Por Redacción
Por Patricia M. Curto. - Perdida, sola y sin hogar deambulaba triste y preocupada una perrita de la calle... Nadie lo notó pero estaba preñada. La gente del barrio la ignoraba y el hambre era cada vez mayor, adentro de ella se estaba gestando la vida, el milagro de la vida que crece sin pedir permiso y que sólo con ayuda podía llegar a un final feliz.
Y fue un día de llovizna y frío que una familia sintió la necesidad de acoger a aquel animal desamparado para que pueda parir con dignidad sus cachorros en un lugar lleno de calidez y amor.
Con esfuerzo y sin saber nada sobre el tema estas personas decidieron regalar este gesto de humanidad a un pequeño ser que siente y se comunica con miradas, ladridos y lamidas cariñosas.
¡18 cachorros nacieron luego de varias largas horas! Y aquí recién comenzaba la gran tarea de cuidarlos, ayudarlos a crecer y encontrar luego para cada uno un buen hogar...
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Cómo es la vida y cómo pasan las cosas... Este gesto de sensibilidad y amor me lleva a pensar en cuántas cosas buenas podemos hacer los seres humanos por todo lo que nos rodea y qué maravilloso es aprender a apreciar la vida en todas sus manifestaciones.
Agradezco a la familia Giusta por haber cuidado a esta perra y a sus cachorros, a ARPA y a Asociación Civil "El Amparo" que aportaron lo necesario para que no les falte nada, porque gracias a este gesto hoy tenemos en mi hogar a "Azul" nuestra pequeña cachorra que salvaron de la muerte, del abandono y que trajo tanta alegría a nuestra familia. ¡Gracias de corazón! ¡Dios los bendiga!
¡Ojalá todos podamos imitarlos con gestos como estos!
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