Por REDACCION
RIO DE JANEIRO, 21 (Por Laura Bonilla Cal, AFP-NA). - Miles y miles de brasileños se volcaron a las calles de unas 100 ciudades del país para exigir servicios públicos de calidad y denunciar los gastos del Mundial de fútbol, pese a una ola generalizada de rebajas del precio del transporte.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a su vez, canceló el viaje que tenía previsto la semana próxima a Japón debido a la convulsión social que vive el país. En Salvador de Bahía, la policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma contra manifestantes concentrados a 2 km del estadio donde jugarán a las 19h00 (22h00 GMT) Nigeria y Uruguay por la Copa Confederaciones, que les tiran piedras para intentar traspasar una barrera para aproximarse más al recinto, según periodistas de la AFP en el lugar.
Al menos un manifestante fue herido por bala de goma, y también hay un policía herido. Miles de personas gritaban "¡El gigante despertó!" y coreaban consignas contra la presidenta Dilma Rousseff, contra la homofobia y el racismo.
Miles más se concentraron en la Iglesia de la Candelaria, en el centro de Rio de Janeiro, con el plan de marchar hacia el estadio Maracaná, donde ayer se enfrentaron España y Tahití. "¿Hay mucha gente en el Maracaná? Imagina en la fila de la emergencia de un hospital público?", se lee en una pancarta.
La policía está impidiendo a usuarios del metro descender en las estaciones cercanas al Maracaná para evitar que se concentren allí manifestantes, según el diario O´Globo, y sólo dejan pasar a los que exhiben entradas para el partido. En Recife, otra sede de la Copa Confederaciones, un ensayo general para el Mundial del año próximo, más de 50.000 personas ganaron las calles, según la policía.
A medida que la multitud avanza pacíficamente por el centro de la ciudad, la gente les lanza papeles blancos desde lo alto de los edificios. Gigantescas marchas están convocadas en unas 100 ciudades y nada presagia el fin de este movimiento apolítico, que carece de liderazgos identificados.
Pero este jueves, algunos sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos -incluido el gobernante Partido de los Trabajadores (izquierda)- declararon su intención de participar en las marchas, portando sus banderas.
Las protestas, que han dejado perplejo al gobierno de izquierda de Dilma Rousseff y a la clase política en general, comenzaron exigiendo la revocación del aumento del precio del boleto de autobús, metro y tren. Pero rápidamente sumaron otros reclamos y denuncias, como los 15.000 millones de dólares de dinero de los contribuyentes destinados a la Copa Confederaciones y el Mundial 2014.
Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, educados y de clase media, expresan su indignación por el aumento del costo de vida y la mala calidad de los servicios, en momentos en que el país, mundialmente famoso por sus programas sociales que sacaron a millones de la pobreza, registra un decepcionante crecimiento económico y una inflación en alza.
También denuncian la corrupción arraigada en la política brasileña y reclaman mayores inversiones en educación, salud y seguridad. Estas son las mayores protestas en dos décadas en Brasil, un país donde la población no acostumbra salir a las calles a expresar su descontento.
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