Por REDACCION
SAN PABLO, 22 (AFP-NA). - Con algunos disturbios aislados y gran expectativa por el mensaje de la presidenta Dilma Rousseff, Brasil vivió otra tensa jornada, luego de las protestas callejeras multitudinarias de los últimos días que causaron dos muertos, más de cien heridos y anoche reunieron un millón de personas en unas 80 ciudades.
El clima de inquietud se vivió incluso dentro del gobierno, con reuniones de Rousseff con sus ministros y con gobernadores; el revelado temor -luego despejado por fuentes de la Iglesia- a que las protestas afectaran la visita del papa Francisco, prevista para el mes próximo, y la evacuación de dos ministerios por falsas amenazas de bombas.
El ministro secretario general
de la Presidencia de Brasil, Gilberto Carvalho, consideró
peligroso el viernes el fuerte antipartidismo en las
multitudinarias manifestaciones del país y dijo que la prensa ha
contribuido a ese sentimiento.
Mientras tanto, la lista de víctimas fatales, abierta en la noche del jueves por un joven de 18 años atropellado intencionalmente por un automovilista particular en Ribeirao Preto, en el estado San Pablo, se amplió ayer con el fallecimiento de una barrendera de Belén, en el estado norteño Pará, que estaba internada desde el jueves por haber inhalado grandes cantidades de gas lacrimógeno.
Cientos de personas impidieron ayer por la tarde el tránsito en la autopista Presidente Dutra, la más importante del país, que une las ciudades de Rio de Janeiro y San Pablo, a la altura del municipio paulista Guarulhos. Paralelamente, imágenes tomadas desde el aire y emitidas por el canal TV Globo mostraron a una decena de jóvenes saqueando varios comercios en la zona oeste de Rio de Janeiro, a la altura de la favela (villa de emergencia) Ciudad de Dios.
Asimismo, personas que bloqueaban una ruta en Ribeirao Das Neves, en la periferia de Belo Horizonte -capital del estado Minas Gerais, vecino a Rio de Janeiro-, quemaron un colectivo.
Más temprano, amenazas anónimas de bombas obligaron a evacuar las sedes de los ministerios de Cultura y de Medio Ambiente, en Brasilia, pero pasado el mediodía, tras la revisión de los edificios por parte de la brigada de explosivos, esos organismos recuperaron la normalidad.
En ese tenso contexto, trascendió la preocupación sobre la visita del Papa, expresada por el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, en una reunión a la que estaba vedado el acceso de la prensa pero cuyas palabras fueron captadas por cámaras de televisión autorizadas a tomar imágenes. “Tenemos una serie de complicaciones y preocupaciones; lo que está ocurriendo puede tener reflejo en la Jornada” Mundial de la Juventud católica que se efectuará en Rio de Janeiro entre el 23 y el 28 de julio, con la presencia prevista de Francisco.
“Todo va a continuar de acuerdo a lo que estaba previsto, no tenemos ningún cambio que anunciar en estos momentos”, aclaró ayer por la tarde una vocera no identificada del Comité Organizador de la Jornada Mundial de la Juventud, citada por la agencia italiana de noticias ANSA.
El jueves más de un millón de personas se lanzaron a
las calles de Brasil para denunciar los gastos del Mundial de
fútbol-2014 que acogerá este país dentro de un año, criticar la
corrupción y pedir mejores servicios públicos, al cabo de dos
semanas de protestas.
Las movilizaciones estallaron la semana pasada, convocadas por el Movimiento Passe Livre (MPL), tras un aumento del valor del
transporte público, una medida ya revocada en ciudades como Sao
Paulo, Rio de Janeiro, Porto Alegre y Recife, entre otras. Pero con el correr de los días se extendieron a todo el país y a otras reivindicaciones, tales como la demanda de mayor presupuesto para la salud y la educación públicas, así como de mejor calidad de los servicios públicos, y la crítica al gasto gubernamental en la organización del mundial de fútbol del año próximo.
“El movimiento no convocará más a manifestaciones”, anunció ay el dirigente del MPL Douglas Beloni, quien criticó que se hayan mezclado en las protestas “algunas cosas de la agenda conservadora, como el rechazo a los partidos políticos o el reclamo para reducir a menos de 18 años la edad de imputabilidad penal”.
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