La ansiedad por la final del Mundial no solo se palpita frente al televisor o en las conversaciones futboleras. En Rafaela, este sábado por la tarde, también se vivió alrededor de un álbum, cientos de figuritas y muchas ilusiones compartidas.
Aprovechando una jornada inusualmente agradable para esta época del año, con una temperatura benigna aunque sin sol, cientos de familias se acercaron al pie del Monumento al General San Martín, el tradicional punto de encuentro de los coleccionistas, para protagonizar una nueva jornada de canje de figuritas del Mundial.
El escenario fue el de cada fin de semana, aunque con un ingrediente especial: este domingo se disputará la gran final entre Argentina y España, el último partido del Mundial y también la despedida mundialista de Lionel Messi. Esa cercanía con el desenlace del torneo multiplicó las ganas de completar el álbum o, al menos, de avanzar unas cuantas páginas más.
Sobre el piso, en bancos o simplemente de pie, chicos y grandes repasaban una y otra vez los códigos de las figuritas. Algunos llevaban prolijas listas en cuadernos; otros, simples hojas dobladas o anotaciones en el teléfono celular. La dinámica era siempre la misma: mostrar los repetidos, preguntar qué faltaba y buscar el intercambio perfecto.
Los más chicos eran quienes llevaban la voz cantante. Concentrados en encontrar esa figurita esquiva, recorrían una y otra vez los grupos de coleccionistas.
"Me falta solo la de Messi y nadie la tiene para cambiar acá", comentó un alumno de segundo año de la Escuela Técnica "Guillermo Lehmann", mientras seguía buscando entre los álbumes abiertos. Antes de irse, agregó otro dato que reflejaba el entusiasmo compartido en su familia: "A mi hermana le faltan 21 figuritas".
Los padres también fueron protagonistas. Muchos acompañaban a sus hijos revisando cuidadosamente las listas, negociando intercambios y ayudando a identificar rápidamente cuáles eran las figuritas disponibles y cuáles seguían siendo las más difíciles de conseguir.
Las escenas se repetían en un ambiente de absoluta cordialidad. No importaba la edad: adolescentes, niños y adultos compartían el mismo objetivo y celebraban cada intercambio exitoso. Muy cerca, una gran bandera argentina flameaba impulsada por el viento, aportando un marco ideal para una tarde atravesada por la expectativa que genera la definición del Mundial.
Cada tanto, el murmullo general era interrumpido por un grito de felicidad. Era la señal de que alguien acababa de conseguir la figurita que tanto buscaba o, mejor aún, de completar el álbum. Entonces aparecían los aplausos, las sonrisas y las felicitaciones espontáneas de quienes compartían el mismo desafío.
A pocas horas del partido más esperado, el canje de figuritas volvió a demostrar que el Mundial también se juega lejos de la cancha: en las plazas, entre familias, amigos y desconocidos que, por un rato, encuentran en un simple intercambio de papel una excusa perfecta para compartir la pasión por el fútbol.