Por Redacción
Se hace difícil encontrar adjetivos para contar lo vivido en ese concierto sin caer en lugares comunes como: impresionante, increíble, grandioso, fantástico, magnífico... Pero realmente fue así y mucho más aún. La sensación de haber sido parte de este segundo concierto de la banda irlandesa va a ser imborrable en mi memoria, al igual que en el segundo show de 2006, en River.
Es que el espectáculo sonoro y visual que ofrecen no se compara con ningún otro, empezando por el escenario en 360º, lo que permitió la visión desde todos los puntos del estadio, con una pasarela y dos escaleras giratorias que hacían posible el acercamiento de los artistas al público, siguiendo por la pantalla gigante que subía y bajaba y que por momentos digitalizaba a los músicos o proyectaba imágenes cual video clip de las canciones interpretadas pudiéndose ver y escuchar, entre otros a Nelson Mandela. Qué decir de las luces, esa garra imponente que cambiaba continuamente de colores y nos transportaba por diferentes grados de éxtasis. El sonido, impecable, poderoso, imponente, ensordecedor, como no podía ser de otra manera, tal la magnitud de los artistas y la puesta en escena de tamaña presentación.
Durante las más de dos horas de show estuve y estuvimos maravillados, encandilados, sorprendidos, encantados. Creo que por momentos, los ojos no alcanzaban a ver todo lo que se mostraba. Sin dudas, no alcanza una sola vez, pero en este caso, que sí fue una sola vez, vale recomendarlo para otra futura -ojalá así sea- visita a nuestro país.
Bono, el líder del grupo, fue un argentino más, a tal punto que en cada una de sus tres presentaciones, todas diferentes, nos sorprendió con homenajes hacia nuestros músicos realmente emotivos e impactantes, y hasta las lágrimas en muchos casos. El "petisito" ídolo de los anteojos de sol y de cuero negro se acordó de Gustavo Cerati en las primeras dos noches ("De música ligera" sonó segundos antes del comienzo del segundo concierto) y homenajear a Mercedes Sosa luego (Bono hizo subir una fan para ayudarlo a canturrear "Gracias a la Vida", de Violeta Parra) fue algo indescriptible. También el cantante habló del mate, y desde la impresionante pantalla circular de LEDs, que subía y bajaba, se seguían de cerca las noticias y las proclamas que irradia la gira: imágenes de la guerra en Libia; la líder birmana Suu Kyi, premio Nobel de la Paz y liberada por la dictadura militar de su país el año último, tras un arresto que duró dos décadas; el reverendo sudafricano Desmond Tutu, también Nobel de la Paz y cara visible de la lucha contra el apartheid, quien desde el cielo del escenario nos habla sobre las vidas de niños africanos que se salvaron en los últimos años, "niños que llegarán a ser médicos" -en palabras de Tutu- o a cumplir el sueño que abracen. "Dios hará que el viento sople a nuestro favor", concluye el líder sudafricano, dando pie así a "One" -el himno de U2-: "Somos uno, pero no somos lo mismo".
Ser una de las 70.000 almas que formamos parte del público esa noche del sábado 2 de abril, y vivimos, sentimos e hicimos propias cada una de las emociones que nos fueron transmitidas por U2 es algo único e irrepetible, donde la adrenalina brotaba por cada poro de la piel. Tal vez se me permita hacer propio el título de una de sus canciones del último Cd para resumir mi experiencia, sencillamente y con una sola palabra: "Magnificent", o mejor dicho, "Magnífico".
180.000
La tercera visita de U2 a la Argentina dejó como saldo una convocatoria total de unas 180 mil personas en las tres noches que tocó, un homenaje al rock nacional que rindió la banda irlandesa y el debut del estadio Unico de la ciudad de La Plata como escenario de megaconciertos. Los europeos cerraron el domingo sus presentaciones en la Argentina con otro espectacular show donde desplegaron un repertorio de temas colmados de hits, con una imponente puesta en escena. Una de las particularidades que tuvieron las actuaciones de U2 fue el homenaje al rock nacional con la mención de Bono hacia el músico Gustavo Cerati, y la participación de León Gieco, en el último concierto, que hicieron vivir momentos de suma emoción cuando interpretaron arriba del escenario su clásico tema "Sólo le pido a Dios" acompañado por el cuarteto irlandés.
Un párrafo aparte para la organización y el operativo de seguridad, que estuvo a la altura de las circunstancias. Más de 600 policías realizaron un eficiente cuidado de todos los aspectos, casi 1.000 personas se encargaron de la parte de control y unas 1.500 armaron y desarmaron "la garra". Esta gira sudamericana se inició en Chile, pasó por Argentina, se irá ahora a San Pablo y luego a México. "No line on the horizon" se llama "360º Tour", comenzó el 30 de junio de 2009 en el Camp Nou de Barcelona, y ya pasó por 14 ciudades de Europa, Estados Unidos y Canadá.
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