Por Hugo Borgna
“El loco de la volanta, tras los pasos del incario”, de Antonio Fassi, 82 páginas, impreso en LA OPINION, año 2011.
La pregunta es siempre la misma cuando se trata de libros escritos por viajeros audaces, mediante medios no tan seguros. En el mejor de los casos, y dicho de manera elegante es ¿Cómo será?, pero a poco que se profundiza en los datos, se descubre que son personas conocidas en el lugar, respetables y hábiles, con lo que el calificativo de “loco”, que surge espontáneamente desde un comienzo, se diluye para dar paso a la curiosidad de saber cómo, con qué medios y adónde pretende llegar.
Antonio Fassi tenía casi 29 años cuando partió, el 20 de mayo de 1971 rumbo a Cuzco y el 17 de diciembre del mismo año estuvo de regreso en el patio de la casa natal. Al decirlo así parece que todo fue fácil y placentero, pero ocurrieron hechos previsibles y también los inesperados, todo ello contado en forma ágil y detallada, con buen dominio del idioma y de los tiempos del relato.
De su lectura surge no sólo el valor necesario para una empresa difícil, sino la personalidad profunda del viajero, quien reflexiona acerca de los hechos que le toca vivir, valorizando con sus opiniones un texto de por sí interesante.
El relato es lineal, como corresponde a todo libro de viaje y responde a todo lo que el lector preguntaría al viajero, si estuviera en su presencia. Cuenta además con fotografías que completan el panorama del interés del lector. “El loco de la volanta” es, en definitiva, un canto a la libertad y a la alta valoración de lo espiritual que se pone por sobre todo lo demás en un único y especial momento de la vida.
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