Por Amado Raspo
Lo principal: en muchas casas de campo, se veía en los patios, grandes jaulas de cañas en la que se encerraba al Gladiador. Se lo preparaba para la lucha con un régimen dietético, reglamentado por leyes severas, con alimentos suculentos para fortificar su fibra muscular.
Cuando el gallo está compuesto, se lo lleva al reñidero, verdadero teatro, y en el que se exhiben, escritas sobre una gran tabla, las leyes de la guerra gallescas. Se busca un rival, al que se pesa y confronta, para igualar en lo posible a los combatientes.
La riña puede durar hasta la muerte de uno de los gladiadores, o hasta que uno de ellos cede el campo, huye por una pequeña salida del reñidero. También se considera derrotado el gallo que sangrando, bizco y tal caído de pico, canta llamando a su socorro a las gallinas de su harén. Este reclamo es muy conmovedor y hace desternillar de risa a los presentes, que lo consideran la más segura manifestación de cobardía y derrota.
Es sorprendente el entusiasmo con que los argentinos asistían a este espectáculo, interrumpido por el grito de las apuestas.
En fin, se pusieron dos gallos en presencia, uno era viejo, pelado y tuerto. Su dueño un gaucho ya entrado en años; diestro según decía para pegar en plena garganta al adversario. El otro gallo nuevito que se estrenaba. Su padre había sido célebre; le faltaba según el dueño algo de preparación. El gallito nuevo arrancó bien, tenía furia, dos o tres puazos que dirigió al viejo, que parecían firmes, pero no determinaron su victoria. El gallo viejo, chorreando sangre, se cansaba visiblemente.
Los últimos cinco minutos, el asalto duró unos veinte; fueron palpitaciones. El gallo viejo, ocultó su cabeza debajo el ala del nuevito. Las apuestas se multiplicaban en voz baja.
El combate se armó de nuevo, con mayor encarnizamiento. De repente el gallo viejo le asestó su golpe de guerra, su estocada secreta; el otro siguió peleando un ratito, pero lo ahogaba la sangre; en fin no pudo más y salió disparando. El viejo mientras tanto, victorioso, ensangrentado horroroso y soberbio, hizo sonar su canto triunfal.
Extractado de "Uno de los juegos más antiguos de campaña". El Litoral, año 2009. El artículo no tiene firma pero el relato es más que interesante.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.