Por Redacción
Vaslav Fómich Nijinsky, considerado uno de los mejores bailarines y coreógrafos del mundo – o acaso el mejor- de todas las épocas, nació en 1890 en Kiev, cuando la actual capital de Ucrania pertenecía al Imperio Ruso.
A los 9 años ingresó a la Escuela Imperial de Teatro de San Petersburgo y pronto se destacó por la proeza de sus saltos y su virtuosismo estético. El encuentro con el empresario Sergei Diaghilev cambió su vida. Este promovía el arte ruso en el mundo y se maravilló con el joven Vaslav: lo convirtió en su protegido, su amante y en víctima de sus caprichos; pronto lo integró a los Bellets Russes compañía que creara Diaghilev y recorrió con la misma toda Europa. Se dice que gracias a Nijinsky ocurrieron dos cosas en el ballet mundial: los hombres volvieron a bailar y además se introdujo una especial sensualidad de interpretar la danza.
Cuando la compañía inició una gira por Sud América, Diaghilev decidió no viajar ya que una gitana le había vaticinado que moriría durante la travesía. Precisamente en el barco nuestro personaje conoce a Rómula de Pulsky, una joven aristócrata polaca que integraba el cuerpo de baile. A los pocos días del arribo a Buenos Aires, se casaron en la iglesia de San Miguel Arcangel de Bartolomé Mitre y Suipacha. La compañía se alojó en el Hotel Majestic y su gente se ocupó de los preparativos de la boda. La bailarina Oblakova compró el traje de novia, el director de la orquesta y su esposa fueron los padrinos y en el civil, el traductor a su vez la ofició de testigo. La fiesta se hizo en el salón del Majestic y por supuesto asistió toda la compañía y algunos allegados al ambiente teatral. Se afirma que hasta hace no mucho tiempo, la habitación que ocupó la pareja se encontraba tal cual. El casamiento tomó estado público y la noticia apareció en todos los periódicos del mundo. Cuando Diaghilev se enteró de la “traición”, los despidió.
La esposos retornaron a Buenos Aires en 1917, pero a partir de allí se comenzó a notar en el bailarín los síntomas de una enfermedad mental grave. Rómula lo llevó a las mejores clínicas de la época, pero finalmente Nijinsky de quién se ha dicho “que su fama legendaria es única en la historia de la danza”, sin recuperarse, falleció en Londres el 8 de abril de 1950.
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