014 entre 40 y 60%. El gobierno aparece desconcertado y la controversia sobre la frustrada importación de tomate lo ha puesto en evidencia. Pero en este marco, lo probable es que las medidas que se adopten estarán más cerca de la visión ideológica de Kicillof que de la más pragmática de Capitanich. Por uno u otro camino, el Gobierno irá hacia más y no menos controles -más allá de alguna medida puntual- y habrá más semejanzas que diferencias con el modelo venezolano. Mientras tanto, el ministro de Economía no muestra interés en acelerar el acuerdo con Repsol que semanas atrás era percibido en el empresariado como la medida más importante sobre el rumbo del gobierno, ni tampoco muestra apuro en la aproximación al Club de París. La política salarial del Gobierno de no permitir aumentos por encima del 18% se ha hecho así inviable y la puja salarial desatada por los aumentos otorgados a las policías hoy tienen una incidencia menor.

El aumento de la inflación lleva al sindicalismo al centro de la escena política. Hasta hace dos semanas, los dirigentes sindicales hablaban de aumentos del 30% para 2014. Hoy hablan de 35% y de actualizaciones trimestrales o incluso bimestrales. Marzo será un mes clave en materia de negociación salarial en un contexto de alta inflación. Los líderes de las dos centrales sindicales peronistas opositoras (Moyano y Barrionuevo) llegaron a un acuerdo político para actuar en conjunto, en un encuentro en el cual participaron gremios de la central sindical oficialista (conductores ferroviarios y autotransporte). Han convocado a un plenario de secretarios generales de todos sus gremios para el lunes 20 de enero, del cual puede surgir un plan de acción que incluya un paro general en fecha próxima. El líder de la central sindical combativa anti-K (Micheli), puede sumarse a este acuerdo sindical opositor. El sindicalismo kirchnerista teme ser desbordado y asume los mismos reclamos sindicales que los opositores. Una directiva de la Casa Rosada había inducido a los gobernadores a no cumplir los acuerdos salariales pactados como solución a las huelgas policiales, pero la mayoría de los gobernadores decidieron pagarlos, percibiendo que ello podía reabrir una crisis imprevisible. Gobernadores K como los de Chaco y Tucumán anunciaron que no pagarían el aumento, pero después se desdijeron. Hoy sólo el gobernador K de Entre Ríos (Uribarri) se niega a pagar el aumento pactado y enfrenta el riesgo de una reapertura del conflicto.

Mientras tanto la oposición realiza movimientos, pero sin convertirse en alternativa de poder. Los sondeos difundidos en los primeros días del año muestran que Massa es el más votado y a cierta distancia se ubica Scioli en el segundo lugar. El tercer lugar está en disputa entre dos no-peronistas: Binner y Macri. Capitanich se ha desgastado prematuramente y no ha logrado consolidarse. Massa se mueve con eficacia con un discurso simple y preciso, ratifica que no volverá a la estructura del PJ, políticamente suma figuras de prestigio como Lavagna y Reutemann y territorialmente a intendentes de Radicalismo y otras fuerzas. Scioli por su parte vuelve a insinuar su candidatura, ratifica que en las PASO irá dentro del PJ e impulsa los bloques de concejales “Scioli 2015”, sabiendo que competirá con un precandidato K, que si no es Capitanich será otro. El Socialismo y el Radicalismo han dado el primer paso formal hacia la articulación de un “Frente Progresista” con el encuentro de Binner, Sanz y otros en Rosario. En torno a UNEN se gesta otro eje para este espacio político, que podría competir dentro de él en las PASO o dividirlo. Por su parte Macri lanza a su Vicejefa de Gobierno (Vidal) en la provincia de Buenos Aires y sale al interior a construir o reforzar su estructura nacional.

En conclusión: la desautorización de Capitanich realizada por Cristina a través de Kicillof implica una crisis del modelo de delegación de poder en el Jefe de Gabinete; pero es el incremento de la inflación la variable de la economía que genera mayor impacto social y que puede traer consecuencias políticas; ello lleva a los sindicatos al centro de la escena y sus principales dirigentes han convocado un plenario para el 20 de enero, del cual puede surgir un plan de acción; mientras tanto, la oposición intenta articularse en varios ejes, sin llegar a presentarse como opción de poder.
Fuente: Nueva Mayoría.com

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