Por Redacción
Acallados los retumbos de los festejos del Año Nuevo, marzo empezaba a transcurrir en Rafaela. La familia se había levantado ese día con la resignación de recomenzar la rutina laboral hasta el próximo feriado. La tranquilidad reinaba en el barrio, aunque la tranquilidad muchas veces es aparente, porque uno no sabe qué tormenta puede estar desatándose detrás de alguna puerta del vecindario. Por ejemplo, aquella mañana, fue el martes 1º de marzo de este año, en la casa de esa familia comenzaría una situación de angustia que hasta el día de hoy perdura. Como sucede cuando sentimos un fugaz dejavú, un estremecimiento inquietante empujó casi simultáneamente a todos los de la familia a preguntar por Serena.
Serena, la perrita mascota no estaba en su canastito, no estaba en el patio, no estaba en la vereda, y desde aquel día no está en la casa. Todavía la están buscando. Es frecuente ver a los de la familia, salir de a uno o de a dos, y caminar llamándola por las calles del barrio 9 de Julio. Serena tiene su ojito derecho cerrado, porque lo ha perdido en una operación quirúrgica hace bastante tiempo, es decir que es tuerta, pero no es sorda, y la familia piensa que si los escucha, ella de alguna manera tratará de responder. En esta casi locura de búsqueda en la que están empecinados, Nidia me contó que muchas veces se ilusionaron con su reencuentro.
Hubo también una ocasión en especial, en la que les dolió hondo haber percibido un gesto discriminatorio que la hizo llorar amargamente. Fue cuando le avisaron que habían sido recuperadas unas cuantas mascotas perdidas. Con el corazón en la boca fueron a buscar a su Serena, pero todos los recuperados tenían marca registrada, una era una cocker champagne, la otra una caniche toy, una waimaraner, una bóxer… y no sé cuántos pedigrís más encontré en la lista me comentó Lidia. Serena es de raza puro perro, de las buenas y nobles, pero puro perro, de esos que andan desorientados, husmeando por las esquinas intentando seguir un rumbo prometedor, y que van a parar con sus huesos quién sabe dónde, o quizás sí sabemos, pero no lo podemos evitar; y mantienen por sus amos un agradecimiento hasta el final de sus días, que los convierte en los perros más buenos del mundo.
El 29 de abril, recordamos la fecha del fallecimiento del Dr. Ignacio Lucas Albarracín, presidente sucesor de la primera Sociedad Protectora de Animales en nuestro país, y propulsor de la Ley Nacional de Protección de Animales (Nº2786) que establece la obligatoriedad de brindar protección a los animales con el fin de evitar su maltrato y su caza, por este motivo en la fecha, celebramos el Día del Animal. Ustedes se preguntarán por qué este apartado. Porque se me ocurrió que no puede haber mejor celebración, que ayudar a rescatar una mascota, devolverla a su familia humana. Para que esta historia que no es cuento tenga un final feliz, si alguno de ustedes sabe dónde puede estar Serena (esta perrita chica, pelito largo negro con manito izquierda blanca y ojito derecho ausente), o qué pudo haberle ocurrido, llame a Nidia al teléfono 430104, o si se quiere molestar y pasa cerca, lléguese hasta Avanthay 624 que es donde vive Serena, y adonde tiene que volver. Y todos seremos felices, aunque no comamos perdices.
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