Por Antonio Fassi
¿Le agrada la reflexión? No lo piense así, esa no es la intención, simplemente la usamos como llamado de vigilancia para aquellos que usan la voz (no sólo para cantar) y que deben utilizar el aparato fonatorio cono medio de vida para ganarse el pan de cada día, y mantenerlo en condiciones claras y audibles para desempeñar una tarea acorde al uso de la voz (locutores, rematadores, dependientes de cualquier negocio donde vender sea la consigna, veterinarios, artistas de teatro). Pero sobre todo (de allí el título) el cantante. Hablar es una cosa, cantar es otra y cantar bien es mucho más!
A través de años de andar por estas vivencias armónicas, hemos encontrado muchísimos casos de buenos cantantes con hermosas voces, musicalmente maravillosas, que en plena etapa de florecimiento de sus recursos naturales, reventaron sus cuerdas vocales, sí, "reventaron sus cuerdas vocales", por no conocer (o no querer) cuidar algo que no se repone jamás. Perdidas las cuerdas, perdido el cantor.
No queremos significar con este manifiesto que no se puede cantar si no se sabe; al contrario, ojalá todo el mundo cante siempre, porque el canto es el mejor vehículo de energía que podemos elevar al infinito, es una de nuestras comuniones con el cosmos, forma audible de liberar alegrías, nostalgias, penas y glorias de nuestra alma confinada en el cuerpo físico. Pero tratándose del uso de la voz en el canto, es necesaria una preparación previa; una larga preparación previa", bajo la guía de personas profesionalmente experimentadas en el tema fonatorio y algo más. Cuerpo, mente y espíritu equilibrados son necesarios para que un buen cantante, cumpla con los preceptos del gran Atahualpa Yupanqui "el canto debe alumbrar, no deslumbrar" o una preclara declaración de Les Luthtiers: "Un músico de calidad, un compositor de éxito... una de dos".
Felizmente tanto en esta ciudad como en una vasta zona de influencia cientos de habitantes del campo y la ciudad dedican amplias horas de sus vidas al arte de cantar en coros, grupos vocales, cantantes de grupos de rock, folclore, tango, cantantes solistas, recitadores. Y en materia de instituciones (oficiales y privadas) que tratan de ayudar con el acercamiento de cantantes de alta preparación vocal y musical a través de espectáculos, charlas, disertaciones, es abundante: sólo falta que quienes trabajan vocalmente, aprovechen estas ocasiones y asistan a esas propuestas, pues valen, ¡y mucho! Y esto si ya es casi como una denuncia; me permito calificarlo como una acusación.
Muy pocos cantantes, coristas o solistas (indudablemente los más interesados) asisten a estas expresiones artísticas. Y sabemos todos muy bien que siempre vamos a aprender de los que saben. Ultimo y concreto caso real.
Natalia Carossi, cantante imitadora de pájaros, el sábado 27 se presentó en el Teatro Lasserre. El público presente rondaba las 50 personas. Musicalidad prodigiosa, técnica impecable, interpretación magnífica, dicción clarísima hasta PPP (pianíssimo). Usó para cada ave que imitaba con su propia voz cantada (no vocalizada) la colocación del sonido en distintos lugares de sus cavidades de resonancia. Ejemplos: la calandria y el zorzal en un lugar, el pirincho en otro, el carancho muy cercano al crac-crac típico al grito de esta ave carroñera.
¿Acaso no vale eso para aprender, usar y así salvar nuestras cuerdas, sin necesidad de seguir los dictados que nos imponen desde Buenos Aires y demás lugares de vil comercio musical, donde predomina el grito destemplado del cantor que no sabe hacer otra cosa que desgañitarse y vociferar cualquier obscenidad ajena al arte de elaborar vocalmente una expresiva y comunicativa melodía?
Creemos que es necesaria una media vuelta de tuerca y que quienes utilicen su voz para el canto, no pierdan ocasiones de aprender a cuidar su salud vocal, si quieren seguir cantando durante mucho tiempo.
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