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Información General Lunes 17 de Diciembre de 2012

Una argentina dice tener resuelto cambio climático

INVENTO UNA TECNOLOGIA REVOLUCIONARIA

Redacción

Por Redacción

El desafío suena entre ambicioso y descabellado: solucionar el cambio climático y ganar dinero. Hace seis años, la científica argentina Graciela Chichilnisky entendió que el mejor camino para frenar el calentamiento global era asociarlo a un negocio. ¿Cómo? Intentando darle un uso útil al dióxido de carbono (C02), cuyo exceso en la atmósfera es la principal causa del aumento de temperatura en el clima global.

Considerada una de las latinas más influyentes de Estados Unidos, según la revista Hispanic Business, Chichilnisky es hija de un reconocido neurocientífico y hermana de Tamara Di Tella.

Tras la “Noche de los Bastones Largos”, en la década del ‘60, emigró de la Argentina. La científica tiene dos antecedentes de prestigio en su carrera. Por una parte, es la creadora de los “bonos de carbono”, un sistema que ofrece incentivos económicos para las empresas que reducen las emisiones contaminantes y fue incorporado al mecanismo de “desarrollo limpio” del Protocolo de Kyoto en 1997. El de Kyoto es el único acuerdo internacional existente para intentar detener el cambio climático.

Por otro lado, veinte años antes, en 1977, la científica había creado el concepto de “necesidades básicas” con el que inició la teoría del “desarrollo sustentable”, que equilibra el crecimiento económico con el cuidado del medioambiente.


¿SOLUCION?

Ahora, después de años de ensayos en el centro de investigaciones de la Universidad de Stanford, Chichilnisky asegura haber conseguido la solución para el cambio climático.

Suelta una promesa impactante: si sus plantas para capturar el dióxido de carbono (CO2) funcionaran en todo el mundo, se podría bajar la concentración de carbono en la atmósfera, al mismo nivel que había hace 250 años, antes de la revolución industrial. Chichilnisky desarrolló una tecnología capaz de capturar CO2 en cualquier lugar del mundo a un costo de 15 a 25 dólares por tonelada.

Su proyecto está entre los once finalistas del premio medioambiental del empresario británico Richard Branson que entrega 25 millones de dólares. La firma con la que desarrolló la técnica es Global Thermostat (GT). Uno de sus socios es Edgar Bronfman Jr., una de las mayores fortunas de Estados Unidos.

La invención de Chichilnisky es presentada como revolucionaria. Si hasta ahora las máquinas capaces de capturar CO2 debían ubicarse junto a las fábricas contaminantes para poder tomar el gas de las chimeneas -lo cual encarece su posterior aprovechamiento por el costo del transporte-, la tecnología de GT sólo requiere una pequeña fuente de calor para funcionar en cualquier lado: basta con que las plantas se ubiquen donde estén sus clientes.

Los compradores pueden ser fabricantes de gaseosas, que lo usan como insumo; procesadores de alimentos, que lo emplean para refrigerar; o petroleras, que con el CO2 mejoran la productividad de sus pozos. Según Chichilnisky, las empresas pagarían por el gas entre 50 y 200 dólares la tonelada: mucho más de lo que cuesta obtenerlo.

Por lo que explica, la solución de GT sólo requiere una fuente de calor leve y no toca intereses petroleros. (Fuente: Francisco de Zárate y Javier Rodríguez Petersen / Clarín).

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