Murió el padre Rincón

Información General 15 de diciembre de 2011 Por
Adriano Estanislao Rincón pasó los últimos 60 años al frente del Convento de San Francisco en la capital provincial.
En la mañana de ayer murió el sacerdote Adriano Estanislao Rincón a la edad de 97 años, quien pasó los últimos 60 años de su vida al frente del Convento de San Francisco en el sur de la ciudad de Santa Fe. Sus restos son velados en el convento desde las 16 de ayer y serán sepultados hoy, según informó diario El Litoral.
El padre Rincón había nacido el 7 de mayo de 1914 en la Estancia Los Naranjos, de Potrero del Sauce, en el Valle de Calamuchita, Córdoba. Su padre, Desiderio Rincón Luján, era un modesto y progresista hacendado quien llegó a ser comisario. Su madre, Ramona del Rosario Domínguez, era la encargada de los quehaceres del hogar y de la crianza de sus nueve hijos.
En uno de los reportajes que concedió a la revista Constituyente-, Rincón confió algunos recuerdos poco conocidos de su vida. “Una enfermedad temprana de la madre decide al poco de nacer que Adriano vaya a vivir con su abuelo. Don Desiderio, se dedicaba al campo y tenía un buen pasar, según cuenta el padre Rincón. Pero posteriores crisis económicas hicieron que pasara por otras actividades, que fueron declinando la situación”, explica la publicación.
También menciona que “su niñez junto a su otro abuelo, Pedro Domínguez marcó a fuego aquel niño travieso y aventurero que robaba huevos de urraca y se bebía los vientos montado a caballo. «Mi abuelo fue mi querer, mi idolatría»", sentencia el padre, a tal punto que su muerte apura el ingreso al colegio y su mudanza a Córdoba. Es que la muerte del abuelo restaría vigencia de seguir viviendo allí donde no estaba más aquel que representaba tanto en su vida”.
Y continúa contando anécdotas: “‘Mi abuelo era muy bueno, pero debía poner límites. Entonces, de tanto en tanto había un zamarreo para ponerme en línea. Y ¿sabe lo que hacía yo? Con un rápido movimiento me desprendía del saco que llevaba puesto y, entonces, mi abuelo se quedaba con él en las manos y yo corría lejos", recuerda con una sonrisa tan pícara como seguramente la de aquel niño criado entre árboles frutales que se pintaban al sol”.
Rincón inició sus estudios primarios en su pueblo natal y los secundarios en el colegio franciscano de la ciudad de Córdoba. A los 18 años ingresó al convento franciscano de Catamarca. Luego se trasladó a Buenos Aires para completar los estudios en Filosofía y Teología.
Allí se ordenó sacerdote el 21 de diciembre de 1940 y el 6 de enero de 1941 celebró su primer oficio religioso, en su pueblo natal. Su primer destino fue el Colegio San Buenaventura, en la ciudad de Mendoza, donde dictó clases de Historia y Religión.
Luego fue enviado a la provincia de Buenos Aires donde dictó, en el colegio Moreno, clases de Historia y Literatura, y la materia de Cosmología en San Antonio de Padua. Entre 1946 y 1950 regresó a Mendoza, como director del colegio donde había cumplido su primer destino. Gracias a sus buenos oficios lograría engrosar el ingreso de los alumnos cuando regresó como director.
A mediados de 1950 también fue director del Colegio Franciscano de la localidad santafesina de Aarón Castellanos, donde fundó el Movimiento de Acción Católica y la Tercera Orden u Orden Franciscana Seglar, que es un nuevo modo de vivir el Evangelio en la cotidianeidad de la vida familiar y social.
Al tomar un relevante movimiento, los integrantes de la Acción Católica, junto con los de la Tercera Orden, el cardenal Caggiano designó al Fray Adriano Rincón al frente de la Iglesia de Aarón Castellanos. Así se convirtió en su primer párroco, cargo en el cual continuó hasta el primer bimestre de 1953. También fue superior y director del Colegio San Francisco de esa localidad.
Desde el 13 de marzo de 1953, nuestra ciudad disfrutó de un personaje que, ni bien llegado, se compenetró con su forma de vida. Su opción fue atender a los pobres y necesitados, asignándoles una inclaudicable prioridad.
Continuó ejerciendo la docencia en el Colegio Nacional y en la Escuela Industrial Superior. En 1955 fue designado guardián del Convento, funciones que ejerció en cuatro oportunidades, y director de la Escuela de San Francisco. Desempeñó los cargos de comisario nacional de la Venerable Orden Franciscana Seglar y asesor espiritual de la Tercera Orden.

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